DECIMOSÉPTIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES
EL CAMPO DEL MUNDO
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro,
sembrador y amante de todo lo bueno:
A veces somos impacientes
con las debilidades humanas de tu Iglesia,
tanto de sus líderes como de sus miembros.
Ayúdanos a no condenar tan fácilmente,
sino a mirar nuestros propios defectos,
y a trabajar con todas nuestras fuerzas
para poder revelar en nosotros y en la Iglesia
el rostro genuino de Jesús,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
El Libro del Éxodo nos da aquí un lindo ejemplo del tierno amor del Dios de la Alianza para con su Pueblo, a veces rebelde y caprichoso. Él sigue protegiéndolos y haciéndose presente. Su presencia es muy íntima, sobre todo para Moisés. Por eso su rostro resplandece.
Moisés en la tienda del encuentro
Moisés tomó la tienda y la plantó fuera, a distancia del campamento, y la llamó: Tienda del encuentro. El que tenía que consultar al Señor, salía fuera del campamento y se dirigía a la tienda del encuentro.
Cuando Moisés salía en dirección a la tienda, todo el pueblo se levantaba y esperaba a la entrada de sus tiendas, siguiendo con la vista a Moisés hasta que entraba en la tienda;
en cuanto él entraba, la columna de nube bajaba y se quedaba a la entrada de la tienda, mientras el Señor hablaba con Moisés.
Cuando el pueblo veía la columna de nube parada a la puerta de la tienda, se levantaba y se arrodillaba cada uno a la entrada de su tienda en actitud de adoración.
El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con un amigo. Después él volvía al campamento, mientras que Josué, hijo de Nun, su joven ayudante, no se apartaba de la tienda.
El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el Nombre del Señor.
El Señor pasó ante él proclamando: el Señor, el Señor, el Dios compasivo y clemente, paciente, rico en bondad y lealtad,
que conserva la misericordia hasta la milésima generación, que perdona culpas, delitos y pecados, aunque no deja impune y castiga la culpa de los padres en los hijos, nietos y bisnietos.
Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra.
Y le dijo:
–Si gozo de tu favor, venga mi Señor con nosotros, aunque seamos un pueblo de cabeza dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como tu pueblo.
Moisés pasó allí con el Señor cuarenta días con sus cuarenta noches: no comió pan ni bebió agua, y escribió en las tablas las cláusulas del pacto, los diez mandamientos.
Evangelio
Jesús explica la parábola del trigo y la cizaña. El bien y el mal coexistirán siempre en la Iglesia y en el mundo, hasta que llegue el tiempo de Dios. La palabra de Dios nos ayuda a ser pacientes y comprensivos mientras sembramos el bien denodadamente.
Explicación de la parábola de la cizaña
Después, despidiendo a la multitud, entró en casa.
Se le acercaron los discípulos y le dijeron:
—Explícanos la parábola de la cizaña.
Él les contestó:
—El que sembró la semilla buena es el Hijo del Hombre;
el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los súbditos del Maligno;
el enemigo que la siembra es el Diablo; la cosecha es el fin del mundo; los cosechadores son los ángeles.
Como se junta la cizaña y se echa al fuego, así sucederá al fin del mundo:
El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles que recogerán de su reino todos los escándalos y los malhechores;
y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el crujir de dientes.
Entonces, en el reino de su Padre, los justos brillarán como el sol. El que tenga oídos que escuche.
Oración de los Fieles
– Para que la oración íntima con el Señor ilumine nuestros rostros y nuestras vidas, como lo hizo con Moisés, roguemos al Señor.
– Para que, aunque nuestra responsabilidad en la Iglesia sea humilde, el Espíritu del Señor nos otorgue la fuerza y el valor para hablar claro y promover eficazmente todo lo que es justo, verdadero y bueno, roguemos al Señor.
– Para que, en lugar de querer separar la cizaña del trigo, trabajemos cada día por ser mejores, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Por el bien de tu Alianza te pedimos el pan de fortaleza
de tu Hijo Jesucristo.
Que él nos cure de todos nuestros males
y nos dirija a ti, Dios nuestro,
que eres nuestra confianza y esperanza
ahora y por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tú quieres que seamos contigo y como tú,
en este nuestro mundo,
sembradores de bondad,
de esperanza y paz, de alegría y libertad.
Cuenta con nosotros, tal como somos,
con nuestras cualidades y defectos,
para que participemos de la Pasión
y Resurrección de tu Hijo
y llevemos a este mundo a un nuevo renacer
por medio de quien es nuestro Salvador,
Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Dios hace brillar el sol igualmente sobre buenos y sobre malos. Dejemos que Dios sea quien juzgue. Roguemos para que nos guarde siempre fieles él. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
