QUINTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO
PAN PARA EL HAMBRIENTO
Otras Celebraciones para este Día:
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
A los que no son orgullosos
ni engreídos,
tú te revelas como el dador
de todo lo bueno.
Haznos anhelar tu justicia, tu paz
y todas las cosas consistentes,
que permanecen.
Danos una comida copiosa
de tu Palabra y de tu Vida
por medio de aquel que es nuestro Pan de Vida,
Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.
Primera Lectura
La primera lectura describe los esfuerzos del rey Jeroboán por reforzar la separación política de las tribus del norte de Israel añadiendo una separación religiosa.
En aquellos días, Jeroboam, rey de Israel, pensaba para sus adentros: "El reino todavía puede volver a la casa de David. Si el pueblo sigue yendo a Jerusalén a ofrecer sacrificios en el templo del Señor, acabará por ponerse de parte de Roboam, rey de Judá, y a mí me matarán".
Por lo tanto, después de consultarlo, Jeroboam mandó hacer dos becerros de oro y le dijo al pueblo: "Ya no tienen para qué ir a Jerusalén, porque aquí tienes, Israel, a tu Dios, el que te sacó de Egipto". Él colocó uno de los becerros en Betel, mientras el pueblo iba con el otro a la ciudad de Dan.
Además mandó construir templos en la cima de los montes y puso de sacerdotes a hombres del pueblo, que no pertenecían a la tribu de Leví. Instituyó una fiesta el día quince del octavo mes, parecida a la que se celebraba en Judá. Él mismo subió al altar en Betel para ofrecer sacrificios a los becerros que había mandado hacer; y ahí, en Betel, designó a los sacerdotes para los templos que había construido.
Jeroboam no cambió su mala conducta y siguió nombrando a gente común y corriente para que fueran sacerdotes de los templos que había construido en la cima de los montes; consagraba como sacerdote a todo aquel que lo deseaba. Éste fue el pecado que causó la destrucción y el exterminio de la dinastía de Jeroboam.
Salmo Responsorial
R. (4a) Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.
Hemos pecado igual que nuestros padres,
cometimos maldades e injusticias.
Allá en Egipto, nuestros padres,
no entendieron, Señor, tus maravillas.
R. Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.
En el Horeb hicieron un becerro,
un ídolo de oro, y lo adoraron.
Cambiaron al Dios que era su gloria
por la imagen de un buey que come pasto.
R. Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.
Se olvidaron del Dios que los salvó,
y que hizo portentos en Egipto,
en la tierra de Cam, mil maravillas,
y en las aguas del mar Rojo, sus prodigios.
R. Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre,
sino también de toda palabra
que sale de la boca de Dios.
R. Aleluya.
Evangelio
Jesús reúne a la gente y les da de comer cuando están hambrientos, como signo de su misericordia. Del banquete de su amor, del alimento eucarístico, debemos alimentar nuestros esfuerzos por la unidad, la paz y la justicia.
En aquellos días, vio Jesús que lo seguía mucha gente y no tenían qué comer. Entonces llamó a sus discípulos y les dijo: "Me da lástima esta gente: ya llevan tres días conmigo y no tienen qué comer. Si los mando a sus casas en ayunas, se van a desmayar en el camino. Además, algunos han venido de lejos".
Sus discípulos le respondieron: "¿Y dónde se puede conseguir pan, aquí en despoblado, para que coma esta gente?" Él les preguntó: "¿Cuántos panes tienen?" Ellos le contestaron: "Siete".
Jesús mandó a la gente que se sentara en el suelo; tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y se los fue dando a sus discípulos, para que los distribuyeran. Y ellos los fueron distribuyendo entre la gente.
Tenían, además, unos cuantos pescados. Jesús los bendijo también y mandó que los distribuyeran. La gente comió hasta quedar satisfecha, y todavía se recogieron siete canastos de sobras. Eran unos cuatro mil. Jesús los despidió y luego se embarcó con sus discípulos y llegó a la región de Dalmanuta.
Oración de los Fieles
– Por las agencias de ayuda internacional, por los gobiernos de las naciones y por la Organización de Naciones Unidas. Para que usen todas las capacidades y todos los recursos de la naturaleza en pos de un desarrollo sustentable de la madre tierra que provea alimento a los millones de hambrientos de nuestro injusto planeta, roguemos al Señor.
– Por todas las comunidades cristianas. Para que no abandonen a nadie en necesidad y para que nosotros nos sirvamos generosamente unos a otros, roguemos al Señor.
– Por esta nuestra comunidad, reunida aquí para partir y compartir el pan del Señor. Para que el Espíritu Santo nos haga signos vivientes de la generosidad y el amor de Dios, ante todo con los más necesitados, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro generoso:
En estos sencillos dones de pan y vino,
–comida y bebida frugal y diaria–,
tú ves con agrado que Jesús, tu Hijo,
se entregue a sí mismo a nosotros
como Pan de Vida y bebida de salvación.
Que, por la fuerza de este Pan de la Eucaristía,
seamos todos, los unos para los otros,
pan sabroso todavía caliente,
partido y compartido
para alimentarnos mutuamente con amor
en nuestro viaje hacia ti.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Te damos gracias, Padre generoso,
por habernos dado a Jesús, tu Hijo,
como nuestro alimento para el camino
que nos lleva hacia ti y hacia los hermanos.
Danos determinación y creatividad
para llevar a un mundo hambriento
alimento suficiente y una participación
más justa y equitativa
de los bienes de la tierra.
Pero ayúdanos también a partir el pan
de la dignidad humana y de la esperanza para todos.
Y sé tú mismo para nosotros
el más pleno cumplimiento
de todas nuestras aspiraciones,
por Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Cuando rezamos el Padre Nuestro, le pedimos al Señor que nos dé nuestro pan de cada día. Eso se refiere no sólo a la comida o alimento de cada día, y a la eucaristía, sino también a todo lo material que necesitamos día a día para vivir con humano y razonable bienestar. Que el Señor nos lo otorgue siempre con generosidad. y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
