PRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES

EL PODER SALVADOR DE DIOS

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios, fuente de todo poder,
nos complace imaginar 
que podemos hacer grandes cosas, 
pero cuando se trata de tu trabajo,
de tu Reino de verdad y de justicia, 
tenemos que reconocer, quizás de mala gana, 
que somos débiles y poco efectivos.
Ayúdanos a reconocer esta debilidad nuestra, 
no como derrota, sino como nuestra verdadera fuerza, 
para que tu poder se revele en sí mismo
en el sufrimiento, en la lucha, 
y también en la amabilidad y el amor, 
que tú nos muestras en Jesucristo, 
Hijo tuyo y Señor nuestro
por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

1 Sm 1,9-20

La Biblia a veces describe las vocaciones extraordinarias en términos de esterilidad, que, por medio de oración y fe en el poder de Dios, produce vida. Ello subraya la gracia gratuita de Dios, su gran poder, y también la dificultad, la lucha de fe, para conducir a la redención. Samuel, así, fue el fruto de la oración y de la fe en el poder de Dios.

 

En aquel tiempo, después de tomar la comida ritual en Siló, Ana se levantó y se puso a orar ante el Señor. Llena de amargura y con muchas lágrimas, hizo esta promesa: “Señor de los ejércitos, mira la aflicción de tu sierva y acuérdate de mí. Si me das un hijo varón, yo te lo consagraré por todos los días de su vida, y en señal de ello, la navaja no tocará su cabeza”.

Mientras tanto, el sacerdote Elí estaba sentado a la puerta del santuario. Ana prolongaba su oración y Elí la miraba mover los labios, pero no oía su voz. Pensando que estaba ebria, le dijo: “Has bebido mucho. Sal de la presencia del Señor hasta que se te pase”. Pero Ana le respondió: “No, señor. Soy una mujer atribulada. No he bebido vino ni bebidas embriagantes; estaba desahogando mi alma ante el Señor. No pienses que tu sierva es una mujer desvergonzada, pues he estado hablando, movida por mi dolor y por mi pena”.

Entonces le dijo Elí: “Vete en paz y que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido”. Ella le contestó: “Ojalá se cumpla lo que me dices”. La mujer salió del templo, fue a donde estaba su marido, y comió y bebió con él. Su rostro no era ya el mismo de antes.

A la mañana siguiente se levantaron temprano, y después de adorar al Señor, regresaron a su casa en Ramá. Elcaná tuvo relaciones conyugales con su esposa Ana, y el Señor se acordó de ella y de su oración. Ana concibió, dio a luz un hijo y le puso por nombre Samuel, diciendo: “Al Señor se lo pedí”.

Salmo Responsorial

1 Samuel 2, 1, 4-5, 6-7, 8

R. (cf. 1a) Mi corazón se alegra en Dios, mi salvador.
Mi corazón se alegra en el Señor,
en Dios me siento yo fuerte y seguro.
Ya puedo responder a mis contrarios,
pues eres tú, Señor, el que me ayuda. R.
R. Mi corazón se alegra en Dios, mi salvador.
El arco de los fuertes se ha quebrado,
los débiles se ven de fuerzas llenos.
Se ponen a servir por un mendrugo
los antes satisfechos;
y sin tener que trabajar,
pueden saciar su hambre los hambrientos.
Siete veces da a luz la que era estéril
y la fecunda ya dejó de serlo. R.
R. Mi corazón se alegra en Dios, mi salvador.
Da el Señor muerte y vida,
deja morir y salva de la tumba;
él es quien empobrece y enriquece,
quien abate y encumbra. R.
R. Mi corazón se alegra en Dios, mi salvador.
El levanta del polvo al humillado,
al oprimido saca de su oprobio,
para hacerlo sentar entre los príncipes
en un trono glorioso. R.
R. Mi corazón se alegra en Dios, mi salvador.

Aclamación antes del Evangelio

Cfr 1 Tesalonicenses 2, 13

R. Aleluya, aleluya.
Reciban la palabra de Dios, no como palabra humana,
sino como palabra divina, tal como es en realidad.
R. Aleluya.

Oración de los Fieles

–      Para que en la Iglesia sepamos ofrecernos unos a otros la curación del perdón y de la compasión, roguemos al Señor.

–      Para que todos los enfermos sigan esperando sanación y que asuman su sufrimiento con paciencia y fortaleza, roguemos al Señor.

–      Para que en nuestras comunidades consideremos como tarea compartir nuestras penas y aliviar las cargas de los demás, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre todopoderoso:
Por medio de este pan y de este vino
tú quieres que Jesús, tu Hijo, se una a nosotros hoy
en nuestra lucha para ser libres,
como discípulos que te sirven a ti y a nuestro prójimo.
Que Jesús expulse de nosotros
el espíritu rebelde de la soberbia y el egoísmo
y nos llene con su buen espíritu,
el Espíritu Santo de amor y fortaleza,
para que, junto con tu Hijo, seamos tuyos
ahora y por los siglos de los siglos

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tenemos miedo a la lucha y al dolor,
a la debilidad y a la aparente derrota.
Sigue recordándonos,
no con rudeza sino con amabilidad,
que éste fue el modo de tu Hijo
y que éste es el modo con el que tú siempre ganas.
Y si nosotros no entendemos del todo,
ayúdanos a crecer en fe y en confianza
en tu propio plan para el verdadero éxito
y en tu Hijo Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Jesús enseñaba con autoridad. ¿Por qué? Porque creía totalmente en lo que decía; y porque apoyaba sus enseñanzas con señales milagrosas. Quizás el mayor milagro fue que él mismo vivía lo que enseñaba. Que nosotros también vivamos como creemos, con la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

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