PRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO VIERNES

“TUS PECADOS QUEDAN PERDONADOS”

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios y Padre nuestro:
Somos tu pueblo, 
a veces paralizado por nuestros miedos
y nuestra fascinación por el pecado.
Que tu Hijo nos dirija
sus palabras poderosas de perdón y de fortaleza,
para levantarnos por encima de nosotros mismos, 
de nuestra cobardía y de nuestras torpezas.
Así iremos resueltamente
por el camino hacia ti y a los hermanos,
por el poder de Jesucristo nuestro Señor.
 

Primera Lectura

1 Sm 8,4-7.10-22

La lectura del Libro de Samuel que vamos a escuchar es un buen ejemplo del conflicto que surge cuando los nuevos tiempos exigen nuevas instituciones. La estructura tribal de Israel encontraba mucha dificultad en defender al pueblo, al territorio y al liderazgo carismático religioso frente a pueblos vecinos mejor organizados. Ellos, los judíos, también necesitarían estructuras e instituciones más centralizadas. Pero algunos aceptarían con mucha dificultad la reforma necesaria. Un rey sería decepcionante -como lo probó la experiencia posterior- como líder político y religioso. Esto no contradice el hecho de que eran necesarios cambios profundos; pero siempre es difícil afrontar cambios.

En aquellos días se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Ramá a ver a Samuel y le dijeron: “Mira, tú ya eres viejo y tus hijos no siguen tus ejemplos. Danos, pues, un rey para que nos gobierne, como sucede en todos los pueblos”.

A Samuel le disgustó que le hubieran pedido un rey que los gobernara. Entonces Samuel invocó al Señor y éste le respondió: “Dale al pueblo lo que te pide, pues no es a ti a quien rechazan, sino a mí, porque no me quieren por rey”.

Samuel comunicó al pueblo, que le había pedido un rey, las palabras del Señor y dijo: “Vean cómo los tratará el rey que reine sobre ustedes: tomará a sus hijos y los hará servir en los carros y en la caballería de él y los hará correr delante de su propio carro; a algunos de ellos los pondrá al frente de mil soldados y a otros, de cincuenta; a otros los obligará a labrar y cosechar sus tierras; a otros los hará fabricar armas para la guerra y aparejos para sus carros. Tomará también a las hijas de ustedes como perfumistas, cocineras y reposteras. Les quitará a ustedes sus mejores campos, viñas y olivares, y se los dará a sus ministros. Exigirá el diezmo de lo que produzcan los sembrados y viñas de ustedes y se lo dará a sus ministros y a sus criados. Tomará a los criados y criadas de ustedes, sus mejores bueyes y asnos y los empleará en los trabajos de él. Les exigirá el diezmo de sus rebaños y ustedes mismos se convertirán en sus esclavos. Aquel día clamarán al Señor contra el rey que ustedes mismos elijan, pero el Señor no les responderá”.

El pueblo, sin embargo, se negó a escuchar las advertencias de Samuel y gritó: “No importa. Queremos tener un rey y ser también nosotros como las demás naciones. Nuestro rey nos gobernará y saldrá al frente de nosotros en nuestros combates”. Samuel oyó las palabras del pueblo y se las repitió al Señor, y el Señor le dijo: “Hazles caso y que los gobierne un rey”.

Salmo Responsorial

Salmo 88, 16-17. 18-19

(cf. 2a) Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Señor, feliz el pueblo que te alaba
y que a tu luz camina,
que en tu nombre se alegra a todas horas
y al que llena de orgullo tu justicia. R.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Feliz, porque eres tú su honor y fuerza
y exalta tu favor nuestro poder.
Feliz, porque el Señor es nuestro escudo
y el Santo de Israel nuestro rey. R.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Lucas 7, 16

Aleluya, aleluya.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros.
Dios ha visitado a su pueblo.
R. Aleluya.

Evangelio

Mc 2,1-12

En la Biblia, a los milagros se los llaman “signos”. Son –como la curación del paralítico– manifestaciones visibles de que algo importante ha ocurrido en el interior de la persona. El paralítico puede caminar. Puede ponerse de pie y moverse como un ser humano, como una persona que recibe perdón y que puede alzarse de la parálisis del pecado. ¿No podríamos nosotros también dar “señales” a la gente que nos rodea de que Dios está vivo en nosotros, mientras las alzamos y eficazmente las hacemos salir de sus miserias?

 

Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.

Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: “¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?”

Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: “¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’ o decirle: ‘Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados –le dijo al paralítico–: Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa”.

El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: “¡Nunca habíamos visto cosa igual!”

Oración de los Fieles

Oración de los Fieles

–      Para que la Iglesia, consciente de sus propios defectos y oportunidades perdidas, ofrezca humildemente perdón y nuevas oportunidades a todos los que yerran, y llegue a ser en el mundo un signo de perdón y reconciliación, roguemos al Señor.

–      Para que nuestros hogares sean espacios de mutua comprensión y reconciliación; que los jóvenes aprendan de sus padres y de todos a perdonar ofensas y heridas, roguemos al Señor.

–      Por todas las comunidades cristianas, para que estemos menos interesados en nuestros derechos y en nuestra soberbia ofendida que en aprender el camino de Jesús, el perdón y la reconciliación, y en ayudarnos unos a otros a hacernos nuevos y a trabajar juntos por un mundo mejor, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Que tu Hijo venga aquí entre nosotros
para tomarnos de la mano
y hacernos levantar con alegría y valor.
Renuévanos con su Cuerpo y con su Sangre
para que seamos también, los unos para los otros, 
como su palabra que da ánimo
y como sus manos que ayudan.
Y de esta forma la gente te alabe y te bendiga,
ahora y por los siglos de los siglos

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Tu Hijo estaba siempre atento al pueblo, 
a sus desgracias y necesidades.
Que él viva en nosotros hoy 
y que nosotros seamos su voz 
que lleve a todos reconciliación y paz.
Que seamos también su corazón,
que ame sin límites ni fronteras;
y sus manos, que construyan un mundo
de justicia, dignidad, servicio y amor.
Te pedimos todo esto 
en el nombre de Jesús, el Señor

Bendición
Hermanos: Intentemos, con todo nuestro ser, alzar de nuevo a los que están paralizados por sus propios temores, limitaciones y condenas, y acompañarlos en su viaje hacia Dios y hacia los hermanos. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre. 

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