PRIMERA SEMANA DE CUARESMA MARTES
Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
LA PALABRA DE DIOS y NUESTRA PALABRA A DIOS
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú nos proclamas tu poderosa Palabra
para nuestro bien,
pero no podemos decir que de verdad la oímos
si no sacude nuestras vidas
y es proclamada en clave humana.
Sigue tú, Señor, hablándonos con tu Palabra,
y abre nuestros corazones a ella,
para que produzca fruto en nosotros
cuando hacemos tu voluntad
y llevamos a cabo
aquello para lo que hemos sido enviados.
Te lo pedimos por medio de la Palabra Viviente,
el Verbo Encarnado,
tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
Primera Lectura
Una bellísima metáfora bíblica nos habla aquí del poder y la eficacia de la Palabra de Dios en el corazón que se abre a recibirla. La Palabra-Viva de Dios, Jesucristo, y su Palabra escrita y anunciada, resuenan eficazmente cuando se encarnan en la vida de la persona y vibran con pensamientos y sentimiento humanos.
Esto dice el Señor:
“Como bajan del cielo la lluvia y la nieve
y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra,
de fecundarla y hacerla germinar,
a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer,
así será la palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí sin resultado,
sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión”.
Salmo Responsorial
Salmo 33, 4-5. 6-7. 16-17. 18-19
R. (18b) El Señor libra al justo de todas sus angustias.
Proclamemos la grandeza del Señor,
y alabemos todos juntos su poder.
Cuando acudí al Señor, me hizo caso
y me libró de todos mis temores.
R. El Señor libra al justo de todas sus angustias.
Confía en el Señor y saltarás de gusto,
jamás te sentirás decepcionado,
porque el Señor escucha el clamor de los pobres,
y los libra de todas sus angustias.
R. El Señor libra al justo de todas sus angustias.
Los ojos del Señor cuidan al justo
y a su clamor están atentos sus oídos.
Contra el malvado, en cambio, está el Señor,
para borrar de la tierra su recuerdo.
R. El Señor libra al justo de todas sus angustias.
Escucha el Señor al hombre justo
y lo libra de todas sus congojas.
El Señor no está lejos de sus fieles,
Y levanta a las almas abatidas.
R. El Señor libra al justo de todas sus angustias.
Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
No sólo de pan vive el hombre,
sino también de toda palabra
que sale de la boca de Dios.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
Mateo nos deja el más hermoso legado de Jesús, su oración que nos enseña a orar, en respuesta a su Palabra, a su Padre y nuestro Padre.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar, serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes, pues, oren así:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu Reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en tentación
y líbranos del mal.
Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.
Oración de los Fieles
Oremos juntos al Señor para que su Palabra arraigue en la tierra de nuestro corazón y nos transforme, diciendo: R/Que se haga vida en nosotros, Señor, tu Palabra que libera y compromete.
Para que sepamos ser y hacer eco de la palabra de Dios en nosotros, en nuestra oración y en el bien que hacemos a nuestros hermanos, roguemos al Señor.
Para que estemos siempre muy cercanos a la Palabra Viva de Dios, Jesucristo mismo, y que él sea el centro de nuestra vida, roguemos al Señor.
Para que todos nosotros seamos hombres y mujeres de oración que oremos pidiendo no solamente por nuestras necesidades personales sino también por las de la Iglesia y las del mundo, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Padre nuestro que estás en el cielo:
Tú nos proclamas tu Palabra Viva
–tu mismo Hijo, Jesucristo–,
Y nos lo das en la eucaristía como Pan de vida.
Que con él te respondamos
con palabras de oración
dichas con nuestros labios
y que brotan de nuestro corazón,
y también con nuestras obras
que son las palabras vivas
de nuestro fiel servicio y amor
a ti y a los hermanos.
Éste es nuestro ofertorio
en esta eucaristía de hoy,
que te ofrecemos
por medio de Jesucristo Señor nuestro.
Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Alabamos tu santo nombre
por hablarnos en las Escrituras
y, sobre todo en la persona de tu Hijo, Jesucristo,
Verbo de Dios hecho hombre.
Que ojalá tu Palabra no vuelva vacía a ti
sino que nos dé la fuerza de tu Hijo
y así te respondamos con nuestras buenas obras
para que lo que hemos prometido y ofrecido en oración
logre hacerse vivo y real en nuestra vida.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: La palabra de Dios tiene que visibilizarse en nuestras vidas. Lo que hemos escuchado, tenemos que vivirlo. El Hijo de Dios tiene que hacerse visible y hablar a través de todo lo que somos, decimos y hacemos. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
