CUARTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO VIERNES

DOS GRANDES PERSONAS

Otras Celebraciones para este Día:

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Juan el Bautista declaró sin miedo
a los grandes y poderosos
que ellos también estaban sometidos a las leyes de Dios.
Arriesgó su vida por lo justo, lo verdadero y por lo bueno.
Que él nos inspire también
a dejar que tu Palabra
se encarne profundamente en nosotros
asumiendo los riesgos de nuestra fe
y viviendo tal como creemos.
Que éste sea el modo como preparamos
la más plena venida entre nosotros
de Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

Eclo 47,2-11

 Después de haber oído estos últimos días la historia del Rey David, el autor del Eclesiástico, Jesús Ben Sirá, reinterpreta para este tiempo la personalidad de David: él fue un rey valiente cuyo poder venía de Dios. Cantante de salmos y organizador de la liturgia, fue el rey de la Alianza a quien se le prometió un Reino eterno.

Como se aparta la grasa para los sacrificios,
así fue escogido David entre los hijos de Israel.
Él jugaba con leones, como si fueran cabritos
y con osos, como si fueran corderos.
Joven aún, mató al gigante
y lavó la deshonra de su pueblo:
hizo girar su honda
y de una pedrada derribó la soberbia de Goliat.
Porque invocó al Dios altísimo,
él le dio fuerza a su brazo
para aniquilar a aquel poderoso guerrero
y restaurar el honor de su pueblo.
Por eso celebraban con canciones
su victoria sobre diez mil enemigos,
y lo bendecían en nombre del Señor.

Ya cuando era rey,
peleó con todos sus enemigos y los derrotó.
Aniquiló a los filisteos
y quebrantó su poder para siempre.

Por todos sus éxitos daba gracias al Dios altísimo
y lo glorificaba.
Amaba con toda el alma a su creador
y le entonaba canciones de alabanza.

Instituyó salmistas para el servicio del altar,
que con sus voces hicieron armoniosos los cantos.
Celebró con esplendor las fiestas
y organizó el ciclo de las solemnidades.
El santuario resonaba desde el alba
con alabanzas al nombre del Señor.

El Señor le perdonó sus pecados
y consolidó su poder para siempre.
Le prometió una dinastía perpetua
y le dio un trono glorioso en Israel.
Por sus méritos le sucedió
un hijo sabio, que vivió en paz:

Salomón fue rey en tiempos tranquilos,
porque Dios pacificó sus fronteras;
le construyó un templo al Señor
y le dedicó un santuario eterno.

Salmo Responsorial

Salmo 17, 31. 47 y 50. 51

R. (cf. 47b) Bendito sea Dios, mi salvador.
Perfecto es el camino de Dios,
y firmes sus promesas.
Quien al Señor se acoge
en él halla defensa. R.
R. Bendito sea Dios, mi salvador.
Bendito seas, Señor, que me proteges;
que tú, mi salvador seas bendecido.
Te alabaré, Señor, ante los pueblos
y elevaré mi voz, agradecido. R.
R. Bendito sea Dios, mi salvador.
Tú concediste al rey grandes victorias
y con David, tu ungido, y con tu estirpe
siempre has mostrado, Señor, misericordia. R.
R. Bendito sea Dios, mi salvador.

Aclamación antes del Evangelio

Cfr Lucas 8, 15

R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor
con un corazón bueno y sincero,
y perseveran hasta dar fruto.
R. Aleluya.

Evangelio

Mc 6,14-29

 Con la muerte del Bautista, acaba la vida del último profeta de Dios del Antiguo Testamento, quien había preparado el camino para la venida del Señor. Murió como siervo sufriente de Dios, como un nuevo Elías, que se enfrentó a reyes hostiles y a reinas infames.

En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido tanto, llegó a oídos del rey Herodes el rumor de que Juan el Bautista había resucitado y sus poderes actuaban en Jesús. Otros decían que era Elías; y otros, que era un profeta, comparable a los antiguos. Pero Herodes insistía: “Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado”.

Herodes había mandado apresar a Juan y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: “No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano”. Por eso Herodes lo mandó encarcelar.

Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida; pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.

La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: “Pídeme lo que quieras y yo te lo daré”. Y le juró varias veces: “Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino”.

Ella fue a preguntarle a su madre: “¿Qué le pido?” Su madre le contestó: “La cabeza de Juan el Bautista”. Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: “Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista”.

El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre.

Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

Oración de los Fieles

–      Señor, danos hombres y mujeres, e incluso niños, grandes de espíritu, para que nos inspiren a todos nosotros cómo vivir de manera coherente nuestra fe. Por eso te rogamos.
–      Señor, tú sabes lo tímidos y miedosos que somos. Ayúdanos a tomar en serio el Evangelio de tu Hijo Jesús, permitiendo al Espíritu que nos dé conciencia y fortaleza de profetas. Por eso te rogamos.
–      Señor Jesús, tú ves qué crueles somos a veces. Que la amabilidad y la compasión de las buenas personas con las que convivimos nos faciliten tener también nosotros corazones afectuosos y comprensivos. Por eso te rogamos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Estos dones que te ofrecemos
son humildes y sencillos:
un pedazo de pan y un sorbo de vino.
Acéptalos y danos a cambio
a tu propio Hijo Jesucristo.
Por medio del Espíritu Santo y su fuego divino,
transfórmanos, aun siendo tímidos,
en signos vivientes para todos
de tu ternura y misericordia,
de tu justicia y tu paz,
para que podamos llevar a nuestro mundo
la vida y el mensaje de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios de nuestra esperanza y de nuestro futuro:
Tu Espíritu de sabiduría y fortaleza
estaba vivo y actuante en Jesús, tu Hijo.
Derrama en nosotros también ese mismo Espíritu
para que demos hoy testimonio
de tu fidelidad y amor.
Y suscita siempre entre nosotros
hermanos inspirados por ti,
profetas como Juan el Bautista,
que nos sacudan y despierten
cuando estemos satisfechos de nosotros mismos,
y que nos inspiren a preparar el camino
para la plena venida
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Como Juan el Bautista, podemos y debiéramos mostrar a otros el camino hacia Cristo, y preparar el camino para su completa venida, solamente si nosotros mismos tomamos en serio su Evangelio, si el Señor aparece visible en nosotros, con su bondad, su compasión, su amor. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Scroll to Top