Martes de la Semana Santa

Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I,II

Introducción

EL SERVIDOR PERFECTO

El evangelio de hoy nos presenta tres personas:

La primera es un hombre preocupado por sus propios intereses y necesidades, su satisfacción egoísta. No es una persona libre; no está abierta a Cristo, porque está sirviendo al dinero y a la codicia. Traicionará a Jesús. Este hombre es Judas.

Después, hay un segundo hombre, una buena persona, abierta a Cristo, pero débil. Trata de ocultar su fragilidad con valentía impetuosa y autosuficiente. Pero huye a la hora de la prueba. Negará a Jesús. Esta persona es Pedro.

La tercera persona es Jesús. Él es totalmente desinteresado y generoso, totalmente abierto a Dios y a todo el mundo. Es el perfecto servidor, la persona-para-otros, que viene descrito de nuevo hoy en la Primera Lectura con las palabras del Segundo Canto del Siervo de Dios. Y, porque fue el siervo perfecto, pudo salvarnos a todos.

Oración Colecta

Señor Dios nuestro:
Tu Hijo Jesucristo
tuvo que sufrir la humillación
de ser negado y traicionado
por aquellos a quienes llamaba sus amigos.
Pero convirtió su Pasión y su muerte
en instrumentos de amor y reconciliación.
Haznos, como él, “personas-para-los-demás”,
que aceptemos dificultades,
incluso incomprensiones y traiciones
de nuestros mejores amigos,
y que las transformemos
en fuentes de vida y alegría
para todos los que nos rodean.
Guárdanos siempre fieles a ti y los unos a los otros.
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Salmo Responsorial

Salmo 70, 1-2. 3-4a. 5-6ab. 15 y 17

R. (cf 15) En ti, Señor, he puesto mi esperanza.
Señor, tú eres mi esperanza,
que no quede yo jamás defraudado.
Tú, que eres justo, ayúdame y defiéndeme;
escucha mi oración y ponme a salvo.
R. En ti, Señor, he puesto mi esperanza.
Sé para mí un refugio,
ciudad fortificada en que me salves.
Y pues eres mi auxilio y mi defensa,
líbrame, Señor, de los malvados.
R. En ti, Señor, he puesto mi esperanza.
Señor, tú eres mi esperanza;
desde mi juventud en ti confío.
Desde que estaba en el seno de mi madre,
y me apoyaba en ti y tú me sostenías.
R. En ti, Señor, he puesto mi esperanza.
Yo proclamaré siempre tu justicia
y a todas horas, tu misericordia.
Me enseñaste a alabarte desde niño
Y seguir alabándote es mi orgullo.
R. En ti, Señor, he puesto mi esperanza.

Aclamación antes del Evangelio

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor Jesús, rey nuestro,
para obedecer al Padre, quisiste ser llevado a la cruz
como manso cordero al sacrificio.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio

Juan 13, 21-33. 36-38

Uno de ustedes me entregará

El evangelio de hoy nos presenta tres personas: La primera es un hombre preocupado por sus propios intereses y necesidades, su satisfacción egoísta. No es una persona libre; no está abierta a Cristo, porque sirve al dinero y a la codicia. Y traicionará a Jesús. Este hombre es Judas. Después, hay un segundo hombre, una buena persona, abierta a Cristo pero débil. Trata de ocultar su fragilidad bajo una actitud impetuosa y autosuficiente. Pero huye a la hora de la prueba. Negará a Jesús. Esta persona es Pedro. La tercera persona es Jesús. Él es totalmente desinteresado y generoso, totalmente abierto a Dios y a todo el mundo. Es el perfecto servidor, la persona-para-otros, para todos, que describe la Primera Lectura con las palabras del Segundo Canto del Siervo de Yahvé.

En aquel tiempo, cuando Jesús estaba a la mesa con sus discípulos, se conmovió profundamente y declaró: "Yo les aseguro que uno de ustedes me va a entregar". Los discípulos se miraron perplejos unos a otros, porque no sabían de quién hablaba. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, se hallaba reclinado a su derecha. Simón Pedro le hizo una seña y le preguntó: "¿De quién lo dice?" Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: "Señor, ¿quién es?" Le contestó Jesús: "Aquel a quien yo le dé este trozo de pan, que voy a mojar". Mojó el pan y se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote; y tras el bocado, entró en él Satanás.

Jesús le dijo entonces a Judas: "Lo que tienes que hacer, hazlo pronto". Pero ninguno de los comensales entendió a qué se refería; algunos supusieron que, como Judas tenía a su cargo la bolsa, Jesús le había encomendado comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el bocado, salió inmediatamente. Era de noche.

Una vez que Judas se fue, Jesús dijo: "Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.

Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Me buscarán, pero como les dije a los judíos, así se lo digo a ustedes ahora: 'A donde yo voy, ustedes no pueden ir' ". Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿a dónde vas?" Jesús le respondió: "A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; me seguirás más tarde". Pedro replicó: "Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti". Jesús le contestó: "¿Conque darás tu vida por mí? Yo te aseguro que no cantará el gallo, antes de que me hayas negado tres veces".

Oración de los Fieles

Tanto amó Dios al mundo que entregó su único Hijo para salvarnos y darnos vida con su muerte y resurrección. Roguemos a Jesús por todos los que sufren y digámosle: R/ Señor, por tu cruz redimiste al mundo.

Por aquellos cuyos ideales se han desvanecido, para que sepan ver y aceptar todavía la novedad de vida y se renueven constantemente a sí mismos, roguemos al Señor.
Por los eternos perdedores en sus luchas personales contra las fuerzas del mal, para que confíen en Cristo, cuya gracia es más poderosa que el pecado y que la muerte, roguemos al Señor.
Por los que viven solos, alejados, o encerrados en sí mismos, para que acepten la compañía de Cristo, y, por medio de él se abran a otros, roguemos al Señor.
Por todos nosotros, para que aprendamos de nuestro Señor mismo a cargar nuestras cruces con paciencia y humildad, para que de alguna manera nos traigan vida, a nosotros y a nuestros prójimos,roguemos al Señor.
Por los miembros de esta nuestra comunidad, para que como Jesús, nuestro Salvador, seamos pobres, serviciales, abiertos y sensibles a todas las necesidades, roguemos al Señor.
Señor Jesucristo, tu cruz sigue siendo para nosotros un misterio, como todos los dolores y necesidades que nos laceran. Sin embargo, confiamos en tu palabra y ejemplo de que ése es un camino de alegría y libertad. Transforma nuestras cruces, y hazlas portadoras de vida y felicidad, ahora y por los siglos de los siglos.

Oración sobre las Ofrendas

Señor Dios, Padre amoroso:
En la noche antes de entregarse a la muerte,
tu Hijo Jesús se dio a sí mismo a sus amigos
en forma de pan para ser comido
y en forma de vino para ser tomado y compartido.
Mientras estamos reunidos aquí para este santo banquete,
te pedimos que tu Hijo se dé de nuevo a nosotros,
para que aprendamos de él
a entregarnos generosamente los unos a los otros
y que la fuerza para ello venga
del mismo Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión

Señor Dios y Padre nuestro:
En este banquete de Jesús, tu Hijo,
hemos comido el pan de fidelidad.
Como Judas o Pedro,
nosotros también a veces lo traicionamos,
cuando rompimos nuestra amistad contigo
y cuando negamos a nuestro prójimo
el derecho a ser libre y feliz.
Queremos que, de ahora en adelante,
él sea nuestra fuerza para llevar justicia y dignidad
aun a los últimos y menos considerados
entre nuestras hermanas y hermanos.
Que sea él también nuestra fuerza
para construir entre todos
tu comunidad de alegría y esperanza,
en la que viva Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro
por los siglos de los siglos.

Bendición

Hermanos: Una de las experiencias más tristes en la vida es ver el amor y la confianza de uno incomprendidos, negados, o incluso traicionados. Ésta fue la suerte de Jesús. Él sufrió por ello; sin embargo,lo aceptó voluntariamente en orden a deshacer nuestras deslealtades y traiciones. Por eso su mismo amor y lealtad al Padre y a nosotros fueron tan lejos como se pueda imaginar: hasta la muerte. Y así como conquistó para nosotros el valor para amar sin contar el precio y para ser fieles hasta el fin. Que el Señor nos colme con su bendición. Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

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