CUARTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES

SALIÓ PODER DE ÉL

Ciclo del Leccionario: I

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios todopoderoso:
Con frecuencia sentimos hambre de poder
cuando no lo tenemos.
Cuando lo poseemos,
pedimos y anhelamos más poder todavía;
y entonces no sabemos cómo usarlo correctamente.
Ayúdanos a aceptar siempre el poder
de nuestra influencia, nuestros talentos y cualidades,
como dones que vienen de tus manos
y a usarlos para el bien de otros,
para curar y perdonar,
para llevar a otros vida y para edificar,
como hizo Jesús, tu Hijo,
que vive y reina contigo
por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

Heb 12,1-4

 La Carta a los Hebreos pide a los fieles que perseveren aunque sufran persecución e incomprensión por haberse convertido a Cristo. Que se inspiren en los grandes creyentes que vivieron antes que ellos, y especialmente en Jesucristo.

 

1

Jesús, el testigo supremo de la fe 

Por lo tanto, nosotros, rodeados de una nube tan densa de testigos, desprendámonos de cualquier carga y del pecado que nos acorrala; corramos con constancia la carrera que nos espera,

2

fijos los ojos en el que inició y consumó la fe, en Jesús. El cual, por la dicha que le esperaba, sufrió la cruz, despreció la humillación y se ha sentado a la derecha del trono de Dios.

3

Piensen en aquel que soportó tal oposición por parte de los pecadores, y no se desalentarán.

4

Todavía no han tenido que resistir hasta derramar la sangre en su lucha contra el pecado.

Evangelio

Mc 5,21-43

 Jesús utiliza su poder para hacer el bien y para dar a sus discípulos y al pueblo una lección objetiva sobre la fe. El de Jesús es un poder que da salud y vida. Cuando la mujer enferma toca a Jesús con una especie de fe mágica en su poder, él insiste en la fe; lo mismo hace, como una señal de su propia futura resurrección, cuando resucita a la hija de Jairo. ¿No habría de significar el poder también para nosotros una fuerza que alza y eleva, un poder de resurrección?

 

21

Sana a una mujer y resucita a una niña

Jesús cruzó, de nuevo [en la barca], al otro lado del lago, y se reunió junto a él un gran gentío. Estando a la orilla

22

llegó un jefe de la sinagoga llamado Jairo, y al verlo se postró a sus pies

23

y le suplicó insistentemente:
—Mi hijita está agonizando. Ven e impón las manos sobre ella para que sane y conserve la vida.

24

Se fue con él. Lo seguía un gran gentío que lo apretaba por todos lados.

25

Una mujer que llevaba doce años padeciendo hemorragias,

26

que había sufrido mucho en manos de distintos médicos gastando todo lo que tenía, sin obtener mejora alguna, al contrario, peor se había puesto,

27

al escuchar hablar de Jesús, se mezcló en el gentío, y por detrás le tocó el manto.

28

Porque pensaba: Con sólo tocar su manto, quedaré sana.

29

Al instante desapareció la hemorragia, y sintió en su cuerpo que había quedado sana.

30

Jesús, consciente de que una fuerza había salido de él, se volvió a la gente y preguntó:
—¿Quién me ha tocado el manto?

31

Los discípulos le decían:
—Ves que la gente te está apretujando, y preguntas ¿quién te ha tocado?

32

Él miraba alrededor para descubrir a la que lo había tocado.

33

La mujer, asustada y temblando, porque sabía lo que le había pasado, se acercó, se postró ante él y le confesó toda la verdad.

34

Él le dijo:
—Hija, tu fe te ha sanado. Vete en paz y sigue sana de tu dolencia.

35

Aún estaba hablando cuando llegaron algunos de la casa del jefe de la sinagoga y dijeron:
—Tu hija ha muerto. No sigas molestando al Maestro.

36

Jesús, sin hacer caso de lo que decían, dijo al jefe de la sinagoga:
—No temas, basta que tengas fe.

37

Y no permitió que lo acompañara nadie, salvo Pedro, Santiago y su hermano Juan.

38

Llegaron a casa del jefe de la sinagoga, vio el alboroto y a los que lloraban y gritaban sin parar.

39

Entró y les dijo:
—¿A qué viene este alboroto y esos llantos? La muchacha no está muerta, sino dormida.

40

Se reían de él. Pero él, echando afuera a todos, tomó al padre, a la madre y a sus compañeros y entró adonde estaba la muchacha.

41

Sujetando a la niña de la mano, le dijo:
—Talitha qum, que significa: Chiquilla, te lo digo a ti, ¡levántate!

42

Al instante la muchacha se levantó y se puso a caminar –tenía doce años–. Ellos quedaron fuera de sí del asombro.

43

Entonces les encargó encarecidamente que nadie se enterara de esto. Después dijo que le dieran de comer.

Oración de los Fieles

–      Para que la Iglesia continúe con genuina compasión el ministerio curativo de Jesús. Que los enfermos se sientan confortados, los oprimidos libres, y los pobres y débiles protegidos, roguemos al Señor.
–      Para que en este mundo hambriento de comida material y de valores espirituales, las Iglesias y las naciones prósperas compartan generosamente con los que tienen menos, roguemos al Señor.
–      Para que los médicos, enfermeros y enfermeras, y todos los que cuidan de los enfermos y discapacitados, tengan un gran respeto por la vida y en su tarea se inspiren en el amor de Cristo, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, Padre todopoderoso:
Llena estos dones de pan y vino que te presentamos
con el poder de tu Santo Espíritu,
para que sean para nosotros
pan y vino de Resurrección y de vida
de Jesucristo tu Hijo.
Por medio de esta eucaristía
transfórmanos en hombres y mujeres
de esperanza y alegría,
que caminan juntos
siguiendo el mismo camino y estilo de vida
de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre todopoderoso:
Tú nos has dado el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo
como una fuente de poder que da vida.
No permitas que la dejemos inactiva o improductiva,
sino ayúdanos a usarla como una gran fuerza
para levantar y animar a los que nos rodean
y para construir todos juntos un mundo mejor,
mundo de reconciliación, justicia y amor.
Que así la resurrección de Jesús
actúe ya ahora eficazmente entre nosotros,
hasta que nos resucites en el último día
por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: El evangelio de hoy afirma sobre Jesús: “Una fuerza especial había salido de él”. Era un poder que curó y que resucitó a una niña. Si nosotros tenemos poder, que sepamos emplearlo siempre para elevar y animar a los hermanos; nunca para menospreciarlos ni humillarlos. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

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