CUARTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MIÉRCOLES

¿QUIÉN CREEN QUE ES ÉL?

Ciclo del Leccionario: I

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios, Padre nuestro sin igual:
Tu Hijo, tu Palabra viviente,
vino a nosotros como uno de los nuestros,
formado de la misma carne y de la misma sangre.
Disponnos para acogerlo siempre
y para escuchar lo que él nos diga,
aun cuando su Palabra nos inquiete y nos moleste.
Y danos también valentía
para pasar esta misma palabra a otros,
para que nos libere a todos
y nos lleve a ti como pueblo tuyo querido.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

Heb 12, 4-7.11-15

 El autor de esta Carta anima a los cristianos que tienen que huir de Jerusalén por seguir a Cristo. Sí, efectivamente, sus sufrimientos son difíciles de soportar; pero Dios los ama.

4

Todavía no han tenido que resistir hasta derramar la sangre en su lucha contra el pecado.

5

Dios, educador paternal 

¿Han olvidado ya la exhortación que Dios les dirige como a hijos? Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor ni te desanimes si te reprende;

6

porque el Señor corrige a quien ama y azota a los hijos que reconoce.

7

Aguanten, es por su educación, que Dios los trata como a hijos.

¿Hay algún hijo a quien su padre no castigue?

11

Ninguna corrección, cuando es aplicada, resulta agradable, más bien duele; pero más tarde produce en los que fueron corregidos frutos de paz y de justicia.

12

Por tanto, fortalezcan los brazos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes,

13

enderecen las sendas para sus pies, de modo que el rengo no caiga, sino que se sane.

14

La gracia de Dios 

Busquen la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie puede ver a Dios.

15

Estén atentos para que nadie sea privado de la gracia de Dios; para que ninguna raíz amarga crezca y dañe y contagie a los demás.

Evangelio

Mc 6,1-6

Jesús, el carpintero del pueblo, a quien todo el mundo conocía, ¿cómo podría hacer milagros y de dónde sacaba ese extraño mensaje que proclamaba? La Iglesia, con todos sus defectos, y el sacerdote, que no es mejor que nosotros, ¿cómo se atreven a hablarnos en el nombre de Dios? Pero… Dios habla por medio de gente ordinaria. La palabra y el mensaje de Dios son más fuertes que los débiles mensajeros que él envía para proclamar su palabra profética. 

 

1

En la sinagoga de Nazaret

Saliendo de allí, se dirigió a su ciudad acompañado de sus discípulos.

2

Un sábado se puso a enseñar en la sinagoga. Muchos al escucharlo comentaban asombrados:
—¿De dónde saca éste todo eso? ¿Qué clase de sabiduría se le ha dado? Y, ¿qué hay de los grandes milagros que realiza con sus manos?

3

¿No es éste el artesano, el hijo de María, el hermano de Santiago y José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?
Y esto era para ellos un obstáculo.

4

Jesús les decía:
—A un profeta sólo lo desprecian en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

5

Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo sanar a unos pocos enfermos a quienes impuso las manos.

6

Y se asombraba de su incredulidad.
Después recorría los pueblos vecinos enseñando.

Oración de los Fieles

–      Para que la Iglesia siga escuchando a los profetas que están en medio de nosotros, ya que el Espíritu nos habla a través de ellos, roguemos al Señor.
–      Para que el pueblo de Dios siga escuchando la Palabra que Jesús nos dirige en nuestras asambleas cristianas, tomada como palabra de Dios dirigida hoy personalmente a cada uno de nosotros, roguemos al Señor.
–      Para que, ante el silencio de los que no tienen voz, los cristianos, como nuevo pueblo de Dios, escuchen la voz del Señor que clama a voz en grito por justicia y compasión, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tú nos pides aceptar con fe
tu Palabra proclamada por tus mensajeros
y sobre todo por Jesucristo, tu Palabra viviente.
Haz que reconozcamos y acojamos
la humilde venida de tu Hijo
en estos signos sencillos de pan y vino.
Que su Palabra y la de los profetas
arraiguen en nosotros y nos transformen
en una comunidad en la que prevalezca
el amor, la fraternidad, la justicia y el perdón
propios de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre amoroso:
Tú nos permites participar de tu fuerza y poder
por medio de Jesucristo, tu Hijo entre nosotros.
Que su Palabra, que hemos escuchado hoy,
se haga verdad y realidad en nuestras vidas
y nos dé valor para proclamarla,
sin falsa vergüenza ni miedo,
a quienquiera que esté dispuesto a escucharla.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

Bendición
Hermanos: Hemos escuchado hoy a Jesús: Que su Palabra no caiga en oídos sordos y que no la guardemos sólo para nosotros, sino que la compartamos con los demás como un desafío para crear todos juntos una comunidad en la que imperen la justicia, la fraternidad y el amor. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

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