PRIMERA SEMANA PASCUA VIERNES
Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
“NO SE NOS HA DADO OTRO NOMBRE QUE PUEDA SALVARNOS”
Oración Colecta
Oh Dios y Padre nuestro:
Por medio de tu Hijo Jesucristo,
Señor nuestro Resucitado,
nos has transmitido un mensaje de esperanza
y nos has dado una persona única e insuperable
por quien vale la pena vivir.
Libra nuestra fe de trivialidad y rutina
y llénanos con su Espíritu de fortaleza,
para que aprendamos a vivir con firmeza
en las inseguridades del cambio,
exigidas siempre por el Evangelio
y por las necesidades de los tiempos.
Que nuestra vida cristiana dé testimonio
del nombre de quien nos salvó,
Jesucristo Resucitado, nuestro Señor.
Primera Lectura
Pedro y Juan dando a los gobernantes, ancianos y escribas razón de su fe en Cristo Resucitado y de las curaciones que realizan en su nombre, testifica que la piedra que los constructores rechazaron –Cristo– es la piedra angular.
En aquellos días, mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, se presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos, indignados porque los apóstoles enseñaban al pueblo y anunciaban la resurrección de los muertos por el poder de Jesús. Los aprehendieron, y como ya era tarde, los encerraron en la cárcel hasta el día siguiente. Pero ya muchos de los que habían escuchado sus palabras, unos cinco mil hombres, habían abrazado la fe.
Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, el sumo sacerdote Anás, Caifás, Juan, Alejandro y cuantos pertenecían a las familias de los sumos sacerdotes. Hicieron comparecer ante ellos a Pedro y a Juan y les preguntaron: “¿Con qué poder o en nombre de quién han hecho todo esto?”
Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: “Jefes del pueblo y ancianos, puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, para saber cómo fue curado, sépanlo ustedes y sépalo todo el pueblo de Israel: este hombre ha quedado sano en el nombre de Jesús de Nazaret, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos. Este mismo Jesús es la piedra que ustedes, los constructores, han desechado y que ahora es la piedra angular. Ningún otro puede salvarnos, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos”.
Salmo Responsorial
Salmo 117, 1-2 y 4. 22-24. 25-27a
R. (22) La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular. Aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Diga la casa de Israel:
“Su misericordia es eterna”.
Digan los que temen al Señor:
“Su misericordia es eterna”.
R. La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular. Aleluya.
La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente.
Este es el día del triunfo del Señor:
día de júbilo y de gozo.
R. La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular. Aleluya.
Libéranos, Señor, y danos tu victoria.
Bendito el que viene en el nombre del Señor.
Que Dios desde su templo nos bendiga.
Que el Señor, nuestro Dios, nos ilumine.
R. La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular. Aleluya.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Éste es el día del triunfo del Señor,
día de júbilo y de gozo.
R. Aleluya.
Evangelio
El evangelio del día nos sitúa en una de las apariciones de Jesús Resucitado a sus discípulos. Al comienzo no lo reconocen. Su apariencia es completamente diferente de la que habían conocido. Como nosotros, necesitan fortalecer la mirada de la fe. Entonces, Jesús come con ellos; para que no les queden dudas, comparte con ellos el pan.
En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “También nosotros vamos contigo”. Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.
Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿han pescado algo?” Ellos contestaron: “No”. Entonces él les dijo: “Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces”. Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados.
Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: “Es el Señor”. Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros.
Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: “Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar”. Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: “Vengan a almorzar”. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres?’, porque ya sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado.
Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Oración de los Fieles
Señor Dios, que te haces pan partido y compartido para nosotros, y para que tendamos en el mundo las mesas de la fraternidad, con confianza te pedimos que vengas siempre a nuestro encuentro en la oración y en la acción: R/Haznos testigos de la alegría del Evangelio en todo lugar.
– Por la Iglesia, para que siga proclamando la Buena Noticia del Señor Resucitado y dando testimonio de él, aun cuando esto moleste no solo a los de fuera, sino incluso a algunos de sus miembros, roguemos al Señor.
– Por nuestras comunidades cristianas, para que podamos vivir sin miedo y abiertamente nuestra fe, y hacer lo que es justo y bueno en el nombre de Jesús, roguemos al Señor.
– Por todos y cada uno de nosotros, para que reconozcamos con fe y amor la presencia del Señor en los hermanos, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú pones palabras lindas en nuestra lengua
y llenas nuestras manos con buenos dones;
tú nos confías incluso a tu Hijo eucarístico
y lo pones en nuestras manos.
Así pues, que, por medio de él,
y juntamente con él,
lleguemos a ser para el mundo
tu Palabra y tu don, tu signo de esperanza.
Haznos también capaces de dar testimonio
de tu amor a los hombres.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús nos ha invitado hoy
a venir a esta eucaristía
para comer el alimento de sí mismo
que él ha preparado para nosotros.
Envíanos también a nosotros
a invitar a los hermanos –cercanos y lejanos–
a participar en la mesa de las cosas que poseemos.
Y de lo mejor que hay en nosotros:
nuestro amor y compasión,
nuestra palabra de ánimo,
y nuestra presencia fraternal entre todos.
Que, para los que conviven con nosotros,
sea ésta la mejor señal
de que tu Hijo resucitado vive en medio de nosotros,
ahora y por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: Animémonos unos a otros, y ofrezcámonos unos a otros salud interior, amor y paz en el nombre de Jesús, nuestro Señor Resucitado. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
