Miércoles de Semana Santa
Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
“Mi hora está próxima”
Hoy vamos a oír la mala noticia de la traición de Judas, junto con la triste y sin embargo alegre buena noticia de la cena de Pascua de Jesús con sus discípulos. “Mi hora está cerca; en tu casa celebraré la Pascua con mis discípulos”. Jesús comerá la comida pascual rodeado de los que lo han seguido. El traidor los deja para traicionar a Jesús. Pero Jesús, el Siervo de Dios y del pueblo, afronta su muerte con la más plena confianza en Dios. Jesús celebrará esta Pascua de una forma nueva, transformándola en la Eucaristía. Esto es como un testamento que él deja a sus discípulos. Es la forma más profunda y misteriosa de estar en medio de sus discípulos, entonces y ahora.
Oración Colecta
Oh Dios y Padre nuestro:
Cuando llegó ya la “Hora” de tu Hijo Jesús
de aceptar la Pasión y la muerte
por amor a ti y por amor salvador a nosotros,
él no rechazó ese sufrimiento y profundo dolor.
En la hora de las pruebas
por las que nosotros tenemos que pasar,
no permitas que seamos rebeldes
sino que confiemos plenamente en ti,
ya que tú nos salvaste
por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Ofrecí la espalda
El Siervo de Yahvé ofrece su espalda a los que lo golpean, sus mejillas a los que le arrancan la barba. Se anonada a sí mismo hasta el extremo porque sabe, no tiene dudas de que Dios dará sentido a su dolor y viene en su auxilio.
En aquel entonces, dijo Isaías:
“El Señor me ha dado una lengua experta,
para que pueda confortar al abatido
con palabras de aliento.
Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído,
para que escuche yo, como discípulo.
El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras
y yo no he opuesto resistencia
ni me he echado para atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
la mejilla a los que me tiraban de la barba.
No aparté mi rostro a los insultos y salivazos.
Pero el Señor me ayuda,
por eso no quedaré confundido,
por eso endurecí mi rostro como roca
y sé que no quedaré avergonzado.
Cercano está de mí el que me hace justicia,
¿quién luchará contra mí?
¿Quién es mi adversario? ¿Quién me acusa?
Que se me enfrente.
El Señor es mi ayuda,
¿quién se atreverá a condenarme?’'
Salmo Responsorial
Salmo 68, 8-10. 21bcd-22. 31 y 33-34
R. (14c y b) Por tu bondad, Señor, socórreme.
Por ti he sufrido injurias
y la vergüenza cubre mi semblante.
Extraño soy y advenedizo,
aun para aquellos de mi propia sangre;
pues me devora el celo de tu casa,
el odio del que te odia, en mí recae.
R. Por tu bondad, Señor, socórreme.
La afrenta me destroza el corazón y desfallezco.
Espero compasión y no la hallo;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre.
R. Por tu bondad, Señor, socórreme.
En mi cantar exaltaré tu nombre,
proclamaré tu gloria, agradecido.
Se alegrarán al verlo los que sufren,
quienes buscan a Dios tendrán más ánimo,
Porque el Señor jamás desoye al pobre,
ni olvida al que se encuentra encadenado.
R. Por tu bondad, Señor, socórreme.
Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor Jesús, rey nuestro,
sólo tú has tenido compasión de nuestras faltas.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
¿Dónde quieres que preparemos la Pascua?
La hora de Jesús está cerca y por eso compartirá la pascua con sus discípulos. Pero entre ellos uno, que él bien conoce, lo traicionará a cambio de apenas treinta monedas… Las preguntas sobre la actitud de Judas no tienen certera respuesta. Es probable que se hubiera desilusionado porque aquel Maestro no respondía a sus planes de bienestar y liberación… Pero allí estuvo y fue necesario al plan de Salvación. Se convirtió en arquetipo de nuestras conductas humanas… No obstante Jesús, sabiendo lo que en su corazón anidaba, lo amó hasta el fin.
En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo.
El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” Él respondió: “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: ‘El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’ ”. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua.
Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce, y mientras cenaban, les dijo: “Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme”. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?” Él respondió: “El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le respondió: “Tú lo has dicho”.
Oración de los Fieles
Unamos nuestras plegarias a las de nuestro Señor Jesús, y digamos: R/ Señor, escucha a tu pueblo.
Por aquellos cuyo amor ha sido traicionado o rechazado, roguemos al Señor.
Por las personas que están ahora afrontando la muerte, para que se pongan con confianza en las manos del Señor, roguemos al Señor.
Por todos los que sufren y tienen que tomar decisiones difíciles, para que Dios sea su fuerza e inspiración, roguemos al Señor.
Por todos los cristianos, para que busquemos la presencia del Señor en la Eucaristía, roguemos al Señor.
Señor, quédate con nosotros. Te queremos, ahora y por los siglos de los siglos.
Oración sobre las Ofrendas
Alabanza sea dada a ti, Dios eterno,
porque nos invitas al banquete eucarístico de tu Hijo.
Que nosotros, discípulos de Jesús hoy,
comamos este pan de amor y fortaleza
y bebamos este vino de alegría,
para que nuestra confianza en ti
no se desvanezca nunca
y para que nos amemos unos a otros
en días de alegría y en tiempo de dolor.
Te lo pedimos por medio de Jesucristo, nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Dios, salvador nuestro:
Nos abriste las puertas a la Vida
cuando Jesús se entregó por nosotros
Su cruz fue el signo de la nueva y eterna alianza
que sellaste con tu Pueblo.
Gracias por permitirnos celebrar,
en conmemoración suya,
este sacrificio que nos trae vida
y nos une por el amor.
Toda gratitud y alabanza a ti,
por medio de Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: ¡Qué bueno poder estar con el Señor esta Semana Santa! Tenemos la oportunidad única de reflexionar sobre el inmenso amor con que Dios nos ama. ¿Cómo respondemos a su amor total? ¿En qué medida lo hacemos resonar y lo reflejamos a los hermanos alrededor nuestro? Especialmente ustedes, padres y abuelos, ¿qué hacen para que sus hijos o nietos perciban y sientan el amor de Dios en ustedes? Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.
