CUARTA SEMANA DE PASCUA JUEVES
Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
SERVIDORES CON CRISTO
Oración Colecta
Oh Dios todopoderoso:
Tu Hijo Jesús nos recuerda hoy
que no somos mayores que tu Siervo
y servidor nuestro, Jesús,
nuestro Maestro y Señor.
Danos aguante y resistencia
para servirte a ti y a los hermanos
sin esperar recompensa o gratitud,
y para aceptar las dificultades y contradicciones,
que son parte de la vida cristiana,
y que son algo normal para los seguidores
de aquel que cargó la cruz por nosotros,
Jesucristo, nuestro Señor.
Primera Lectura
Pablo presenta a Cristo como aquel en quien se realiza todo el Antiguo Testamento y la Promesa. Todo, absolutamente todo lo sucedido, celebrado y padecido por los antepasados, aunque a veces no pudieran comprenderlo, fue historia de Salvación en la que Dios hizo crecer a su Pueblo para estar en su Presencia.
En aquellos días, Pablo y sus compañeros se hicieron a la mar en Pafos; llegaron a Perge de Panfilia, y allí Juan Marcos los dejó y volvió a Jerusalén. Desde Perge siguieron hasta Antioquía de Pisidia, y el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Acabada la lectura de la ley y los profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron decir: “Hermanos, si tienen alguna exhortación que hacer al pueblo, hablen”.
Entonces se levantó Pablo, y haciendo señal de silencio con la mano, les dijo:
“Israelitas y cuantos temen a Dios, escuchen: El Dios del pueblo de Israel eligió a nuestros padres, engrandeció al pueblo cuando éste vivía como forastero en Egipto y lo sacó de allí con todo su poder, lo alimentó en el desierto durante cuarenta años, aniquiló siete tribus del país de Canaán y dio el territorio de ellas en posesión a Israel por cuatrocientos cincuenta años. Posteriormente les dio jueces, hasta el tiempo del profeta Samuel.
Pidieron luego un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, que reinó cuarenta años. Después destituyó a Saúl y les dio por rey a David, de quien hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de Jesé, hombre según mi corazón, quien realizará todos mis designios.
Del linaje de David, conforme a la promesa, Dios hizo nacer para Israel un salvador, Jesús. Juan preparó su venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de, y hacia el final de su vida, Juan decía: ‘Yo no soy el que ustedes piensan. Después de mí viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias’ ”.
Salmo Responsorial
R. (cf 2a) Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. Aleluya.
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor
y daré a conocer que su fidelidad es eterna,
pues el Señor ha dicho: “Mi amor es para siempre
y mi lealtad, más firme que los cielos.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. Aleluya.
He encontrado a David, mi servidor,
y con mi aceite santo lo he ungido.
Lo sostendrá mi mano
y le dará mi brazo fortaleza.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. Aleluya.
Contará con mi amor y mi lealtad
y su poder aumentará en mi nombre.
El me podrá decir: Tú eres mi padre,
el Dios que me protege y que me salva’”.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. Aleluya.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Señor Jesús, testigo fiel, primogénito de entre los muertos,
tu amor por nosotros es tan grande,
que has lavado nuestras culpas con tu sangre.
R. Aleluya.
Evangelio
Esta lectura se dirige hoy al corazón de nuestra Iglesia y a todos nosotros. Jesús nos dice: “El que reciba al que yo envíe, a mí me recibe” y nos interpela sobre el modo en que recibimos nosotros a los enviados de Dios.
En aquel tiempo, después de lavarles los pies a sus discípulos, Jesús les dijo:
“Yo les aseguro: el sirviente no es más importante que su amo, ni el enviado es mayor que quien lo envía. Si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos.
No lo digo por todos ustedes, porque yo sé a quiénes he escogido. Pero esto es para que se cumpla el pasaje de la Escritura, que dice: El que comparte mi pan me ha traicionado. Les digo esto ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo soy.
Yo les aseguro: el que recibe al que yo envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado”.
Oración de los Fieles
Con toda la Iglesia, oramos por los misioneros y las misioneras que llevan tu Evangelio hasta los confines de la Tierra. Y decimos: R/Ser fieles a la misión que nos encomiendas, Señor.
– Por los líderes y ministros de la Iglesia, para que no busquen ni honores ni poder sino que sirvan a sus hermanos con toda sencillez y generosidad, te pedimos.
– Por los que tienen responsabilidades y cargos públicos, para que no busquen solamente poder y ganancia personal sino que den lo mejor de sí mismos para trabajar desinteresadamente por el bien común del pueblo y de su país, te pedimos.
– Por los doctores y enfermeros, para que sirvan a los enfermos con gran dedicación y amor, te pedimos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Mientras tú mismo Hijo Jesús nos sirve
en estos signos de pan y vino,
él nos pide beber con él la copa
de un servicio generoso y sacrificado.
Que tu Hijo nos llene de aquel amor
que solo piense
que uno es grande cuando sirve a los demás
y cuando usa su vida
para dar a los otros una oportunidad para vivir.
Que ojalá no busquemos otro premio y recompensa
por el servicio prestado
que poder compartir el mismo destino de Jesús,
Señor y Salvador nuestro,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Oh Padre amoroso:
En esta celebración eucarística
tu Hijo Jesús ha estado con nosotros,
como el servidor de todos.
Que él disponga nuestros corazones
y nos dé un espíritu abierto y sensible
para comprender y aceptar a los otros,
para acompañarlos en el camino de la vida,
para sufrir con ellos en sus penas,
para alegrarnos con sus alegrías
y para saber llevar los unos las cargas de los otros;
porque sólo así Jesús estará realmente con nosotros
ahora y por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: Jesús nos ha recordado hoy que el amor es lo que impulsa a la misión y al servicio, y hace a este último entregado y discreto. Para que sepamos servir desinteresadamente y entregarnos con generosidad a nuestra misión, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
