DECIMOSEGUNDA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO VIERNES
UN CORAZÓN COMPASIVO
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús nos reveló tu amor,
compasivo y sanador.
Que su presencia aquí en medio de nosotros
nos llene con su poder de compartir
las miserias de nuestro prójimo.
Que nuestras palabras sean como bálsamo
sobre heridas abiertas en sus corazones
y que nuestras acciones traigan curación
a todos los que nos rodean.
Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor.
Primera Lectura
Dios anuncia a Abrahán que su descendencia llegará, a pesar de su avanzada edad y la de su esposa Sara. En Isaac fundará su Promesa para toda la eternidad.
Alianza del Señor con Abrán
Cuando Abrán tenía noventa y nueve años, se le apareció el Señor y le dijo: –Yo soy Dios Todopoderoso. Camina en mi presencia y sé honrado,
Dios añadió a Abrahán:
–Tú guarda la alianza que hago contigo y tus descendientes futuros.
Ésta es la alianza, que hago con ustedes y con sus descendientes futuros y que han de guardar: todos los varones deberán ser circuncidados;
Sara
Dios dijo a Abrahán:
–Saray, tu mujer, ya no se llamará Saray, sino Sara.
La bendeciré y te dará un hijo y lo bendeciré; de ella nacerán pueblos y reyes de naciones.
Abrahán cayó rostro en tierra y se dijo sonriendo:
–¿Un centenario va a tener un hijo, y Sara va a dar a luz a los noventa?
Y Abrahán dijo a Dios:
–Me contento con que Ismael viva bajo tu protección.
Dios replicó:
–No; es Sara quien te va a dar un hijo, a quien llamarás Isaac; con él estableceré mi alianza y con sus descendientes, una alianza perpetua.
En cuanto a Ismael, escucho tu petición: lo bendeciré, lo haré fecundo, lo haré multiplicarse sin medida, engendrará doce príncipes y haré de él un pueblo numeroso.
Pero mi alianza la establezco con Isaac, el hijo que te dará Sara el año que viene por estas fechas.
Cuando Dios terminó de hablar con Abrahán se retiró.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Cristo hizo suyas nuestras debilidades
y cargó con nuestros dolores.
R. Aleluya.
Evangelio
Inmediatamente después del Sermón de la Montaña, Mateo nos narra una serie de milagros de Jesús. El primero de ellos es el evangelio de hoy: la curación de un leproso. Jesús había hablado con poder; ahora actúa con poder; Jesús había hablado de la ley del amor, ahora él mismo lo pone en práctica en un acto de ayuda compasiva a un marginado y proscrito. Tengamos presente que en la Biblia la lepra está unida muy de cerca al pecado, y que es como un signo físico del mismo pecado. Honremos a nuestro Señor Jesús en su compasión y perdón.
Sana a un leproso
Cuando bajaba del monte le seguía una gran multitud.
Un leproso se le acercó, se postró ante él y le dijo:
—Señor, si quieres, puedes sanarme.
Él extendió la mano y le tocó diciendo:
—Lo quiero, queda sano.
Y en ese instante se sanó de la lepra.
Jesús le dijo:
—No se lo digas a nadie; ve a presentarte al sacerdote y, para que les conste, lleva la ofrenda establecida por Moisés.
Oración de los Fieles
– Con todos los que buscan perdón y reconciliación, clamamos a ti, Señor.
– Con todos los que han encontrado perdón y que también saben perdonar, te damos gracias, Señor.
– Con todos los rechazados y excluidos por sus comunidades, clamamos a ti, Señor.
– Con todos los que acogen a sus hermanos y restauran su dignidad, te alabamos, Señor.
– Con todos los que ocultan con soberbia sus sufrimientos, clamamos a ti, Señor.
– Con todos los que los comparten humildemente con los demás y los inspiran, te alabamos, Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Tú eres bueno con nosotros.
Con estos dones de pan y vino
te ofrecemos ahora el sacrificio de Jesús
que, con su muerte, nos otorgó tu perdón.
Reconcílianos contigo y con los hermanos
Y sigue limpiándonos de la lepra
de la soberbia y de la dureza de corazón,
que desfiguran en nosotros
el rostro de Jesucristo, nuestro Señor,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús nos ha hablado a nosotros
con palabras y acciones de curación.
Él ha respondido con el don de sí mismo
a nuestra súplica de perdón
y de nueva esperanza en nuestra vida.
Haznos a nosotros capaces también
de tender bondadosamente nuestras manos
a los que sufren y padecen,
y de tocarlos con nuestro amor.
Y que nuestra ayuda compasiva
alcance, sobre todo
a los afligidos, marginados y excluidos
de este nuestro frío mundo.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.
Bendición
Puesto que hemos pecado, nosotros también deberíamos acercarnos a Dios para decirle: “Señor, tú puedes limpiarme”. Él está muy dispuesto a hacerlo porque nos ama y repetidamente nos sana. Ojalá nosotros también sepamos curar y fortalecer a los hermanos que nos rodean. Con la bendición de Dios todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
