LUNES DE SEMANA SANTA
Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
Servidor de los pobres
La Semana Santa es para nosotros el tiempo en que meditamos sobre la muerte salvadora de nuestro Señor. Los días de su sufrimiento se acercan. La Primera Lectura nos ofrece el primero de los famosos cánticos de Isaías sobre el Siervo de Yahvé. La liturgia de la Semana Santa caracteriza a Jesús como el Siervo Sufriente de Yahvé. Este primer cántico habla, quizás directamente, sobre la actitud y la misión del pueblo de Dios, pero encontramos esas actitudes plenamente ejemplificadas en Jesús, el perfecto Siervo de Dios y siervo del pueblo. En esta lectura se nos muestra cómo el Siervo de Dios vino a servir a los pobres y a los que sufren, trayéndoles justicia y libertad, y luz en la oscuridad para todos; él será la Alianza viviente para nosotros, el pueblo, uniéndonos con Dios y con nuestras hermanas y hermanos. Todo esto lo hizo por nosotros por medio de su muerte salvadora.
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú has llamado a los hombres
a ser servidores unos de otros
en la causa por la justicia y la misericordia.
Tú nos mostraste en Jesús, tu Hijo,
qué significa servir
y cuánto nos puede costar el servicio.
Llénanos con el Espíritu de Jesús,
para que no quebremos a los débiles
ni rechacemos a los que andan a tientas en la oscuridad.
Que él nos enseñe a servir y a amar,
con compasión hacia los desamparados
y respeto hacia los más pobres y pequeños,
juntamente con Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Sobre Él he puesto mi espíritu
El primero de los famosos cánticos de Isaías profetiza que el sacrificio del Siervo de Yahvé limpiará la tierra, hará soplar su viento abrasador y justiciero y tenderá para nosotros una tienda que será sombra y refugio de salvación.
Miren a mi siervo, a quien sostengo,
a mi elegido, en quien tengo mis complacencias.
En él he puesto mi espíritu,
para que haga brillar la justicia sobre las naciones.
No gritará, no clamará, no hará oír su voz por las calles;
no romperá la caña resquebrajada,
ni apagará la mecha que aún humea.
Promoverá con firmeza la justicia,
no titubeará ni se doblegará
hasta haber establecido el derecho sobre la tierra
y hasta que las islas escuchen su enseñanza.
Salmo Responsorial
R. (1a) El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién voy a tenerle miedo?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién podrá hacerme temblar?
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
Cuando me asaltan los malvados
para devorarme,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
Aunque se lance contra mí un ejército,
no temerá mi corazón;
aun cuando hagan la guerra contra mí,
tendré plena confianza en el Señor.
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
La bondad del Señor espero ver
en esta misma vida.
Armate de valor y fortaleza
y en el Señor confía.
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor Jesús, rey nuestro,
sólo tú has tenido compasión de nuestras faltas.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
María ungió a Jesús
La Semana Santa nos invita una vez más a actualizar y dejarnos interpelar por la Pasión, muerte y Resurrección salvadora de nuestro Señor Jesús. Los días de su sufrimiento se acercan. La liturgia de la Semana Santa caracteriza a Jesús como el Siervo de Yahvé que vino a servir a los pobres y a los que sufren, trayéndoles justicia, libertad y luz. Él será la Alianza viviente para nosotros.
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy costoso, le ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con la fragancia del perfume.
Entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregar a Jesús, exclamó: "¿Por qué no se ha vendido ese perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?" Esto lo dijo, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía a su cargo la bolsa, robaba lo que echaban en ella.
Entonces dijo Jesús: "Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán".
Mientras tanto, la multitud de judíos, que se enteró de que Jesús estaba allí, acudió, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien el Señor había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes deliberaban para matar a Lázaro, porque a causa de él, muchos judíos se separaban y creían en Jesús.
Oración de los Fieles
La indiferencia y la rutina son quizás más paralizantes y corrosivas para la vida cristiana que las calamidades y sufrimientos agudos, ya que muchas veces no somos conscientes de ellas. Pidamos a nuestro Padre del cielo que sepamos luchar para ganar de nuevo nuestra libertad, que Cristo nos recuperó con su vida, y digamos: R/ Haz libre a tu pueblo, Señor.
Por la Iglesia, para que, como el Señor Jesucristo, rechace y rehúya posiciones de poder para compartir realmente la vida y las necesidades de su Pueblo recordándole su dignidad y comunicándole la alegría y la vida del Señor Resucitado, roguemos al Señor.
Por los resignados a vivir una vida de rutina y aburrimiento, para que respondan al reto de Cristo de crecer hasta su plena madurez, roguemos al Señor.
Por los que han entregado su libertad a la publicidad, a la presión social y al conformismo. Para que, con valentía, se decidan de nuevo a ser ellos mismos y a tomar sus vidas en sus manos, roguemos al Señor.
Por los que luchan contra la injusticia y la opresión, para que no los mueva el odio ni el deseo de revancha sino que se dejen guiar por un genuino amor e interés por su prójimo, roguemos al Señor.
Por todos los que tienen miedo a la muerte, para que confíen en Cristo, que venció a la muerte con la cruz y la transformó en regalo de vida, roguemos al Señor
Señor, Dios nuestro, la muerte leal de tu Hijo hizo posible para nosotros llegar a ser personas libres y descubrir la alegría en su plenitud. Que, a través de su muerte y resurrección, las penas y tormentas de la vida se conviertan en instrumentos de la libertad, la alegría y la felicidad prometidas a nosotros por Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Con tu Hijo en medio de nosotros,
nosotros, tu Pueblo, te pedimos hoy:
que nos otorgues, bondadoso,
la justicia de tu amor y tu perdón
y que nos ayudes
a establecer una verdadera justicia en la tierra,
para que nosotros, el pueblo de tu eterno amor,
nunca seamos escándalo para nuestro prójimo,
sino siervos humildes
y signos de esperanza y alegría para todos.
Que ésta sea nuestra ofrenda para ti hoy,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Por el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo
nos llamas a servir a la causa de lo justo y bueno.
Te pedimos que aliente en nosotros, tu pueblo,
el Espíritu de justicia de tu Hijo,
y que él mismo, Jesús, nos tome de la mano
y nos haga fuente de unidad y de luz
para los pobres y ciegos de hoy,
y para los que sinceramente buscan amor y verdad.
Quédate con nosotros, tu pueblo.
Te lo pedimos por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Sabemos que en estos días de Semana Santa, Jesús el Señor nos conducirá de la muerte a la vida, si aprendemos de él a amarnos y a servirnos unos a otros y a vivir los unos para los otros, aun a costa de sacrificio. Que el Señor nos dé valor para ello. Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
