PRIMERA SEMANA PASCUA MIÉRCOLES
Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
CAMINANDO CON EL SEÑO
Oración Colecta (Dos Opciones)
1. Oh Dios y Padre nuestro:
Tú eres un Dios no de muertos,
ni tampoco de personas paralizadas
por sus temores y limitaciones,
sino que eres el Dios de vivos.
Resucítanos y haznos marchar animosos,
con alegría y esperanza
como nuevos discípulos de Emaús,
compañeros de camino
de aquel a quien resucitaste de entre los muertos,
Jesucristo, nuestro Señor Resucitado,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
2. Señor Dios nuestro:
Tu Hijo está en medio de nosotros,
pero su rostro se nos oculta.
Ayúdanos a reconocerlo
en nuestros hermanos, compañeros de camino:
En el hombre que carece de alimento y de empleo,
en la mujer que ha sido abandonada,
en el niño que mendiga en la esquina de la calle
o en el cruce de semáforos…
Danos un corazón bueno y generoso,
para que no pasemos de largo ante ellos
con ojos obnubilados,
ya que ese hombre o ese niño o esa mujer
representan vivamente para nosotros a tu Hijo,
Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Reproduciendo los gestos sanadores y liberadores de su Maestro, los apóstoles, transformados por el Espíritu, curan a un hombre que no podía caminar. Lo ponen de pie para que alabe a Dios y todos conozcan la plenitud de su bondad.
En aquel tiempo, Pedro y Juan subieron al templo para la oración vespertina, a eso de las tres de la tarde. Había allí un hombre lisiado de nacimiento, a quien diariamente llevaban y ponían ante la puerta llamada la "Hermosa", para que pidiera limosna a los que entraban en el templo.
Aquel hombre, al ver a Pedro y a Juan cuando iban a entrar, les pidió limosna. Pedro y Juan fijaron en él los ojos, y Pedro le dijo: "Míranos". El hombre se quedó mirándolos en espera de que le dieran algo. Entonces Pedro le dijo: "No tengo ni oro ni plata, pero te voy a dar lo que tengo: En el nombre de Jesucristo nazareno, levántate y camina". Y, tomándolo de la mano, lo incorporó.
Al instante sus pies y sus tobillos adquirieron firmeza. De un salto se puso de pie, empezó a andar y entró con ellos al templo caminando, saltando y alabando a Dios.
Todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios, y al darse cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado junto a la puerta "Hermosa" del templo, quedaron llenos de miedo y no salían de su asombro por lo que había sucedido.
Salmo Responsorial
R. (5b) Cantemos al Señor con alegría. Aleluya.
Aclamen al Señor y denle gracias,
relaten sus prodigios a los pueblos.
Entonen en su honor himnos y cantos,
celebren sus portentos.
R. Cantemos al Señor con alegría. Aleluya.
Del nombre del Señor enorgullézcanse
y siéntase feliz el que lo busca.
Recurran al Señor y a su poder,
y a su presencia acudan.
R. Cantemos al Señor con alegría. Aleluya.
Descendientes de Abrahán, su servidor,
estirpe de Jacob, su predilecto,
escuchen: el Señor es nuestro Dios
y gobiernan la tierra sus decretos.
R. Cantemos al Señor con alegría. Aleluya.
Ni aunque transcurran mil generaciones,
se olvidará el Señor de sus promesas,
de la alianza pactada con Abraham,
del juramento a Isaac, que un día le hiciera.
R. Cantemos al Señor con alegría. Aleluya.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Éste es el día del triunfo del Señor,
día de júbilo y de gozo.
R. Aleluya.
Evangelio
Dos discípulos desanimados, con sus expectativas quebradas, regresan a sus casas por el camino de Emaús con el peso de sus frustraciones. Este evangelio nos habla del encuentro con un extraño que cambiará sus vidas para siempre… Ellos, como tantas veces nosotros, no sabían que quien caminaba a su lado era el mismísimo Jesús de Nazaret....
El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.
Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: "¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?"
Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?" Él les preguntó: "¿Qué cosa?" Ellos le respondieron: "Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron".
Entonces Jesús les dijo: "¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?" Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.
Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!"
Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón". Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Oración de los Fieles
Con toda la Iglesia elevamos nuestra oración a Cristo Resucitado para llegar a reconocer sus huellas en nuestras pequeñas y grandes historias y seamos capaces de defender la vida, la dignidad de toda vida, con nuestras palabras y obras. Por eso le decimos: R/Jesús, queremos vivir como resucitados.
– Señor Resucitado, camina siempre con tu Iglesia cuando sea perseguida o luche con dificultades que amenacen su unidad. Con el corazón, te decimos.
– Señor Resucitado, camina con nuestras comunidades cuando se sientan acosadas por conflictos, luchas, injusticias y pérdida de fervor. Con el corazón, te decimos.
– Señor Resucitado, sigue caminando con nosotros cuando nos sintamos confusos, minados por la duda, duros de cabeza y lentos para entenderte a ti y a tu Evangelio. Con el corazón, te decimos.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios de luz y de vida:
Como los dos discípulos de Emaús,
somos torpes de corazón
y lentos para entender
de qué modo tu Hijo camina con nosotros
en cada momento de nuestra vida.
Ayúdanos a reconocer su presencia
en estos humildes signos de pan y vino
y que él inflame nuestro corazón
cuando escuchemos su voz.
Que nos percatemos de su cercanía
en esta eucaristía,
en los acontecimientos de la vida
y en los hermanos que nos rodean.
Porque él es nuestro Señor Resucitado
por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Hemos escuchado las palabras de tu Hijo
que cuestionan nuestra apatía y pesimismo,
y él ha movido nuestros corazones.
Nos hemos sentado a la mesa con él
y él ha partido de nuevo para nosotros
el Pan de sí mismo.
Envíanos ahora en misión
a nuestros hermanos y hermanas,
para llevarles la Buena Noticia salvadora:
Que tu Hijo está vivo y resucitado
y que ahora podemos realizar juntos,
unos con otros, en fraternidad,
este viaje de vida y esperanza.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor,
que vive contigo y permanece con nosotros,
ahora y por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: ¡Ojalá también nosotros pudiéramos decir con los discípulos de Emaús! ¿No sentíamos arder nuestro corazón mientras Jesús caminaba con nosotros por el camino y nos revelaba su Buena Noticia? Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.
