NOVENA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO

COMPARTIENDO DESDE LA PROPIA POBREZA

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios, que tienes corazón
de padre y de madre a la vez,
y que cuidas de los pobres:
haz justicia a los oprimidos
y da pan a los hambrientos.
A través de tu Hijo Jesús,
nos has enseñado a dar
no solamente de lo que nos sobra,
sino a darnos a nosotros mismos.
Desbarata nuestros cálculos egoístas,
cambia nuestros intereses personales,
muévenos a compartir generosamente
con los hermanos, de tal forma
que nuestro modo de dar sea
como el de Jesús, cueste lo que cueste.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

2 Timoteo 4, 1-8

Pablo, o quien sea el autor que usa el nombre de Pablo, suplica a Timoteo que siga predicando la palabra de Dios, a tiempo y a destiempo, para ser buen ministro del Señor y para darse totalmente al Evangelio, como hizo Pablo.

1

Delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te ruego por su manifestación como rey:

2

proclama la palabra, insiste a tiempo y destiempo, convence, reprende, exhorta con toda paciencia y pedagogía.

3

Porque llegará un tiempo en que los hombres no soportarán la sana doctrina, sino que, siguiendo sus pasiones, se rodearán de maestros que les halaguen los oídos.

4

Darán la espalda a la verdad, y se volverán para escuchar cosas fantasiosas.

5

Tú vigila continuamente, aguanta las pruebas, realiza la tarea de anunciar la Buena Noticia, cumple tu ministerio.

6

Recomendaciones y saludos finales 

En cuanto a mí, ha llegado la hora del sacrificio y el momento de mi partida es inminente.

7

He peleado el buen combate, he terminado la carrera, he mantenido la fe.

8

Sólo me espera la corona de la justicia, que el Señor como justo juez me entregará aquel día. Y no sólo a mí, sino a cuantos desean su manifestación.

Salmo Responsorial

Salmo 70, 8-9. 14-15ab. 16-17. 22

R. (cf. 15a) Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.
Mis labios no han cesado de alabarte
y pregona tu gloria todo el día.
Señor, en la vejez no me rechaces
no me abandones, falto de energías. R.
R. Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.
En ti, Señor, yo seguiré confiando,
y más y más te alabará mi boca.
Yo proclamaré siempre tu justicia
y a todas horas, tu misericordia. R.
R. Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.
Tus hazañas, Señor, alabaré;
diré a todos que sólo tú eres justo.
Me enseñaste a alabarte desde niño
y seguir alabándote es mi orgullo. R.
R. Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.
La lealtad del Señor para conmigo
celebrará mi lira.
Al Santo de Israel, a ti, Dios mío.
cantaré con mi cítara. R.
R. Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.

Aclamación antes del Evangelio

Mateo 5, 3

R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
R. Aleluya.

Evangelio

Mc 12,38-44

Jesús, que vivió siempre en las manos de su Padre, señala a sus discípulos de qué manera una pobre viuda estaba también viviendo en las manos de Dios. Tanto, que depositó en la alcancía del templo incluso las monedas que necesitaba para sobrevivir. ¡Qué gran confianza y generosidad!

38

Invectiva contra los letrados

Y él, instruyéndolos, dijo:

—Cuídense de los letrados. Les gusta pasear con largas túnicas, que los saluden por la calle,

39

buscan los primeros asientos en las sinagogas y los mejores puestos en los banquetes. 

40

Con pretexto de largas oraciones, devoran los bienes de las viudas. Ellos recibirán una sentencia más severa.

41

La ofrenda de la viuda

Sentado frente a las alcancías del templo, observaba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia.

42

Llegó una viuda pobre y echó unas moneditas de muy poco valor.

43

Jesús llamó a los discípulos y les dijo:

—Les aseguro que esa pobre viuda ha dado más que todos los demás.

44

Porque todos han dado de lo que les sobra; pero ésta, en su indigencia, ha dado cuanto tenía para vivir.

Oración de los Fieles

– Señor, te rogamos por tu Iglesia. Presérvala de la tentación de las riquezas y del poder. Te rogamos.
– Señor, te rogamos por las viudas y por los huérfanos. Líbralos a ellos de la desesperación y a nosotros haznos atentos a la necesidad que ellos sienten de compasión y de bondadosa ayuda. Te rogamos.
– Señor, te pedimos por esta nuestra comunidad. Haznos suficientemente generosos para compartir no solamente desde nuestra abundancia, sino también, incluso, desde nuestra carestía y pobreza. Te rogamos.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, bondadoso y generoso:
en estos signos de pan y vino
celebramos cómo Jesús, tu Hijo,
se entregó a sí mismo de una vez
para siempre para que nosotros
podamos vivir, amar y ser libres.
Concédenos que aprendamos de Jesús
a preguntar no cuánto podemos compartir
sin herirnos ni lastimarnos,
sino que aprendamos a dejar
que él sea nuestra fuerza
para dar lo mejor de nosotros mismos,
y a responder a su voz
compadeciéndonos sinceramente
de todo el que se encuentra en necesidad.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Generoso y bondadoso Dios:
Tu Hijo vino a colmar a los pobres
(conscientes de su vaciedad)
con tus dones maravillosos
y los llamó bienaventurados;
ayúdanos a descubrir
cuán pobres somos en realidad:
pobres en la fe, en la confianza,
en el amor generoso.
Hazte cercano a nosotros en tu Hijo,
para que estemos disponibles para todos
y compartamos con nuestros hermanos
lo mejor de nosotros sin alarde alguno,
con obras sencillas de servicio y amor,
como lo hizo Jesús, tu Hijo,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición
Jesús entregó todo lo que era y tenía –todo su ser– para ofrecer a los otros vida y felicidad. Que, como él, no pongamos límites a nuestra entrega. Que la bendición de Dios, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

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