QUINTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO JUEVES

MÁS QUE MIGAJAS

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Oh Padre de todos:
Hace mucho tiempo elegiste al pueblo de Israel
para dar a conocer tu nombre a todas las naciones.
Tu Hijo Jesucristo nos dejó claro
que perdón y vida son parte muy esencial 
de todos los que creen en él.
Señor, haz realmente a tu Iglesia lugar de encuentro
para todos los que te buscan, aunque sea a tientas,
para que todos los obstáculos y barreras se eliminen
y para que las riquezas de todas las naciones y culturas
revelen los mil rostros del amor que tú nos manifiestas
en Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

Re 11,4-13

Elegido por Dios, constructor del Templo, dotado de sabiduría, en la cima del poder y de las riquezas, Salomón abandonó a Dios y a su pacto. El escritor sagrado parece preguntarse cómo un hombre tan grande pudo caer tan bajo. La gracia de Dios, si no se usa, no da seguridad.

Cuando el rey Salomón envejeció, sus mujeres le desviaron el corazón hacia otros dioses; su corazón ya no perteneció por entero al Señor, como el de David, su padre. Salomón dio culto a Astarté, diosa de los fenicios, y a Molok, el abominable ídolo de los amonitas. Hizo lo que el Señor reprueba; no se mantuvo plenamente fiel al Señor, como David, su padre.

Sobre el monte que está frente a Jerusalén construyó un altar a Kemós, ídolo de Moab, y otro a Molok, ídolo de los amonitas. Y también mandó construir altares para que sus mujeres extranjeras pudieran quemar incienso y ofrecer sacrificios a sus dioses.

Esto irritó al Señor, porque Salomón había desviado su corazón del Señor, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces y le había prohibido precisamente dar culto a otros dioses. Pero Salomón no lo obedeció.

Entonces el Señor le dijo: "Porque te has portado así conmigo y has sido infiel a mi alianza y a los mandamientos que te di, te voy a arrebatar el reino y se lo voy a dar a un siervo tuyo. Sin embargo, por consideración a David, tu padre, no lo haré durante tu vida, sino en vida de tu hijo. Pero no le voy a quitar todo el reino. Por amor a mi siervo, David, y a Jerusalén, mi ciudad predilecta, le dejaré a tu hijo una tribu".

Salmo Responsorial

Salmo 105, 3-4. 35-36. 37 y 40

R. (4) Por tu pueblo, Señor, acuérdate de mí.
Dichosos los que cumplen la ley
y obran siempre conforme a la justicia.
Por el amor que tienes a tu pueblo,
acuérdate de nosotros, Señor, y sálvanos.
R. Por tu pueblo, Señor, acuérdate de mí.
Nuestros padres se unieron con paganos
y aprendieron sus prácticas;
dieron culto a los ídolos
y éstos fueron para ellos como una trampa.
R. Por tu pueblo, Señor, acuérdate de mí.
Entonces entregaron hijos e hijas
en sacrificio a los demonios,
y el Señor se renegó de su pueblo
y estalló su enojo.
R. Por tu pueblo, Señor, acuérdate de mí.

Aclamación antes del Evangelio

Santiago 1, 21

R. Aleluya, aleluya.
Acepten dócilmente la palabra
que ha sido sembrada en ustedes
y es capaz de salvarlos.
R. Aleluya.

Oración de los Fieles

–      Para que en la Iglesia universal haya espacio para las riquezas culturales de diferentes pueblos y para la manifestación de la misma fe en una variedad de lenguas y formas de expresión, roguemos al Señor.
–      Para que sepamos abrir nuestros hogares y nuestros corazones a los que consideramos diferentes, y que hagamos todo lo posible para integrarlos en la comunidad, roguemos al Señor.
–      Para que nos esforcemos por ser comunidades en salida, que vayan al encuentro de quienes más nos necesitan sin excepción, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú preparas la mesa de tu Hijo
para todos los que quieran venir al banquete:
para pobres y ricos, 
para santos y pecadores. 
Queremos aprender de tu Hijo Jesucristo
a dar a todos los que piden alimento o amor,
no escasas migajas o sobras del banquete,
sino a nosotros mismos como alimento.
como Cristo hace aquí por nosotros,
él que es Hijo tuyo y Señor nuestro
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
En esta eucaristía 
hemos sido, y nos hemos sentido, todos uno
en Jesucristo tu Hijo. 
Él murió y resucitó a una nueva vida por todos;
su semejanza se refleja en el rostro de cada ser humano.
Ojalá fuera visible y palpable en todos.
Que su rostro no se desfigure ni se rompa
por nuestros prejuicios y temores; 
no permitas que tu amor se achique
o sea menos que universal.
A todos nosotros haznos uno en él,
que es nuestro camino común 
hacia ti y hacia los hermanos,
Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Que haya espacio en esta nuestra casa, es decir, en nuestras comunidades cristianas, para todos sin excepción. Que salgamos al encuentro de cuantos nos necesitan. 
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

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