CUARTA SEMANA DE PASCUA LUNES

Ciclo del Leccionario: I,II

Introducción

IGLESIA ABIERTA: TODOS SOMOS LLAMADOS

Oración Colecta
Señor Dios nuestro, Padre de todos:
Tú enviaste a tu Hijo Jesús al mundo
para revelarnos que tú te preocupas por nosotros
y que tu amor se extiende a todos,
sin distinción alguna de raza o cultura.
Danos un gran respeto hacia todos,
vengan de donde vengan,
y que tu Iglesia abrace a todas las culturas,
para que Cristo sea verdaderamente
el Señor y Pastor de todos,
ahora y por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

Hechos 11, 1-18

     En la Primera Lectura, Pedro bautiza a Cornelio, el centurión romano, y lo explica porque el Espíritu Santo no hace acepción de personas: desciende sobre todos los que lo anhelan de todo corazón. ¿Está la Iglesia –estamos nosotros– abiertos a entenderlo y ser inclusivos de verdad?

En aquellos días, los apóstoles y los hermanos que vivían en Judea se enteraron de que también los paganos habían recibido la palabra de Dios. Cuando Pedro regresó a Jerusalén, los circuncidados le hicieron reproches, diciendo: “Has entrado en la casa de unos incircuncisos y has comido con ellos”.

Entonces Pedro les contó desde el principio lo que le había pasado: “Estaba yo en la ciudad de Jafa, en oración, cuando tuve una visión y vi algo semejante a un gran mantel, que sostenido por las cuatro puntas, bajaba del cielo hasta donde yo me encontraba. Miré con atención aquella cosa y descubrí que había en ella toda clase de cuadrúpedos, fieras, reptiles y aves. Oí luego una voz que me decía: ‘Levántate, Pedro. Mata el animal que quieras y come’. Pero yo le respondí: ‘Ni pensarlo, Señor. Jamás he comido nada profano o impuro’. La voz del cielo me habló de nuevo: ‘No tengas tú por impuro lo que Dios ha hecho puro’. Esto se repitió tres veces y luego todo fue recogido hacia el cielo.

En aquel instante, se presentaron en la casa donde yo estaba tres hombres, que venían de Cesarea, con un recado para mí. El Espíritu me dijo entonces que me fuera con ellos sin dudar. También fueron conmigo estos seis hermanos y todos entramos en casa de aquel hombre. Él nos contó cómo había visto de pie, ante él, a un ángel que le dijo: ‘Manda a buscar en Jafa a Simón, llamado Pedro. Lo que él te diga, te traerá la salvación a ti y a toda tu familia’. En cuanto empecé a hablar, el Espíritu Santo descendió sobre ellos, como había descendido al principio sobre nosotros. Entonces me acordé de lo que había dicho el Señor: ‘Juan bautizó con agua; pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo’. Por lo tanto, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesús, ¿quién soy yo para oponerme a Dios?”

Con esto se apaciguaron y alabaron a Dios, diciendo: “Por lo visto, también a los paganos les ha concedido Dios la conversión que lleva a la vida”.

Salmo Responsorial

Salmos 41, 2-3; 42, 3.4

R. (cf 41, 3a) Estoy sediento del Dios que de la vida. Aleluya.
Como el venado busca
el agua de los ríos,
así, cansada, mi alma
te busca a ti, Dios mío.
R. Estoy sediento del Dios que de la vida. Aleluya.
Del Dios que da la vida
está mi ser sediento.
¿Cuándo será posible
ver de nuevo su templo?
R. Estoy sediento del Dios que de la vida. Aleluya.
Envíame, Señor, tu luz y tu verdad;
que ellas se conviertan en mi guía
y hasta tu monte santo me conduzcan,
allí donde tú habitas.
R. Estoy sediento del Dios que de la vida. Aleluya.
Al altar del Señor me acercaré,
al Dios que es mi alegría,
y a mi Dios, el Señor, le daré gracias
al compás de la citara.
R. Estoy sediento del Dios que de la vida. Aleluya.

Aclamación antes del Evangelio

Juan 10, 14

R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen pastor, dice el Señor;
yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí.
R. Aleluya.

Oración de los Fieles

Jesús, nuestro Buen Pastor, que nos guías a tus pastos y a tu tierra firme y segura, así te decimos: R/Que tu misericordia nos alcance cuando nos alejamos de ti.

– Señor Jesús, para que tu Iglesia esté siempre abierta de par en para todos, aun cuando los atraídos por tu llamada vengan de muy lejos, te pedimos.
– Señor Jesús, haz que nuestras comunidades abran generosamente sus puertas, tantas veces cerradas con cerrojo, a extraños y a gente diferente de nosotros, te pedimos.
– Señor Jesús, no permitas que cerremos nuestros oídos y nuestro corazón a hermanos que nos gritan sus penas y necesidades, te pedimos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
En estos signos de pan y vino
reconocemos tu cuidado bondadoso para con todos
y acogemos gozosamente a tu Hijo Jesucristo.
Danos el Santo Espíritu de Jesús
para que nuestro corazón y nuestro amor
crezcan tan anchos como el mundo,
y para que todos compartan
la vida y la alegría que ofreces a todos
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro, fuente de toda vida:
Te damos gracias por la presencia de tu Hijo Jesucristo
en medio de nosotros.
No permitas que neguemos u ocultemos
su palabra y su persona
a todos los que tiene hambre de él, lo sepan o no.
Que seamos Palabra y Cuerpo de Jesús
para el mundo de hoy,
de modo que nuestras palabras y obras sean eco de su voz
y que nosotros seamos para muchos
la puerta que los conduce a ti,
Dios y Señor nuestro,
que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Ojalá que Jesús no sea un extraño para nosotros sino alguien cuya voz reconocemos cuando nos grita en los necesitados, en las personas solitarias, en la gente que sufre y que no ha experimentado mucho lo que es justicia y amor. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

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