CUARTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO
LA SABIDURÍA DE LA FE
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios, sabio y amoroso:
Concédenos que sepamos buscar siempre
las cosas realmente importantes, como son:
luz para nuestra conciencia,
comprensión y amor para con la gente,
fidelidad a tu voluntad,
interés y dedicación por tu Reino.
Y que todo esto esté inspirado
por el Evangelio y el estilo de vida
de Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor.
Primera Lectura
Como rey joven e inexperto, Salomón pide a Dios en oración sabiduría práctica para dirigir a su pueblo y administrar justicia. Su pueblo es, después de todo, pueblo de Dios. Movido por la desinteresada petición de Salomón, Dios le promete no solo sabiduría sino también riquezas y gloria.
En aquellos días, el rey Salomón fue al santuario de Gabaón a ofrecer sacrificios y ofreció mil holocaustos sobre el altar. Una noche, estando él dormido en aquel lugar, se le apareció el Señor y le dijo: “Salomón, pídeme lo que quieras y yo te lo daré”.
Salomón le respondió: “Señor, tú trataste con misericordia a tu siervo David, mi padre, porque se portó contigo con lealtad, con justicia y rectitud de corazón. Más aún, también ahora lo sigues tratando con misericordia, porque has hecho que un hijo suyo lo suceda en el trono. Sí, tú quisiste, Señor y Dios mío, que yo, tu siervo, sucediera en el trono a mi padre, David. Pero yo no soy más que un muchacho y no sé cómo actuar. Soy tu siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo. Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón para que sepa gobernar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal. Pues sin ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?”
Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría y le dijo: “Por haberme pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti. Te voy a conceder, además, lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo”.
Salmo Responsorial
R. (12b) Enséñanos, Señor, a cumplir tus preceptos.
Sólo cumpliendo tus mandatos
puede un joven vivir honestamente.
Con todo el corazón te voy buscando,
no me dejes desviar de tus preceptos.
R. Enséñanos, Señor, a cumplir tus preceptos.
En mi pecho guardé tus mandamientos,
para nunca pecar en contra tuya.
Señor, bendito seas;
enséñame tus leyes.
R. Enséñanos, Señor, a cumplir tus preceptos.
Con mis labios he ido enumerando
todos los mandamientos de tu boca.
Más me gozo cumpliendo tus preceptos
que teniendo riquezas.
R. Enséñanos, Señor, a cumplir tus preceptos.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor;
yo las conozco y ellas me siguen.
R. Aleluya.
Evangelio
Dios nos manifiesta en Jesús que él se preocupa por nosotros con un amor más profundo y tierno que el de una madre por su hijo, a quien dio vida. Dios se hace particularmente cercano a los que más lo necesitan: los débiles, los que sufren, los abandonados, y los que no cuentan para nada. Ése es el amor que Dios nos mostró en Jesús. Ése es el amor al que nos invita, para que nos amemos así unos a otros: un amor profundo, tierno, duradero, y sin miedo de manifestarse abiertamente.
En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces él les dijo: “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.
Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.
Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
Oración de los Fieles
– Señor, danos la sabiduría de confiar plenamente en ti, porque tú sabes muy bien a dónde nos llevas. Por eso te rogamos.
– Señor, derrama sobre nosotros tu Santo Espíritu de sabiduría para que nos percatemos de lo que tú esperas de nosotros y para tener el valor y la determinación de realizarlo en la vida. Por eso te rogamos.
– Señor, danos la sabiduría de aceptar la cruz, para crecer como seres humanos y como cristianos. Para que aprendamos realmente de Jesús a ponernos al servicio desinteresado de los otros. Por eso te rogamos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Para ser sabios con tu sabiduría,
tenemos que aceptarte
en tus propios términos y condiciones,
y abandonar nuestro propio limitado pensamiento.
Celebramos en este pan y vino
lo que es locura para el mundo:
la sabiduría extraña de la cruz de tu Hijo.
Confirma nuestra fe en Jesús,
que vino a ser como uno de nosotros
asumiendo voluntariamente
hasta nuestras mismas miserias humanas,
menos el pecado,
él, Jesucristo, que vive y reina contigo
por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tú cambias nuestro modo de pensar
radicalmente, de arriba abajo.
Contigo, el sufrimiento conduce a la alegría;
la conciencia de nuestra pobreza de corazón
nos abre a tus dones;
nuestra debilidad atrae a tu fuerza.
Acepta nuestra acción de gracias por nuestra fe
en la cual todo esto tiene sentido;
y acepta también nuestra gratitud por aquel
que nos enseñó esta sabiduría
con su Palabra, su ejemplo
y ahora en la eucaristía
con su oblación y su Pan de Vida,
tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Todos buscamos la sabiduría, pero la sabiduría de Dios es mucho más profunda que nuestra sabiduría humana, aunque la incluye y la enriquece mucho con aspectos que no podríamos encontrar por nosotros mismos, como la sabiduría de la cruz. Que el Señor nos dé su sabiduría. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.
