QUINTA SEMANA DE CUARESMA SÁBADO

Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I

Introducción

REUNIENDO LO QUE ESTÁ DISPERSO;

 

Oración Colecta

Señor Dios, creador y Padre de todos:
Tus hijos e hijas
están todavía dispersos y divididos:
Cristianos y no-cristianos,
sectas e iglesias diversas,
pretendiendo tener
los derechos exclusivos sobre tu Hijo,
y cada una de ellas llena incluso con facciones internas…
Señor, haznos soñar de nuevo el sueño
que sólo tú puedes hacer posible:
y es que todos podemos ser uno
si creemos en Jesús y lo seguimos a él,
que murió para unir todo lo que está disperso.
Por Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

Ezequiel 37, 21-28

Los haré un solo pueblo

Durante el tiempo de la prueba purificadora del exilio, el profeta Ezequiel predica el sueño utópico de Dios: Israel se reunirá de nuevo como un solo pueblo: una nación, una tierra, un santuario, regidos todos por un solo pastor y rey-servido, bajo el poder de un Dios en una única Alianza de paz. Hoy somos todavía tribus dispersas y divididas, dentro y fuera de la Iglesia. ¿Es la unidad para nosotros una utopía o una firme esperanza? ¿Nos damos cuenta de que la unidad se puede alcanzar solamente con respeto, amor y sacrificio?

Esto dice el Señor Dios: “Voy a recoger de las naciones a donde emigraron, a todos los israelitas; de todas partes los congregaré para llevarlos a su tierra. Haré de ellos un solo pueblo en mi tierra, en los montes de Israel; habrá un solo rey para todos ellos y nunca más volverán a ser dos naciones, ni a dividirse en dos reinos.

Ya no volverán a mancharse con sus ídolos, sus abominaciones y con todas sus iniquidades; yo los salvaré de las infidelidades que cometieron y los purificaré; ellos van a ser mi pueblo y yo voy a ser su Dios.

Mi siervo David será su rey y todos ellos no tendrán más que un pastor; cumplirán mis mandamientos y pondrán por obra mis preceptos. Habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob y en la que habitaron los padres de ustedes, y ahí vivirán para siempre ellos, sus hijos y sus nietos; mi siervo David será su rey para siempre.

Voy a hacer con ellos una alianza eterna de paz. Los asentaré, los haré crecer y pondré mi santuario entre ellos para siempre. En medio de ellos estará mi templo: yo voy a ser su Dios y ellos van a ser mi pueblo.

Las naciones sabrán que yo soy el Señor que santifica a Israel, cuando vean mi santuario en medio de ellos para siempre’’.

Salmo Responsorial

Jeremías 31, 10. 11-12ab. 13

R. (cf 10d) El Señor cuidará a su pueblo como un pastor a su rebaño.
Escuchen, pueblos, la palabra del Señor,
anúncienla aun en las islas más remotas:
“El que dispersó a Israel lo reunirá
y lo cuidará como un pastor a su rebaño”.
R. El Señor cuidará a su pueblo como un pastor a su rebaño.
Porque el Señor redimió a Jacob,
Y lo rescató de las manos del poderoso.
Ellos vendrán para aclamarlo al monte Sión
y vendrán a gozar de los bienes del Señor.
R. El Señor cuidará a su pueblo como un pastor a su rebaño.
Entonces se alegrarán las jóvenes, danzando,
se sentirán felices jóvenes y viejos,
porque yo convertiré su tristeza en alegría,
los llenaré de gozo y aliviaré sus penas.
R. El Señor cuidará a su pueblo como un pastor a su rebaño.

Aclamación antes del Evangelio

Ezequiel 18, 31

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Purifíquense de todas sus iniquidades;
renueven su corazón y su espíritu, dice el Señor.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio

Juan 11, 45-56

Reunirá a los hijos de Dios

Después de la resurrección de Lázaro, el cínico Sumo Sacerdote y otros líderes religiosos deciden condenar al molesto alborotador, Jesús, por razones oportunistas de Estado. Pero Juan, y los cristianos con él, se percatan de que la muerte de Jesús, en beneficio de todos, finalmente nos unificará a todos en su reino.

En aquel tiempo, muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver que Jesús había resucitado a Lázaro, creyeron en él. Pero algunos de entre ellos fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.

Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron al sanedrín y decían: “¿Qué será bueno hacer? Ese hombre está haciendo muchos prodigios. Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en él, van a venir los romanos y destruirán nuestro templo y nuestra nación”.

Pero uno de ellos, llamado Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: “Ustedes no saben nada. No comprenden que conviene que un solo hombre muera por el pueblo y no que toda la nación perezca”. Sin embargo, esto no lo dijo por sí mismo, sino que, siendo sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación, y no sólo por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios, que estaban dispersos. Por lo tanto, desde aquel día tomaron la decisión de matarlo.

Por esta razón, Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la ciudad de Efraín, en la región contigua al desierto y allí se quedó con sus discípulos.

Se acercaba la Pascua de los judíos y muchos de las regiones circunvecinas llegaron a Jerusalén antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús en el templo y se decían unos a otros: “¿Qué pasará? ¿No irá a venir para la fiesta?”

Oración de los Fieles

Señor Dios, que nos aseguraste “Permanezcan en mi amor y darán fruto en abundancia”, te oramos por la unidad de todas las iglesias cristianas y la comunión de todos los hombres de buena voluntad en la búsqueda de paz y de justicia. Por eso te pedimos: R/Que seamos uno para que el mundo crea.
Para que nuestro mundo llegue a ser uno, buscando la paz para todos, con acceso de todas las naciones a los bienes de nuestro mundo, y con respeto y comprensión para todos y cada uno de los pueblos de la tierra, roguemos al Señor.
Para que la muerte y resurrección de Jesús, el Señor, reúna eficazmente, para que vivan juntas, a las Iglesias dispersas y divididas, roguemos al Señor.
Que nuestras comunidades cristianas encuentren la unidad en la oración, en el compartir y en el servicio mutuo, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas

Señor Dios nuestro:
Tú nos has convocado a todos juntos
a la mesa de tu Hijo.
Únenos a todos en él;
haz que seamos una sola mente y un solo corazón,
para que podamos ser,
para un mundo dividido,
un signo de que la unidad es posible
cuando nos podemos encontrar en Cristo Jesús,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión

Señor, Dios y Padre nuestro:
Tú quieres que lleguemos a ser uno
bajo la inspiración de Cristo,
nuestro siervo y pastor.
Te pedimos que aprendamos de él
a ser servidores de amor y de verdad
y a sacrificar nuestros intereses exclusivistas
en beneficio del bien de todos.
Que bajo la guía de tu Hijo,
nosotros seamos de verdad tu pueblo
y tú nuestro Dios,
por los siglos de los siglos.

Bendición

Hermanos: ¡Qué lejos estamos todavía del ideal de ser “una sola mente y un solo corazón” en nuestro mundo, en nuestras iglesias, en nuestras comunidades cristianas! Que el Señor nos reúna a todos, a sus hijos divididos y dispersos. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

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