QUINTA SEMANA DE CUARESMA JUEVES
Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
FE EN LA PALABRA DE DIOS – ALIANZA
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Por tu Hijo Jesucristo,
tú nos has dado un nombre nuevo,
el nombre de tu mismo Hijo:
por eso nos llamamos ahora “cristianos”.
Haz que sepamos vivir según este nuevo nombre
hasta llegar felizmente a nuestro nuevo destino,
que es ser hombres y mujeres “para-los-demás”,
que sirvamos y nos entreguemos totalmente a los otros
juntamente con Jesús, Hijo tuyo y Señor nuestro,
por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
Serás padre de pueblos
Abrahán tenía fundados motivos para no creer que era la voz de Dios la que le hablaba y le proponía un imposible. Pero creyó. Y su fe no solo cambió su propio destino en su hijo Isaac: lo hizo Padre de todos los creyentes, de un Pueblo más numeroso que las estrellas del cielo…
Cuando Dios se le apareció, Abram se postró con el rostro en el suelo y Dios le dijo:
“Aquí estoy. Ésta es la alianza que hago contigo: Serás padre de una multitud de pueblos. Ya no te llamarás Abram, sino Abraham, porque te he constituido como padre de muchas naciones.
Te haré fecundo sobremanera; de ti surgirán naciones y de ti nacerán reyes. Contigo y con tus descendientes, de generación en generación, establezco una alianza perpetua para ser el Dios tuyo y de tus descendientes. A ti y a tus descendientes les daré en posesión perpetua toda la tierra de Canaán, en la que ahora vives como extranjero; y yo seré el Dios de ustedes’’.
Después le dijo Dios a Abraham: “Cumple, pues, mi alianza, tú y tu posteridad, de generación en generación”.
Salmo Responsorial
R. (8a) El Señor nunca olvida sus promesas.
Recurran al Señor y a su poder,
búsquenlo sin descanso.
Recuerdan los prodigios que él ha hecho,
sus portentos y oráculos.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Descendientes de Abrahán, su servidor,
estirpe de Jacob, su predilecto,
escuchen: el Señor es nuestro Dios,
y gobiernan la tierra sus decretos.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Ni aunque transcurran mil generaciones,
se olvidará el Señor de sus promesas,
de la alianza pactada con Abraham,
del juramento a Isaac, que un día le hiciera.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice:
“No endurezcan su corazón”.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
Abrahán gozaba pensando ver mi día
El evangelio de Juan nos muestra a un Jesús que expone con firmeza que es el Hijo de Dios y que en él se cumple la promesa del Antiguo Testamento.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo les aseguro: el que es fiel a mis palabras no morirá para siempre”.
Los judíos le dijeron: “Ahora ya no nos cabe duda de que estás endemoniado. Porque Abraham murió y los profetas también murieron, y tú dices: ‘El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre’. ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?”
Contestó Jesús: “Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, aquel de quien ustedes dicen: ‘Es nuestro Dios’, aunque no lo conocen. Yo, en cambio, sí lo conozco; y si dijera que no lo conozco, sería tan mentiroso como ustedes. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se regocijaba con el pensamiento de verme; me vio y se alegró por ello”.
Los judíos le replicaron: “No tienes ni cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?” Les respondió Jesús: “Yo les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy”.
Entonces recogieron piedras para arrojárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo.
Oración de los Fieles
Señor, sabemos que tu Palabra, como descienden de los cielos la lluvia y la nieve y no vuelven a ellos sin regar la tierra y dar frutos, desciende sobre nosotros para movilizar y transformar nuestra vida entera. Por eso te decimos. R/Señor, confiamos en tu Palabra.
Jesús, danos la gracia de creer en tu Palabra, de guardarla y tener el valor de vivirla a diario. Por eso te pedimos.
Jesús, tú, que deseas que todos seamos uno para que el mundo crea, ayúdanos a encontrar caminos de mayor comunión con nuestros hermanos judíos, con quienes compartimos la fe abrahánica y la historia de Salvación. Por eso te pedimos.
Jesús, que tu Palabra nos desacomode, nos desinstale para lanzarnos a la misión que nos encomendaste y la haga fecunda. Por eso te pedimos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios:
Tú hablas por medio de tu Palabra
viva en medio de nosotros,
tu Hijo, Jesucristo.
Danos fe, una fe bien fuerte,
para que creamos firmemente
en su presencia entre nosotros
y para que nosotros
seamos su presencia palpable
en el mundo de hoy.
Haznos participar de su Espíritu
para que la gente lo acepte a él en nosotros,
ya que él es nuestro Salvador y Señor
por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Señor, Dios nuestro:
En los días en que nuestra vida
parece monótona y gris,
y cuando nos impacientamos con nosotros mismos,
nos cuesta tremendamente percatarnos
de que tu Hijo está aquí.
Danos una fe confiada
de que él está para nosotros y con nosotros,
para alzarnos sobre nosotros mismos
y para darnos esperanza en tu futuro prometido.
Ayúdanos a ser profundamente conscientes
de que tú te has vinculado fuertemente a nosotros
y compartes nuestro destino
por medio de Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Ojalá sepamos guardar la Palabra del Señor no sólo en nuestras mentes sino también en nuestras obras, para que un día gocemos de la Tierra Prometida, la vida eterna. Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
