CUARTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO VIERNES
DOS GRANDES PERSONAS
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Juan el Bautista declaró sin miedo
a los grandes y poderosos
que ellos también estaban sometidos a las leyes de Dios.
Arriesgó su vida por lo justo, lo verdadero y por lo bueno.
Que él nos inspire también
a dejar que tu Palabra
se encarne profundamente en nosotros
asumiendo los riesgos de nuestra fe
y viviendo tal como creemos.
Que éste sea el modo como preparamos
la más plena venida entre nosotros
de Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
La Carta a los Hebreos propone hoy a la comunidad cristiana una serie de exhortaciones morales. Perseverancia en la fe significa especialmente perseverancia en el amor, el fundamento de toda ética y moralidad.
Exhortaciones finales:
el sacerdocio de los cristianos
Que el amor fraterno sea duradero.
No olviden la hospitalidad, por la cual algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles.
Acuérdense de los presos como si ustedes estuvieran presos con ellos; y de los maltratados, como si ustedes estuvieran en sus cuerpos.
Que el matrimonio sea respetado por todos y el lecho matrimonial esté sin mancha; porque Dios juzgará a lujuriosos y adúlteros.
Sean desinteresados en su conducta y conténtense con lo que tienen; porque él dijo: no te dejaré ni te abandonaré.
Por lo cual podemos decir confiados: El Señor me auxilia y no temo: ¿qué podrá hacer-me un hombre?
Acuérdense de quienes los dirigían, ellos les transmitieron la Palabra de Dios; miren cómo acabaron sus vidas e imiten su fe.
Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.
Evangelio
Con la muerte del Bautista, acaba la vida del último profeta de Dios del Antiguo Testamento, quien había preparado el camino para la venida del Señor. Murió como siervo sufriente de Dios, como un nuevo Elías, que se enfrentó a reyes hostiles y a reinas infames.
Muerte de Juan el Bautista
El rey Herodes se enteró de Jesús porque su fama se había hecho célebre. Algunos decían que Juan el Bautista había resucitado de entre los muertos y por eso tenía poderes milagrosos.
Pero otros decían que era Elías y otros que era un profeta como los antiguos profetas.
Sin embargo, Herodes decía:
—Juan, a quien yo hice decapitar, ha resucitado.
Herodes había mandado arrestar a Juan y lo había encarcelado, por instigación de Herodías, esposa de su hermano Felipe, con la que se había casado.
Juan le decía a Herodes que no le era lícito tener a la mujer de su hermano.
Por eso Herodías le tenía rencor y quería darle muerte; pero no podía,
porque Herodes respetaba a Juan. Sabiendo que era hombre honrado y santo, lo protegía; hacía muchas cosas aconsejado por él y lo escuchaba con agrado.
Llegó la oportunidad cuando, para su cumpleaños, Herodes ofreció un banquete a sus dignatarios, a sus comandantes y a la gente principal de Galilea.
Entró la hija de Herodías, bailó y gustó a Herodes y a los convidados. El rey dijo a la muchacha:
—Pídeme lo que quieras, que te lo daré.
Y juró [demasiado]:
—Aunque me pidas la mitad de mi reino, te lo daré.
Ella salió y preguntó a su madre:
—¿Qué le pido?
Le respondió:
—La cabeza de Juan el Bautista.
Entró enseguida, se acercó al rey y le pidió:
—Quiero que me des inmediatamente, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y por los convidados, no quiso contrariarla.
Y envió inmediatamente a un verdugo con orden de traer la cabeza de Juan. Éste fue y lo decapitó en la prisión,
trajo en una bandeja la cabeza y se la entregó a la muchacha; y ella se la entregó a su madre.
Sus discípulos, al enterarse, fueron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.
Oración de los Fieles
– Señor, danos hombres y mujeres, e incluso niños, grandes de espíritu, para que nos inspiren a todos nosotros cómo vivir de manera coherente nuestra fe. Por eso te rogamos.
– Señor, tú sabes lo tímidos y miedosos que somos. Ayúdanos a tomar en serio el Evangelio de tu Hijo Jesús, permitiendo al Espíritu que nos dé conciencia y fortaleza de profetas. Por eso te rogamos.
– Señor Jesús, tú ves qué crueles somos a veces. Que la amabilidad y la compasión de las buenas personas con las que convivimos nos faciliten tener también nosotros corazones afectuosos y comprensivos. Por eso te rogamos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Estos dones que te ofrecemos
son humildes y sencillos:
un pedazo de pan y un sorbo de vino.
Acéptalos y danos a cambio
a tu propio Hijo Jesucristo.
Por medio del Espíritu Santo y su fuego divino,
transfórmanos, aun siendo tímidos,
en signos vivientes para todos
de tu ternura y misericordia,
de tu justicia y tu paz,
para que podamos llevar a nuestro mundo
la vida y el mensaje de Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Dios de nuestra esperanza y de nuestro futuro:
Tu Espíritu de sabiduría y fortaleza
estaba vivo y actuante en Jesús, tu Hijo.
Derrama en nosotros también ese mismo Espíritu
para que demos hoy testimonio
de tu fidelidad y amor.
Y suscita siempre entre nosotros
hermanos inspirados por ti,
profetas como Juan el Bautista,
que nos sacudan y despierten
cuando estemos satisfechos de nosotros mismos,
y que nos inspiren a preparar el camino
para la plena venida
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: Como Juan el Bautista, podemos y debiéramos mostrar a otros el camino hacia Cristo, y preparar el camino para su completa venida, solamente si nosotros mismos tomamos en serio su Evangelio, si el Señor aparece visible en nosotros, con su bondad, su compasión, su amor. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
