CUARTA SEMANA DE PASCUA SÁBADO
Otras Celebraciones para este Día:
Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
EXCLUSIÓN, NO
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú eres distante y desconocido,
y sin embargo eres tan cercano e íntimo a nosotros
que nos conoces, nos amas y nos salvas
por medio de tu Hijo Jesucristo.
Que él esté presente en nosotros y en nuestras acciones
para que podamos realizar
las mismas obras de justicia, verdad y amor servicial
que él realizó,
y así llegar a ser el signo para el mundo
de que tu Hijo vive
y de que tú eres un Dios Salvador,
ahora y por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
La lectura de los Hechos hoy nos enseña que ningún grupo particular puede monopolizar a Cristo porque él vino como Luz para el mundo entero. Y nos aceptó a cada uno, a cada una, tal como somos, para donarnos su Salvación en nuestra propia situación, mentalidad y cultura.
El sábado siguiente casi toda la ciudad de Antioquía acudió a oír la palabra de Dios. Cuando los judíos vieron una concurrencia tan grande, se llenaron de envidia y comenzaron a contradecir a Pablo con palabras injuriosas. Entonces Pablo y Bernabé dijeron con valentía: “La palabra de Dios debía ser predicada primero a ustedes; pero como la rechazan y no se juzgan dignos de la vida eterna, nos dirigiremos a los paganos. Así nos lo ha ordenado el Señor, cuando dijo: Yo te he puesto como luz de los paganos, para que lleves la salvación hasta los últimos rincones de la tierra”.
Al enterarse de esto, los paganos se regocijaban y glorificaban la palabra de Dios, y abrazaron la fe todos aquellos que estaban destinados a la vida eterna.
La palabra de Dios se iba propagando por toda la región. Pero los judíos azuzaron a las mujeres devotas de la alta sociedad y a los ciudadanos principales, y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé, hasta expulsarlos de su territorio.
Pablo y Bernabé se sacudieron el polvo de los pies, como señal de protesta, y se marcharon a Iconio, mientras los discípulos se quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.
Salmo Responsorial
R. (3cd) Cantemos las maravillas del Señor. Aleluya.
Cantemos al Señor un canto nuevo,
pues ha hecho maravillas.
Su diestra y su santo brazo
le han dado la victoria.
R. Cantemos las maravillas del Señor. Aleluya.
El Señor ha dado a conocer su victoria
y ha revelado a las naciones su justicia.
Una vez más ha demostrado Dios
su amor y su lealtad hacia Israel.
R. Cantemos las maravillas del Señor. Aleluya.
La tierra entera ha contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Que todos los pueblos y naciones
aclamen con júbilo al Señor.
R. Cantemos las maravillas del Señor. Aleluya.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Si se mantienen fieles a mi palabra, dice el Señor,
serán verdaderamente discípulos míos y conocerán la verdad.
R. Aleluya.
Evangelio
Vamos a escuchar una Palabra que nos permitirá reflexionar seriamente sobre las veces en que Jesús se hace presente entre nosotros, a nosotros, y no lo reconocemos. Tal vez porque nuestros prejuicios nos impiden descubrirlo en personas y lugares que rompen los moldes de la estrecha perspectiva de nuestra fe. A nosotros hoy Jesús también nos pregunta: ¿Tanto tiempo llevo ya entre ustedes, y todavía no me conocen?
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”.
Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le replicó: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Entonces por qué dices: ‘Muéstranos al Padre’? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras.
Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aun mayores, porque yo me voy al Padre; y cualquier cosa que pidan en mi nombre, yo la haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Yo haré cualquier cosa que me pidan en mi nombre’’.
Oración de los Fieles
Oremos a Dios, Padre de todos, pidiendo los ojos de la fe para reconocer a su Hijo cerca nuestro, en cada hermano, en cada situación difícil o gozosa que atravesemos. Porque él ha querido quedarse con nosotros, le decimos: R/Señor, quédate con nosotros, que anochece.
– Por su presencia amorosa, que calma las tormentas y la angustia en nuestro dolor, roguemos al Señor.
– Porque confiemos en que él nunca nos abandona, roguemos al Señor.
– Por la Iglesia –también nosotros–, para que escuchemos siempre la palabra de Dios con atención y alegría, y así lleguemos a conocer mejor al Señor, roguemos al Señor.
– Para que no guardemos de modo egoísta al Señor Jesús sólo para nosotros mismos, sino que lo demos a conocer a otros, sobre todo por la forma cómo vivimos su Buena Nueva, el Evangelio, roguemos al Señor.
– Por nuestras comunidades cristianas, para que seamos fervientes en la oración y pidamos insistentemente, en nombre de Jesús, más unidad y amor, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
En estos signos de pan y vino
que ahora te ofrecemos,
tú nos das a tu Hijo
como luz para todos;
pero sólo si creemos podremos ver la luz.
Danos esos ojos de fe,
y que la luz de tu Hijo brille en las obras que hacemos,
para que, al verlas, nuestros hermanos te alaben.
Te lo pedimos en nombre de Jesús,
que vive y reina contigo
por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Por medio de tu Hijo Jesucristo
tú viniste a nuestro mundo
para salvar a los hombres
en su situación y mentalidad concretas.
Por medio de Jesucristo,
que está con nosotros ahora,
abre a tu Iglesia, a los misioneros
y a todos nosotros
para que sepamos acoger con amor
a todos los hombres,
hermanas y hermanos nuestros,
y para acompañarlos con humildad
desde dentro de su cultura y mentalidad
por el camino que conduce a ti.
Estamos seguros, oh Dios Padre,
de que escucharás nuestra oración,
ya que te lo pedimos en el nombre de Jesús el Señor.
Bendición
Hermanos: Queremos reconocer la presencia de Dios y también compartirla con los que nos rodean por medio de nuestra bondad y amor. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
