OCTAVA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MIÉRCOLES

LA GRANDEZA A TRAVÉS DEL SERVICIO

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Dios, Señor de todo,
tu Hijo Jesús fue tu igual
y, sin embargo, se hizo
hermano y servidor nuestro.
Que su Espíritu esté vivo en nosotros
y nos disponga a hacernos como él,
impotentes y vulnerables,
para que podamos servirnos unos a otros,
especialmente a los hermanos más débiles.
Que, de este modo,
los hombres experimenten
la audacia de tu amor.
Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor.

Salmo Responsorial

Salmo 147, 12-13.14-15. 19-20

R. (12a) Demos gloria al Señor.
Glorifica al Señor, Jerusalén;
a Dios ríndele honores, Israel.
El refuerza el cerrojo de tus puertas
y bendice a tus hijos en tu casa.
R. Demos gloria al Señor.
El mantiene la paz en tus fronteras,
con su trigo mejor sacia tu hambre.
El envía a la tierra su mensaje,
y su palabra corre velozmente.
R. Demos gloria al Señor.
Le muestra a Jacob pensamiento,
sus normas y designios a Israel.
No ha hecho nada igual con ningún pueblo,
ni le ha confiado a otro sus proyectos.
R. Demos gloria al Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Marcus 10, 45

R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo vino a servir
y a dar su vida por la salvación de todos.
R. Aleluya.

Evangelio

Marcus 10, 32-45

 El evangelio nos dice que el gran Dios salvará a los hombres por medio de Jesucristo, el Hijo de Dios, que vino como servidor de todos. Los que siguen a Jesús deben, como él, aprender a servir, incluso cuando no sea sencillo.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos iban camino de Jerusalén y Jesús se les iba adelantando. Los discípulos estaban sorprendidos y la gente que lo seguía tenía miedo. Él se llevó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: "Ya ven que nos estamos dirigiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; van a condenarlo a muerte y a entregarlo a los paganos; se van a burlar de él, van a escupirlo, a azotarlo y a matarlo; pero al tercer día resucitará".

Entonces se acercaron a Jesús Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: "Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte". Él les dijo: "¿Qué es lo que desean?" Le respondieron: "Concede que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria". Jesús les replicó: "No saben lo que piden. ¿Podrán pasar la prueba que yo voy a pasar y recibir el bautismo con que seré bautizado?" Le respondieron: "Sí podemos". Y Jesús les dijo: "Ciertamente pasarán la prueba que yo voy a pasar y recibirán el bautismo con que yo seré bautizado; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; eso es para quienes está reservado".

Cuando los otros diez apóstoles oyeron esto, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús reunió entonces a los Doce y les dijo: "Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos las oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes. Al contrario: el que quiera ser grande entre ustedes que sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos, así como el Hijo del hombre, que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos".

Oración de los Fieles

– Por los que tienen autoridad en la Iglesia. Para que no se conviertan en funcionarios sino que sean "ministros", es decir, servidores, te pedimos.
– Por nuestras familias cristianas. Para que, mediante el cuidado y el servicio mutuos, los padres preparen a sus hijos para prestar servicio a los demás, te pedimos.
– Por los muchos que nos sirven de diversas maneras y nos proporcionan las cosas y la ayuda que necesitamos, demasiado numerosos para nombrarlos, para que seamos agradecidos y amables con ellos, te pedimos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro,
mientras tu Hijo se sirve a sí mismo
en la mesa en los signos del pan y el vino,
nos pide que bebamos con él
la copa del amor abnegado.
Haz que tu Hijo nos llene de ese amor
que es el único que puede comprender
que ser grande es servir a los demás
y gastar nuestra vida para dar a la gente
una oportunidad de vivir y ser libres.
Que no busquemos otra recompensa
que compartir el destino de Jesús,
nuestro Señor y Salvador para siempre.

Oración después de la Comunión
Padre amoroso,
tu Hijo ha estado con nosotros
en esta celebración eucarística
como servidor de todos.
Haz que disponga nuestros corazones
y nos dé su valor para comprender
y aceptar a los demás,
acompañándolos en el camino de la vida,
sufriendo sus dolores,
alegrándose con sus alegrías
y compartiendo las cargas,
para que esté con nosotros, ahora y siempre.

Bendición
También nosotros estamos aquí para servir más que para ser servidos. Que Dios todopoderoso te bendiga por ello, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

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