PRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO JUEVES
“¡OJALÁ PUDIERA TOCARLO!”
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú aceptas que tu Hijo Jesucristo
comparta la suerte de los marginados de la sociedad
y cargue sobre sí el sufrimiento de todos.
Que ojalá nosotros lleguemos a ser como él,
para que entre nosotros no haya ni un solo marginado,
para que ningún pecado sea imperdonable,
y para que ninguna miseria sea causa de rechazo.
Haznos, siguiendo el ejemplo de tu Hijo,
personas que alcen al despreciado
con palabras cálidas de acogida
y con obras de ánimo y aliento.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Entre los judíos, el Arca de la Alianza era el signo de la presencia de Dios. Por eso, cuando el pueblo se movía, el Arca se movía con ellos también. Dios estaba donde estaba su pueblo. También en sus enfrentamientos con los filisteos querían tener a Dios de su parte olvidando que Dios permanecía con quienes permanecían en su Ley…
Sucedió en aquellos tiempos, que los filisteos se reunieron para hacer la guerra a Israel y los israelitas salieron a su encuentro. Acamparon cerca de Eben-Ezer y los filisteos en Afeq. Los filisteos se pusieron en orden de batalla contra Israel. Se trabó el combate y los israelitas fueron derrotados y sufrieron cuatro mil bajas. El ejército se retiró al campamento y los ancianos de Israel se preguntaban: “¿Por qué permitió el Señor que nos derrotaran hoy los filisteos? Traigamos de Siló el arca de la alianza del Señor, para que vaya en medio de nosotros y nos salve de nuestros enemigos”.
Mandaron traer de Siló el arca del Señor de los ejércitos, que se sienta sobre los querubines. Los dos hijos de Elí, Jofní y Pinjás, acompañaron el arca.
Al entrar el arca de la alianza en el campamento, todos los israelitas lanzaron tan grandes gritos de júbilo, que hicieron retumbar la tierra. Cuando los filisteos oyeron el griterío, se preguntaron: “¿Qué significará ese gran clamor en el campamento de los hebreos?” Y se enteraron de que el arca del Señor había llegado al campamento.
Entonces los filisteos se atemorizaron. Decían: “Sus dioses han venido al campamento. ¡Pobres de nosotros! Hasta ahora no nos había sucedido una desgracia semejante. ¿Quién nos librará de la mano de esos dioses poderosos? Éstos son los dioses que castigaron a Egipto con toda clase de plagas. Cobren ánimo, filisteos, y sean hombres. No sea que tengamos que servir a los israelitas, como ellos nos han servido a nosotros. Luchemos como los hombres”.
Los filisteos lucharon e Israel fue derrotado. Todos los israelitas huyeron a sus tiendas. Fue una derrota desastrosa en la que Israel perdió treinta mil soldados. El arca de Dios fue capturada y murieron Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí.
Salmo Responsorial
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Jesús predicaba el Evangelio del Reino
y curaba toda clase de enfermedades en el pueblo.
R. Aleluya.
Evangelio
Jesús se conmovía con el dolor de los que encontraba en su camino y los liberaba. Así sucedió con el leproso del evangelio. No sólo lo curó, sino que hasta lo tocó demostrando que aceptaba y amaba a aquel hombre completamente. Lo mismo hace con nosotros. Alguna vez en nuestra vida él “nos toca” a través de un hermano, de una situación, de un problema… Para sanarnos y para recordarnos cuánto nos ama.
En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: “Si tú quieres, puedes curarme”. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: “¡Sí quiero: sana!” Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.
Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: “No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés”.
Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a él de todas partes.
Oración de los Fieles
– Con todos los que buscan perdón y reconciliación, te invocamos, Señor. Y por todos los que han encontrado perdón, te alabamos, Señor.
– Con todos los que gimen y se lamentan, día y noche, en su soledad y miseria, te invocamos, Señor. Y por todos los que han encontrado amigos que los ayuden, te alabamos, Señor.
– Por todos los que ocultan su sufrimiento, clamamos a ti, Señor. Y por todos los que comparten con hermanos afligidos y así los levantan de su postración, te alabamos, Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Padre misericordioso:
Con este pan y este vino recordamos
cómo tú nos alzaste
de nuestros temores, culpas o aislamiento.
Disponnos a compartir con todos
nuestra alegría, nuestra aceptación y nuestro afecto
motivados por aquel que compartió nuestra pobreza
y se hizo a sí mismo débil y humilde con nosotros,
Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Dios, Padre amable y misericordioso:
Sentados a la mesa de tu Hijo,
hemos aprendido hoy
a estar presentes los unos para los otros,
como él ha estado presente entre nosotros
aquí en la Eucaristía,
con un amor discreto y revitalizador
como un soplo de aire fresco.
En virtud de aquel que nos ha librado
de la dureza de nuestros corazones,
disponnos no sólo a compartir
nuestras riquezas y nuestra pobreza,
sino también a recibirnos unos a otros
con alegría y con amor.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: ¡Qué feliz sería nuestra comunidad si pudiéramos aceptarnos mutua y plenamente como somos, sin juzgar, sin condenar, sin envidiar, sin despreciar a nadie, sin tratar de modelar a los demás conforme a nuestra propia imagen y semejanza! Construyámonos unos a otros, con la bendición del Señor. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
