DECIMONOVENA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MIÉRCOLES

CORRECCIÓN FRATERNA

Ciclo del Leccionario: I

Introducción

Oración Colecta
Dios de misericordia y compasión:
Tu Hijo Jesucristo nos ha convocado
aunque somos pecadores.
Nosotros sabemos con gozo que tú nos has perdonado.
Cuando nuestras debilidades amenazan nuestra unidad,
recuérdanos nuestra responsabilidad recíproca.
Que tu Santo Espíritu, creador de unidad,
nos dé la fuerza para cuidarnos unos a otros
y hacer todo lo que esté de nuestra parte
para permanecer como una comunidad viva,
acogedora, y que saber perdonar,
en la que seguimos encontrándonos como hermanos
en el nombre de Jesús, Señor nuestro,
ahora y por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

Deut 34,1-12

Dios muestra a Moisés la tierra que había prometido a su pueblo. Entrarán y la ocuparán bajo el liderazgo de Josué.

1

Muerte y sepultura de Moisés1 Moisés subió de la estepa de Moab al Monte Nebo, a la cima del Fasga, que mira a Jericó, y el Señor le mostró toda la tierra: Galaad hasta Dan,

2

 el territorio de Neftalí, de Efraín y de Manasés, el de Judá hasta el Mar Occidental;

3

 el Negueb y la región del valle de Jericó, la ciudad de las palmeras hasta Soar,

4

 y le dijo:–Esta es la tierra que prometí a Abrahán, a Isaac y a Jacob, diciéndoles: Se la daré a tu descendencia. Te la he hecho ver con tus propios ojos, pero no entrarás en ella.

5

 Y allí murió Moisés, siervo del Señor, en Moab, como había dicho el Señor.

6

 Lo enterraron en el valle de Moab, frente a Bet Fegor, y hasta el día de hoy nadie ha conocido el lugar de su tumba.

7

 Moisés murió a la edad de ciento veinte años: no había perdido la vista ni había decaído su vigor.

8

 Los israelitas lloraron a Moisés en la estepa de Moab durante treinta días, hasta que terminó el tiempo del duelo por Moisés.

9

 Josué, hijo de Nun, poseía grandes dotes de prudencia, porque Moisés le había puesto las manos sobre él. Los israelitas le obedecieron e hicieron lo que el Señor había mandado a Moisés.

10

 Pero ya no surgió en Israel otro profeta como Moisés, con quien el Señor trataba cara a cara;

11

 ni semejante a él en los signos y prodigios que el Señor le envió a hacer en Egipto contra el faraón, su corte y su país;

12

 ni en la mano poderosa, en los terribles portentos que obró Moisés en presencia de todo Israel.

Aclamación antes del Evangelio

2 Corintios 5, 19

R. Aleluya, aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo,
y nos ha encomendado a nosotros
el mensaje de la reconciliación.
R. Aleluya.

Evangelio

Mateo 18, 15-20

El Señor nos enseña la corrección fraterna como un gesto de amor al prójimo que replica el que él tiene con cada uno de nosotros. Pero no una corrección de cualquier manera. Sus consejos son de toda discreción y de toda bondad para evitarnos incurrir en habladurías maliciosas. Y que la corrección parta de una sana autocrítica y del ejemplo personal que ofrecemos a los demás.

15

Sobre el perdón

Si tu hermano te ofende, ve y corrígelo, tú y él a solas. Si te escucha has ganado a tu hermano.

16

Si no te hace caso, hazte acompañar de uno o dos, para que el asunto se resuelva por dos o tres testigos.

17

Si no les hace caso, informa a la comunidad. Y si no hace caso a la comunidad considéralo un pagano o un recaudador de impuestos.

18

Les aseguro que lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.

19

Les digo también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, mi Padre del cielo se la concederá.

20

Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy allí, en medio de ellos.

Oración de los Fieles

– Por todos los que Dios nos ha confiado en nuestras familias, en nuestros pueblos y ciudades, en nuestros lugares de trabajo y en todas nuestras comunidades cristianas. Para que el amor nos inspire siempre a tratarnos mutuamente con tacto fino y sincero y con delicado respeto brindándonos corrección fraterna, roguemos al Señor.
– Por todos nosotros. Para que creamos en la bondad de cada persona y sepamos ser pacientes los unos con los otros, roguemos al Señor.
– Por nuestras comunidades. Para que nos encontremos frecuentemente rogando, en el nombre de Jesús, por las necesidades del mundo y de la Iglesia, ya que Cristo nos asegura que nuestra plegaria será escuchada, roguemos al Señor.

Oración sobe las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Tú nos llamas a la mesa de tu Hijo
unidos por la Eucaristía:
los débiles con los fuertes, los enfermos con los sanos,
los pobres con los ricos...
Que tu Hijo nos colme aquí
con la plenitud de su presencia
y así sepamos aceptarnos mutuamente
para vivir en paz y amistad
los unos con los otros.
Te ofrecemos nuestra buena voluntad
y te pedimos la fuerza necesaria
para acogernos cordialmente unos a otros
en el amor de Cristo Jesús, Señor nuestro.

Oración después de la Comunión
Oh Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús ha estado en medio de nosotros
en esta eucaristía,
y nos ha fortalecido con su Cuerpo y su Sangre.
Él asumió nuestras heridas del pecado y las curó.
Que nosotros también sepamos apropiarnos
de las heridas –los sufrimientos– de nuestros hermanos,
como también de sus alegrías y felicidad.
Que tu Hijo Jesús nos enseñe el arte
de atraer de nuevo hacia ti y hacia la comunidad
a los que se alejaron
sin amargarlos ni humillarlos,
sin ningún sentimiento de superioridad hacia ellos
sino con bondad acogedora,
simplemente porque son hermanos nuestros
en Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Sabemos que somos responsables los unos de los otros. Nuestra comunidad debe ser un lugar en el que podamos hablarnos libre, amable y sinceramente y un “hogar” inclusivo que sale al camino a buscar los que se encuentran perdidos para anunciarles la alegría y comunicarles la Vida de la Buena Noticia. Con la bendición de Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

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