CUARTA SEMANA DE PASCUA SÁBADO

Otras Celebraciones para este Día:

Ciclo del Leccionario: I,II

Introducción

EXCLUSIÓN, NO

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú eres distante y desconocido,
y sin embargo eres tan cercano e íntimo a nosotros
que nos conoces, nos amas y nos salvas
por medio de tu Hijo Jesucristo.
Que él esté presente en nosotros y en nuestras acciones
para que podamos realizar
las mismas obras de justicia, verdad y amor servicial
que él realizó,
y así llegar a ser el signo para el mundo
de que tu Hijo vive
y de que tú eres un Dios Salvador,
ahora y por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

Hechos 13, 44-52

     La lectura de los Hechos hoy nos enseña que ningún grupo particular puede monopolizar a Cristo porque él vino como Luz para el mundo entero. Y nos aceptó a cada uno, a cada una, tal como somos, para donarnos su Salvación en nuestra propia situación, mentalidad y cultura.

El sábado siguiente casi toda la ciudad de Antioquía acudió a oír la palabra de Dios. Cuando los judíos vieron una concurrencia tan grande, se llenaron de envidia y comenzaron a contradecir a Pablo con palabras injuriosas. Entonces Pablo y Bernabé dijeron con valentía: “La palabra de Dios debía ser predicada primero a ustedes; pero como la rechazan y no se juzgan dignos de la vida eterna, nos dirigiremos a los paganos. Así nos lo ha ordenado el Señor, cuando dijo: Yo te he puesto como luz de los paganos, para que lleves la salvación hasta los últimos rincones de la tierra”.

Al enterarse de esto, los paganos se regocijaban y glorificaban la palabra de Dios, y abrazaron la fe todos aquellos que estaban destinados a la vida eterna.

La palabra de Dios se iba propagando por toda la región. Pero los judíos azuzaron a las mujeres devotas de la alta sociedad y a los ciudadanos principales, y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé, hasta expulsarlos de su territorio.

Pablo y Bernabé se sacudieron el polvo de los pies, como señal de protesta, y se marcharon a Iconio, mientras los discípulos se quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.

Salmo Responsorial

Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4

R. (3cd) Cantemos las maravillas del Señor. Aleluya.
Cantemos al Señor un canto nuevo,
pues ha hecho maravillas.
Su diestra y su santo brazo
le han dado la victoria.
R. Cantemos las maravillas del Señor. Aleluya.
El Señor ha dado a conocer su victoria
y ha revelado a las naciones su justicia.
Una vez más ha demostrado Dios
su amor y su lealtad hacia Israel.
R. Cantemos las maravillas del Señor. Aleluya.
La tierra entera ha contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Que todos los pueblos y naciones
aclamen con júbilo al Señor.
R. Cantemos las maravillas del Señor. Aleluya.

Aclamación antes del Evangelio

Juan 8, 31. 32

R. Aleluya, aleluya.
Si se mantienen fieles a mi palabra, dice el Señor,
serán verdaderamente discípulos míos y conocerán la verdad.
R. Aleluya.

Oración de los Fieles

Oremos a Dios, Padre de todos, pidiendo los ojos de la fe para reconocer a su Hijo cerca nuestro, en cada hermano, en cada situación difícil o gozosa que atravesemos. Porque él ha querido quedarse con nosotros, le decimos: R/Señor, quédate con nosotros, que anochece.

– Por su presencia amorosa, que calma las tormentas y la angustia en nuestro dolor, roguemos al Señor.
– Porque confiemos en que él nunca nos abandona, roguemos al Señor.
– Por la Iglesia –también nosotros–, para que escuchemos siempre la palabra de Dios con atención y alegría, y así lleguemos a conocer mejor al Señor, roguemos al Señor.
– Para que no guardemos de modo egoísta al Señor Jesús sólo para nosotros mismos, sino que lo demos a conocer a otros, sobre todo por la forma cómo vivimos su Buena Nueva, el Evangelio, roguemos al Señor.
– Por nuestras comunidades cristianas, para que seamos fervientes en la oración y pidamos insistentemente, en nombre de Jesús, más unidad y amor, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
En estos signos de pan y vino
que ahora te ofrecemos,
tú nos das a tu Hijo
como luz para todos;
pero sólo si creemos podremos ver la luz.
Danos esos ojos de fe,
y que la luz de tu Hijo brille en las obras que hacemos,
para que, al verlas, nuestros hermanos te alaben.
Te lo pedimos en nombre de Jesús,
que vive y reina contigo
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Por medio de tu Hijo Jesucristo
tú viniste a nuestro mundo
para salvar a los hombres
en su situación y mentalidad concretas.
Por medio de Jesucristo,
que está con nosotros ahora,
abre a tu Iglesia, a los misioneros
y a todos nosotros
para que sepamos acoger con amor
a todos los hombres,
hermanas y hermanos nuestros,
y para acompañarlos con humildad
desde dentro de su cultura y mentalidad
por el camino que conduce a ti.
Estamos seguros, oh Dios Padre,
de que escucharás nuestra oración,
ya que te lo pedimos en el nombre de Jesús el Señor.

Bendición
Hermanos: Queremos reconocer la presencia de Dios y también compartirla con los que nos rodean por medio de nuestra bondad y amor. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

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