DÉCIMOTERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – B

El Señor de la Vida / La vida tiene la última palabra

Ciclo Litúrgico: B

Introducción

Saludo
Hermanos: Estamos ahora reunidos en el nombre de Jesús.
Él era rico, pero se hizo pobre por nuestro bien,
para hacernos ricos desde su pobreza.
Él nos trajo Vida y Salvación.
Que su gracia y su vida
estén siempre con ustedes.

Introducción del Celebrante (Dos opciones)
1. El Señor de la Vida
El Señor nos invita hoy a su mesa a celebrar, como cada vez, la vida. Porque él es el Señor de la Vida. Él nos la dio y nos la ofrenda para siempre desde su cruz y Resurrección. Él quiere que vivamos en plenitud. Que celebremos su don cada día. Incluso en el dolor y la adversidad, a su plenitud nos invita.

2. La vida tiene la última palabra
Casi todos nosotros tenemos miedo a la muerte, y nos cuesta mucho abordarla desde la fe. Muchas veces la vida se nos hace frágil y quebradiza. Y la muerte nos llega como una realidad inevitable. ¿Cómo podemos reconciliar esto con nuestra fe en un Dios que nos ha creado para vivir? No siempre vemos claro, pero al menos sabemos esto: Desde que Cristo resucitó de entre los muertos, la muerte ha sido vencida; la muerte no es el final. La vida tiene la última palabra. Pedimos a Jesús aquí y ahora, en la eucaristía, que nos toque con su poder de Vida.

Acto Penitencial
Busquemos ahora el perdón del Señor:
el pecado ha sido para nosotros
la peor enfermedad y la peor muerte
que hemos provocado en nosotros mismos.
(Pausa)
Señor Jesús, al morir por nosotros
derrotaste a la muerte
de una vez para siempre
resucitando de entre los muertos.
R/Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, tú eres el dador de la Vida:
Les devolviste la salud a los enfermos
y hasta resucitaste a los muertos.
R/Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú eres el defensor de la vida:
Curaste a los heridos por el pecado
y les devolviste su esperanza y confianza.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Que el Señor, que venció al pecado,
nos libre de todos nuestros pecados,
nos restaure a la plenitud de la vida
y nos lleve a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos al Dios de los vivos.
(Pausa)
Padre de todo lo que alienta y vive:
Tu Hijo Jesucristo tocaba a los enfermos
y se curaban y vivían.
Que él nos tome de su mano
y nos resucite del pecado y del desaliento.
Que en esta eucaristía
él nos toque con su Cuerpo y con su Sangre
y nos renueve y fortalezca de nuevo
para que vivamos su vida
y vayamos a ti por su mismo camino.
Que él nos toque con la llama de su amor
para que nuestro amor, a su vez,
pueda reanimar a otros,
especialmente a los pobres y a los que sufren.
Todo esto te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor.

Primera Lectura

Sab 1,13-15; 2,23-24

El Dios de la Vida nos hizo inmortales
Dios nos creó para vivir; fue el pecado el que introdujo la muerte en el mundo. Pero Cristo hará que la vida triunfe sobre la muerte.

13

Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes.

14

Todo lo creó para que existiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte ni el Abismo impera en la tierra.

15

Porque la justicia es inmortal.

23

Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo imagen de su propio ser;

24

pero la muerte entró en el mundo por la envidia del Diablo y sus seguidores tienen que sufrirla.

Salmo Responsorial

<span style="color: #008000">Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b</span>

R. (2a) Te alabaré, Señor, eternamente.
Te alabaré, Señor, pues no dejaste
que se rieran de mí mis enemigos.
Tú, Señor, me salvaste de la muerte
y a punto de morir, me reviviste.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.
Alaben al Señor quienes lo aman,
den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante
y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde;
por la mañana, el júbilo.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.
Escúchame, Señor, y compadécete;
Señor, ven en mi ayuda.
Convertiste mi duelo en alegría,
te alabaré por eso eternamente.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.

Segunda Lectura

2 Cor 8,7.9.13-15

Compartir y ser solidario en la Iglesia
Las comunidades que gozan de mayor bienestar deben ayudar a las más pobres, siguiendo el ejemplo de Jesús, que se hizo pobre para enriquecernos a todos.

Error: Libro o formato no reconocido: 2 Cor 8,7.9.13-15

Aclamación antes del Evangelio

<span style="color: #008000">Cfr 2 Timoteo 1, 10</span>

R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido la muerte
y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
R. Aleluya.

Evangelio

Mc 5,21-43 o Mc 5,21-24.35-43

Jesús posee el poder de dar Vida
El poder de Resurrección está obrando activamente en Jesús: regenera a los enfermos y los integra a una vida más plena, e incluso devuelve los muertos a la vida.

21

Sana a una mujer y resucita a una niña

Jesús cruzó, de nuevo [en la barca], al otro lado del lago, y se reunió junto a él un gran gentío. Estando a la orilla

22

llegó un jefe de la sinagoga llamado Jairo, y al verlo se postró a sus pies

23

y le suplicó insistentemente:
—Mi hijita está agonizando. Ven e impón las manos sobre ella para que sane y conserve la vida.

24

Se fue con él. Lo seguía un gran gentío que lo apretaba por todos lados.

25

Una mujer que llevaba doce años padeciendo hemorragias,

26

que había sufrido mucho en manos de distintos médicos gastando todo lo que tenía, sin obtener mejora alguna, al contrario, peor se había puesto,

27

al escuchar hablar de Jesús, se mezcló en el gentío, y por detrás le tocó el manto.

28

Porque pensaba: Con sólo tocar su manto, quedaré sana.

29

Al instante desapareció la hemorragia, y sintió en su cuerpo que había quedado sana.

30

Jesús, consciente de que una fuerza había salido de él, se volvió a la gente y preguntó:
—¿Quién me ha tocado el manto?

31

Los discípulos le decían:
—Ves que la gente te está apretujando, y preguntas ¿quién te ha tocado?

32

Él miraba alrededor para descubrir a la que lo había tocado.

33

La mujer, asustada y temblando, porque sabía lo que le había pasado, se acercó, se postró ante él y le confesó toda la verdad.

34

Él le dijo:
—Hija, tu fe te ha sanado. Vete en paz y sigue sana de tu dolencia.

35

Aún estaba hablando cuando llegaron algunos de la casa del jefe de la sinagoga y dijeron:
—Tu hija ha muerto. No sigas molestando al Maestro.

36

Jesús, sin hacer caso de lo que decían, dijo al jefe de la sinagoga:
—No temas, basta que tengas fe.

37

Y no permitió que lo acompañara nadie, salvo Pedro, Santiago y su hermano Juan.

38

Llegaron a casa del jefe de la sinagoga, vio el alboroto y a los que lloraban y gritaban sin parar.

39

Entró y les dijo:
—¿A qué viene este alboroto y esos llantos? La muchacha no está muerta, sino dormida.

40

Se reían de él. Pero él, echando afuera a todos, tomó al padre, a la madre y a sus compañeros y entró adonde estaba la muchacha.

41

Sujetando a la niña de la mano, le dijo:
—Talitha qum, que significa: Chiquilla, te lo digo a ti, ¡levántate!

42

Al instante la muchacha se levantó y se puso a caminar –tenía doce años–. Ellos quedaron fuera de sí del asombro.

43

Entonces les encargó encarecidamente que nadie se enterara de esto. Después dijo que le dieran de comer.

Oración de los Fieles

Creemos en un Dios que nos creó para la vida, para vivir. Con toda confianza presentémosle todos los sufrimientos y enfermedades del mundo y de la Iglesia, Pueblo de Dios. Repitamos después de cada petición: R/ Señor de la Vida, escucha nuestra oración.

– Para que la Iglesia continúe con compasión el ministerio de curación de Jesús; que conforte a los enfermos, libere a los oprimidos y proteja a los pobres y débiles, oremos.
– Para que en este mundo nuestro, que malvive con hambre de alimento material y también de valores espirituales, las iglesias y naciones influyentes compartan generosamente con los que tienen menos y viven en angustiosa necesidad, oremos.
– Para que el personal de la salud, doctores y enfermeros(as), y todos los que cuidan de enfermos y discapacitados tengan un gran respeto por la vida y se sientan positivamente inspirados para cumplir su misión, tan humana y tan cristiana, oremos.
– Oremos también para que la fe y esperanza de los enfermos y moribundos sean firmes, ancladas en nuestro Señor Jesucristo, que es la Resurrección y la vida. Que con él sepan aceptar sus sufrimientos con paciencia y, cuando llegue el momento, sepan aceptar la muerte como paso a la vida definitiva, oremos.
– Para que, en nuestras comunidades cristianas, nos sintamos responsables y serviciales los unos de los otros, tratándonos como el Señor nos trata, con afectuosa solicitud; y que nos podamos enriquecer mutuamente con los buenos dones de mente y de corazón, oremos.

Oh Dios, a ti debemos nuestra existencia; de ti nos viene todo lo bueno; ayúdanos a vencer a la muerte y al mal por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, Padre todopoderoso,
acepta los dones de pan y vino
que ahora confiadamente traemos ante ti
y transfórmalos con el poder del Espíritu Santo;
que se conviertan para nosotros
en pan y vino de Resurrección y de Vida.
Por medio de este sacramento
cámbianos en un Pueblo de alegría y esperanza,
que vayamos juntos por el camino de la vida
siguiendo fielmente a Jesucristo, nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Nos unimos ahora a Cristo en su alabanza al Padre. Como Pueblo de Dios y Cuerpo místico de Cristo, transformémonos en signos de su Amor salvador para todos.

Invitación al Padre Nuestro
Oremos a nuestro Padre celestial
con la plegaria de Jesús, que se hizo pobre
para enriquecernos a todos
y entregarnos su vida:
R/ Padre nuestro...

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de las fuerzas del mal
que oscurecen nuestra vida:
guerras y odio, miedo y violencia,
y el último enemigo, la muerte.
Que el poder de Cristo resucitado
obre eficazmente en nosotros
para que podamos vencer al pecado
y caminar juntos con alegría y esperanza
hacia nuestro encuentro permanente
con Aquel que venció a la muerte,
Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.
R/ Tuyo es el Reino...

Invitación a la Comunión
Este es Jesucristo, el Señor,
quien un día dijo:
“Yo soy la Resurrección y la Vida.”
Dichosos nosotros invitados
a comer el Pan de Vida que nos sustenta
y que nos asegura la vida eterna.
R/ Señor, no soy digno...

Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre todopoderoso:
nos acabas de dar ahora
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo
como fuente del poder transmisor de vida.
No nos permitas dejar improductivo este regalo,
sino más bien ayúdanos
a usarlo como una fuerza alentadora
para levantar a los hermanos
que comparten vida con nosotros,
y construir juntos un mundo
de reconciliación, compasión y justicia.
Y ojalá que así la vida de Jesús resucitado
obre ya en nosotros ahora,
hasta que nos resucites en el último día
por medio del mismo Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición
Hemos partido pan con el Señor y recordamos sus palabras: “Los que comen mi carne y beben mi sangre tienen la vida eterna y yo los resucitaré en el último día.” Dios quiere que vivamos; y Jesús nos nutre con su Pan de Vida. ¡Ah! Pues somos los vivientes, vivamos esta vida a tope y que el Dios todopoderoso los bendiga a todos ustedes, el Padre, y el Hijo y el Espíritu Santo.

Scroll to Top