DECIMOSÉPTIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MIÉRCOLES
EL TESORO ESCONDIDO DEL REINO DE DIOS
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios, Padre nuestro:
Nuestro corazón permanece inquieto
hasta que haya descubierto la paz que tú nos ofreces
en tu Hijo Jesucristo.
Ayúdanos a poner nuestra confianza y alegría
no en cosas frágiles, perecederas,
sino en tu Hijo, en su Buena Nueva de Salvación,
y en el Reino que vino a instaurar entre nosotros.
Haznos pobres de espíritu y receptivos;
danos a cada uno de nosotros un corazón atento y sabio
para seguir buscando hasta que te encontremos a ti
en Jesús y en nuestros hermanos.
Te lo pedimos por el mismo Cristo, Señor nuestro,
que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo
Y es Dios por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
El resplandor en la cara de Moisés refleja su íntima relación con Dios. Moisés es el profeta, el líder, el mediador entre Dios y su Pueblo, el reconciliador.
Efectos de la teofanía
Cuando Moisés bajó del monte Sinaí llevaba las dos tablas de la alianza en la mano; no sabía que tenía radiante la cara por haber hablado con el Señor.
Pero Aarón y todos los israelitas vieron a Moisés con la cara radiante, y no se atrevieron a acercarse a él.
Cuando Moisés los llamó, se acercaron Aarón y los jefes de la comunidad, y Moisés les habló.
Después se acercaron todos los israelitas, y Moisés les comunicó las órdenes que el Señor le había dado en el monte Sinaí.
Y cuando terminó de hablar con ellos, se echó un velo sobre la cara.
Cuando Moisés acudía al Señor para hablar con él, se quitaba el velo hasta la salida. Cuando salía, comunicaba a los israelitas lo que le habían mandado.
Los israelitas veían la cara radiante, y Moisés se volvía a echar el velo sobre la cara, hasta que volvía a hablar con Dios.
Evangelio
¿Ustedes venderían todo lo que tienen por poseer un tesoro escondido o la perla más fina que existe? ¿Y si ese tesoro escondido o esa perla fueran el Reino de Dios? Dos parábolas preciosas nos sacuden el orden de prioridades con el que vivimos los que decimos seguir al Señor de la Vida.
Parábola del tesoro escondido
El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo: lo descubre un hombre, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, vende todas sus posesiones para comprar aquel campo.
Parábola de la perla fina
El reino de los cielos se parece a un comerciante de perlas finas:
al descubrir una de gran valor, va, vende todas sus posesiones y la compra.
Oración de los Fieles
– Por todos los cristianos. Para que amen su fe y su vida en Cristo y sigan viviendo según sus convicciones, roguemos al Señor.
– Por los gobernantes y líderes de las naciones. Para que, mientras trabajan por la prosperidad y progreso, no pierdan de vista lo que es verdaderamente esencial: la gente, la dignidad de las personas, y los más profundos valores humanos, roguemos al Señor.
– Por nuestros jóvenes, para que sus padres y la Iglesia les transmitan su fe viva y el espíritu de servicio tanto a Dios como a los hombres, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Crea entre ti y en nosotros una comunión sana de amor.
Ven a nosotros en tu Hijo Jesucristo,
en esta eucaristía y en nuestra vida de cada día;
y reina en nosotros,
toma posesión de nosotros
para decidir y perdonar,
para santificar e iluminar,
para dirigirnos y renovarnos por tu gracia.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Dios, Padre nuestro:
En esta celebración eucarística
nos has dado de nuevo a tu propio Hijo Jesucristo.
Que él sustente en nosotros el crecimiento de tu Reino.
Que abra nuestros ojos a la bondad
y, al mismo tiempo, al valor relativo
de las cosas de este mundo.
Y que él nos ayude a percatarnos
de que nuestra personalidad y existencia humanas
no son más que la manera concreta
por las que nos tú llamas
y por las que nosotros respondemos a tu llamada
para construir tu Reino en nuestro mundo.
Te los pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.
Bendición
Hermanos: Sabemos que Dios nos tiene gran cariño. Ojalá Dios, nuestra fe y el Reino sean nuestra alegría y nuestro tesoro. Que Dios sea nuestra felicidad. Y que él nos bendiga bondadosamente, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Que esta bendición permanezca para siempre.
