ENERO 2
EL MESÍAS ENTRE NOSOTROS
Otras Celebraciones para este Día:
Ciclo Litúrgico: A,B,C
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios y Señor nuestro:
Tu Hijo vive entre nosotros,
pero nosotros no lo conocemos bastante.
Y la gente tampoco lo conoce lo suficiente,
porque no lo ve ni dentro de nosotros ni en medio de nosotros.
Haz que seamos su voz
–aunque quizás casi silenciosa y tímida–,
cuando mostremos un poco de su bondad,
de su compasión y perdón
y por el modo cómo vivimos.
No somos Cristo, el Ungido, el Mesías,
pero querríamos ser su humilde señal y su voz,
porque él es nuestro Salvador y Señor
por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
En su primera carta, el evangelista Juan, probablemente reaccionando contra los gnósticos, que creían que el ser humano debe salvarse a sí mismo, categóricamente afirma que Jesús es el Mesías, el Ungido (Cristo) en medio de nosotros y, definitivamente, nuestro Señor y Salvador.
Hijos míos: ¿Quién es el mentiroso, sino aquel que niega que Jesús es Cristo? Ése es el anticristo, porque niega al Padre y al Hijo. Nadie que niegue al Hijo posee al Padre; pero quien reconoce al Hijo, posee también al Padre.
Que permanezca, pues, en ustedes lo que desde el principio han oído. Si permanece en ustedes lo que han oído desde el principio, también ustedes permanecerán en el Hijo y en el Padre. Ésta es la promesa que él mismo nos hizo: la vida eterna.
Les he escrito esto, pensando en aquellos que tratan de inducirlos al error. Recuerden que la unción que de él han recibido, permanece en ustedes y no necesitan enseñanzas de nadie; esta unción, que es verdad y no mentira, los ilustra a través de todas las cosas; permanezcan, pues, en él, como la unción les enseña.
Así pues, hijos míos, permanezcan en él, para que, cuando él se manifieste, tengamos plena confianza y no nos veamos confundidos por él en el día de su venida.
Salmo Responsorial
R.(3a) Cantemos la grandeza del Señor.
Cantemos al Señor un canto nuevo,
pues ha hecho maravillas.
Su diestra y su santo brazo
le han dado la victoria.
R. Cantemos la grandeza del Señor.
El Señor ha dado a conocer su victoria
y ha revelado a las naciones su justicia.
Una vez más ha demostrado Dios
su amor y su lealtad hacia Israel.
R. Cantemos la grandeza del Señor.
La tierra entera ha contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Que todos los pueblos y naciones
aclamen con júbilo al Señor
R. Cantemos la grandeza del Señor.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
En distintas ocasiones y de muchas maneras
habló Dios en el pasado a nuestros padres,
por boca de los profetas.
Ahora, en estos tiempos,
nos ha hablado por medio de su Hijo.
R. Aleluya.
Evangelio
Con Juan el Bautista en el evangelio de hoy, nosotros, y con nosotros toda Ia Iglesia, tenemos que afirmar rotundamente que aunque no somos Cristo tenemos que ser su voz, sobre todo por la forma cómo vivimos. Nuestras vidas tienen que apuntarle y señalarlo a él.
Éste es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: "¿Quién eres tú?"
Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó: "Yo no soy el Mesías". De nuevo le preguntaron: "¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?" Él les respondió: "No lo soy". "¿Eres el profeta?" Respondió: "No". Le dijeron: "Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?" Juan les contestó: "Yo soy la voz que grita en el desierto: 'Enderecen el camino del Señor', como anunció el profeta Isaías".
Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: "Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?" Juan les respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias".
Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.
Oración de los Fieles
Señor Dios, te pedimos hoy por esta comunidad de discípulos tuyos que quiere anunciarte en su vida cotidiana. Por eso te decimos: R/Queremos llevar tu Luz a este mundo a oscuras.
- Para que la Iglesia y todos nosotros formemos una sola voz que apunte y señale a Cristo como nuestra vida y como la fuente de nuestra fe y de nuestra felicidad, roguemos al Señor.
- Especialmente por nuestros sacerdotes, religiosos y catequistas, que por vocación son para los otros señales de la ruta que conduce a Cristo: para que su palabra y su estilo de vida conduzcan al pueblo hacia él, roguemos al Señor.
- Por los miles de millones de hombres y mujeres que todavía no conocen a Cristo, para que un día puedan descubrirlo, y que él dé sentido a sus vidas, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios nuestro, Padre amoroso:
Tú vienes a nosotros como una persona humana,
humano como nosotros y cercano a nosotros
en tu Hijo Jesucristo.
Danos una fe en él viva y profunda,
para que vivamos en él
y nos sintamos cercanos a él
en todo lo que decimos y hacemos.
Porque él es nuestro Dios y Señor,
y aun así, nuestro hermano que nos ama.
Te lo pedimos
por medio del mismo Cristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Padre de Jesucristo:
Tu Hijo nos ha hablado con su Palabra
y nos ha alimentado con su alimento único:
su Cuerpo y su Sangre.
Ahora, al conocer a Jesús un poco mejor,
te pedimos con insistencia
que lleguemos a amarlo mucho más,
ya que de muchas maneras
él es todavía un extraño para nosotros
y a nosotros todavía nos falta mucho
para asemejarnos a él.
Que Cristo viva en nosotros
ahora y por los siglos de los siglos. Amén.
Bendición
Hermanos: ¡Ojalá pudiéramos ser voces y signos de Cristo de mayor calidad! Nuestro apremiante deseo es que nosotros mismos, y todo el mundo, lo conozcamos mejor. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.
