CUARTA SEMANA DE PASCUA MARTES

Ciclo del Leccionario: I,II

Introducción

UN NUEVO ENFOQUE MISIONERO

Oración Colecta
Señor Dios, Padre nuestro:
El Espíritu Santo nos llama, como llamó a tu Hijo,
a abandonar nuestro viejo yo y nuestro viejo mundo
para estar libres para una nueva vida y un nuevo crecimiento.
Perdona nuestras zozobras y nuestros miedos;
aléjanos de nuestras frases gastadas,
de nuestros hábitos caducos
y de nuestras seguridades y certezas
elaboradas por nosotros mismos en nuestro beneficio.
Empápanos con el Evangelio de tu Hijo
para que esa Buena Noticia de Salvación
llegue a ser creíble
en nuestro tiempo y en nuestro mundo.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

Primera Lectura

Hechos 11, 19-26

     Un dilema tan antiguo como actual enfrentó a las primeras comunidades cristianas: los convertidos que se bautizaban proviniendo de otros cultos y creencias, ¿debían considerarse de segunda clase? Es Bernabé, lleno del Espíritu Santo, que realiza la voluntad de Dios porque el Mesías prometido es Señor de todos sin excepción.

En aquellos días, algunos de los que se habían dispersado, huyendo de la persecución desatada después de la muerte de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía; pero predicaban el Evangelio solamente a los judíos. Sin embargo, hubo entre ellos algunos chipriotas y cirenenses, que al llegar a Antioquía, comenzaron a dirigirse también a los griegos y a predicarles el Evangelio del Señor Jesús. Y como la mano del Señor estaba con ellos, muchos se convirtieron y abrazaron la fe.

Cuando llegaron estas noticias a la comunidad cristiana de Jerusalén, Bernabé fue enviado a Antioquía. Llegó Bernabé, y viendo la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho; y como era hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe, exhortó a todos a que, firmes en su propósito, permanecieran fieles al Señor. Así se ganó para el Señor una gran muchedumbre.

Entonces Bernabé partió hacia Tarso, en busca de Saulo; y cuando lo encontró, lo llevó consigo a Antioquía. Ambos vivieron durante todo un año en esa comunidad y enseñaron a mucha gente. Allí, en Antioquía, fue donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de “cristianos”.

Salmo Responsorial

Salmo 86, 1-3. 4-5. 6-7

R. (Sal 116, 1a) Alaben al Señor todos los pueblos. Aleluya.
Jerusalén gloriosa,
el Señor ha puesto en ti su templo.
Tú eres más querida para Dios
que todos los santuarios de Israel. R.
R. Alaben al Señor todos los pueblos. Aleluya.
De ti, Jerusalén, cuidad del Señor,
se dirán maravillas.
Egipto y Babilonia adorarán al Señor;
Serán como tus hijos. R.
R. Alaben al Señor todos los pueblos. Aleluya.
Y de ti, Jerusalén, afirmarán:
“Todos los pueblos han nacido en ti
y el Altísimo es su fortaleza”. R.
R. Alaben al Señor todos los pueblos. Aleluya.
El Señor registrará en el libro de la vida
a cada pueblo, convertido en ciudadano tuyo;
y todos los pueblos te cantarán, bailando:
“Tú eres la fuente de nuestra salvación”. R.
R. Alaben al Señor todos los pueblos. Aleluya.

Aclamación antes del Evangelio

Juan 10, 27

R. Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor;
yo las conozco y ellas me siguen.
R. Aleluya.

Oración de los Fieles

Roguemos hoy por una Iglesia misionera, y digamos: R/ Señor, escucha nuestra oración.

– Para que la Iglesia no se canse nunca de predicar a Cristo como Señor glorioso y resucitado, roguemos al Señor.
– Para que la Iglesia no se canse nunca de pedirle al Señor que la renueve constantemente, y le dé el don de estar siempre atenta a los signos de los tiempos, roguemos al Señor.
– Para que los cristianos vivamos de tal manera que nuestra vida, iluminada por la fe, atraiga a muchos a Jesucristo, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre amoroso:
El pan y el vino que estamos ofreciendo sobre el altar
nos hablan de un viaje o marcha hacia el futuro
caminando juntos con tu Hijo Jesús.
Cámbianos interiormente como cambias estos dones;
y transfórmanos a imagen y semejanza de tu Hijo.
Haznos hombres y mujeres
que se atrevan a arriesgarse
para proclamar sin miedo su mensaje
con un lenguaje que nuestros tiempos entiendan.
Que seamos hombres y mujeres audaces y animosos
dispuestos a abrir nuevos caminos,
dónde y cuándo sea necesario,
y, sin embargo, siempre firmemente anclados
en tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Padre amoroso:
Estamos contentos de llamarnos “cristianos”,
como hombres y mujeres que seguimos a Cristo, tu Hijo.
Queremos permanecer siempre fieles a él
con firme compromiso y entrega.
Cólmanos con la gracia del Señor
para que el Espíritu Santo viva en nosotros
y así también nosotros atraigamos a muchos al Señor
y seamos siempre dignos de llamarnos “cristianos”,
valioso nombre que recibimos
de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Que la gracia de Dios obre en nosotros y nos guarde siempre fieles con firme propósito y decisión, para que podamos ser verdaderos discípulos de Jesús. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

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