PRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO

DIOS LLAMA A LOS DÉBILES

Otras Celebraciones para este Día:

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios de misericordia y compasión:
Tú llamas a personas débiles, aun siendo pecadoras,
para ir dando forma a tus sueños 
sobre los hombres y su mundo
y para ser instrumentos de salvación.
Danos confianza, no en nuestra propia fuerza, 
sino en el poder de tu amor, 
que puede hacer, 
por medio de nosotros y con nosotros,
lo que somos incapaces de hacer.
Te damos gracias por llamarnos 
a salir de nuestra fragilidad y alienación,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

1 Sm 9,1-4.17-19; 10,1a

 Dios toma a Saúl de una tribu insignificante del pueblo, de la que nadie podría aventurar que surgiría un rey, porque tiene sus propios planes y estándares que, con frecuencia, no concuerdan con nuestra sabiduría humana. Llama incluso a pecadores –gente limitada y deficiente– y los considera suficientemente buenos para hacer el trabajo de Dios; incluso les encomienda una misión especial…

Había un hombre de la tribu de Benjamín, llamado Quis. Era de gran valor. Tenía un hijo llamado Saúl, joven y de buena presencia. Entre los israelitas no había nadie más apuesto que él. Era el más alto de todos y ninguno le llegaba al hombro.

Un día se le perdieron las burras a Quis y éste le dijo a su hijo Saúl: “Toma contigo a uno de los criados y vete a buscar las burras”. Recorrieron los montes de Efraín y la región de Salisá, pero no las encontraron; atravesaron el territorio de Saalín y no estaban allí; después, la tierra de Benjamín y tampoco las hallaron. Entonces se dirigieron a la ciudad donde vivía Samuel, el hombre de Dios. Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le dijo: “Éste es el hombre de quien te he hablado. Él gobernará a mi pueblo”.

Saúl se acercó a Samuel, que se encontraba en la puerta de la ciudad, y le dijo: “Indícame, por favor, dónde está la casa del vidente”. Samuel le respondió: “Yo soy el vidente. Sube delante de mí al lugar sagrado y quédate a cenar conmigo. Mañana temprano te despediré, después de decirte todo lo que está en tu corazón”.

Al día siguiente, muy temprano, Samuel tomó el cuerno donde guardaba el aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Después lo besó y le dijo: “El Señor te ha ungido como jefe de Israel, su pueblo. Tú reinarás sobre el pueblo del Señor y lo librarás de los enemigos que lo rodean”.

Salmo Responsorial

Salmo 20, 2-3. 4-5. 6-7

R. (2a) De tu poder, Señor, se alegra el rey.
De tu poder, Señor, se alegra el rey,
con el triunfo que le has dado.
Le otorgaste lo que él tanto anhelaba,
no rechazaste el ruego de sus labios. R.
R. De tu poder, Señor, se alegra el rey.
Lo colmaste, Señor, de bendiciones,
con oro has coronado su cabeza
La vida te pidió, tú se la diste,
una vida por siglos duradera. R.
R. De tu poder, Señor, se alegra el rey.
Tu victoria, Señor, le ha dado fama,
lo has cubierto de gloria y de grandeza.
Sin cesar le concedes tus favores
y lo colmas de gozo en tu presencia. R.
R. De tu poder, Señor, se alegra el rey.

Aclamación antes del Evangelio

Lucas 4, 18

R. Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado
para llevar a los pobres la buena nueva
y anunciar la liberación a los cautivos.
R. Aleluya.

Oración de los Fieles

–      Por la Iglesia, que es una comunidad de santos y pecadores. Para que nosotros, pueblo de Dios, y nuestros líderes, no tanto condenemos a los que fallan sino que les demos nuevas oportunidades en la vida, roguemos al Señor.

–      Por los que con frecuencia se sienten frustrados y ya ni se atreven a creer en sí mismos, en Dios o en la comunidad. Para que saquen nuevo valor y esperanza al recibir de nosotros misericordia y comprensión, roguemos al Señor.

–      Por los sacerdotes y religiosos, para que sigan confiando en el Señor que los llamó a pesar de sus debilidades humanas, y para que con Cristo cuiden especialmente de los pobres y de los débiles, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
A tu Hijo no le pareció que rebajara su dignidad
yendo a las casas de los pecadores
y comiendo y bebiendo con ellos.
Estamos agradecidos de que aquí hoy
él se haya sentado a la mesa con nosotros,
que somos débiles y pecadores.
Reconocemos tu amor misericordioso 
para con nosotros. 
Todo lo que podemos decir es: 
“Gracias, Padre”,
por Jesucristo nuestro Señor

Oración después de la Comunión
Oh Dios, Padre de bondad:
En esta eucaristía
hemos experimentado tu misericordia y perdón 
y tu llamado a que esperemos y confiemos en ti.
Que nunca menospreciemos, y mucho menos despreciemos
a personas que estén luchando contra su propia debilidad,
o que se encuentren demasiado cansadas
para mantenerse en pie.
Ayúdanos a reconocer en ellas 
nuestra propia carne y sangre desgarradas.
Clamamos a ti, Padre, en voz alta o en silencio,
para que nos concedas un corazón comprensivo
y unas manos dispuestas a ayudar y servir.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: ¡Qué atrevido Jesús, y qué seguro de sí mismo! Jesús elige a un hombre a quien todos consideran pecador público, lo convierte nada menos que en su apóstol, y para construir su Iglesia cuenta con él, así como con algunos otros apóstoles que más tarde mostrarán signos de gran debilidad. Dios confía en nosotros, se fía de nosotros. Confiemos también nosotros en él mientras pedimos su bendición. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

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