CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

Ciclo del Leccionario: I,II

Introducción

Creados para la vida

NOTA: Las lecturas sugeridas aquí son solo unas pocas tomadas de entre muchas opciones.

Saludo (Ver Rom 8,38-39)
Ni muerte ni vida, nada de lo que existe
ni nada de lo todavía por venir,
ni cosa creada alguna
puede nunca interponerse entre nosotros
y el amor de Dios hecho visible en Cristo Jesús,
Señor Nuestro.
Que este Cristo Resucitado
esté siempre con ustedes.

Introducción del Celebrante
​La muerte permanecerá siempre como un misterio de dolor… Pero, como cristianos, vivimos en fe y esperanza. Si tuviéramos suficiente fe, soportaríamos la muerte sin miedo y la acogeríamos como un regreso a la casa del Padre. En nuestra fe no hay lugar para dudar. Creemos que, en la muerte, Dios no abandonará a sus gentes, que son obra de sus manos, hechas a su imagen y semejanza, por quienes Cristo murió y resucitó de entre los muertos. Dios no nos dejará perecer para siempre. En Cristo tenemos la promesa de Dios de que nosotros resucitaremos también de entre los muertos para la gloria y alegría eternas. Con esta esperanza ponemos hoy espiritualmente a nuestros difuntos en las manos del Dios de la Vida.

Acto Penitencial
Por su muerte y Resurrección,
Cristo nos trajo esperanza, vida y alegría.
Con la mayor confianza le pedimos perdón por nuestros pecados.
(Pausa)
Señor Jesús, Hijo del Dios vivo:
Tú viniste al mundo para compartir nuestras penas y alegrías.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús: tú te entregaste a la muerte en la cruz
para vencer al pecado y a la muerte en nosotros.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú resucitaste de entre los muertos
para ser nuestro camino de vida y alegría infinitas.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor,
y perdona todos nuestros pecados.
Ayúdanos a vivir tu vida en la tierra
y llévanos a nosotros y a todos los fieles difuntos
a la felicidad de la vida eterna.

Oración Colecta
Encomendemos al Señor
a todos los fieles difuntos.
(Pausa)
Oh Dios de la vida y de los vivos:
Creemos que tú eres un Dios de un Amor
que es más fuerte que la muerte ya que tu Hijo Jesucristo,
nacido como uno de nosotros,
destruyó la muerte para siempre.
Te pedimos confiadamente que todos los fieles difuntos
vivan en la seguridad de tu amor;
que disfruten de paz, tu paz, que con tanta frecuencia
se les escapaba en la vida, y danos también
a todos nosotros el valor para enfrentar la vida
dándole auténtico sentido, viviéndola
en unión íntima con tu Hijo Jesús,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Salmo Responsorial

Salmo 22, 1-3. 4. 5. 6

R. (1) El Señor es mi pastor, nada me faltará.
El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes praderas me hace reposar
y hacia fuentes tranquilas me conduce
para reparar mis fuerzas.
Por ser un Dios fiel a sus promesas,
Me guía por el sendero recto.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Así, aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tú mismo preparas la mesa,
a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume
y llenas mi copa hasta los bordes.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán
todos los días de mi vida;
y viviré en la casa del Señor
por años sin término.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.

Segunda Lectura

Romanos 5, 5-11

El Señor Resucitado está a nuestro lado

El Padre no evitó la muerte de su Hijo para que pudiera traernos vida. Por lo tanto, ni la muerte ni la vida pueden separarnos a nosotros del Amor de Dios.

Hermanos: La esperanza no defrauda porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado.

En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.

Con mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucho más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su Hijo. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

O bien: 

Romanos 6, 3-9

Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a él en su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.

Porque, si hemos estado íntimamente unidos a él por una muerte semejante a la suya, también lo estaremos en su resurrección. Sabemos que nuestro hombre viejo fue crucificado con Cristo, para que el cuerpo del pecado quedara destruido, a fin de que ya no sirvamos al pecado, pues el que ha muerto queda libre del pecado.

Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no morirá nunca. La muerte ya no tiene dominio sobre él.

Aclamación antes del Evangelio

Mateo 25, 34

R. Aleluya, aleluya.
Vengan, benditos de mi Padre, dice el Señor;
tomen posesión del Reino preparado para ustedes
desde la creación del mundo.
R. Aleluya.

Oración de los Fieles

​Oremos a nuestro Dios vivo, que nos creó para la vida y la felicidad. Dios no nos va a entregar a la muerte definitiva, sino que nos va a dar vida eterna. Oremos diciéndole: R/ Señor de la Vida, escucha bondadoso a tu Pueblo.

– Por los difuntos de nuestras familias y de nuestra comunidad, por todos los que significaban mucho para nosotros en la vida. Para que Dios, que los llamó por su nombre, sea su alegría sin fin, roguemos al Señor.
– Por los que tuvieron que sufrir mucho en la vida a causa de la enfermedad, de la injusticia o de la pobreza. Para que sus penas se acaben ya ahora, y su felicidad no tenga fin, roguemos al Señor.
– Por los difuntos que tuvieron que caminar en la vida en triste soledad, porque nadie o muy pocos se cuidaron de ellos, o porque ellos mismos eran personas inadaptadas y solitarias, o porque sus hijos o compañeros los abandonaron. Y también por aquellos por quienes nadie llora… Para que ahora puedan descubrir y gozar la alegría de la amistad de los santos en el cielo, roguemos al Señor.
– Y finalmente por nosotros mismos. Para que sepamos ayudarnos y apoyarnos unos a otros en el viaje a través de la vida y que vayamos juntos por los caminos del Señor compartiendo vida y muerte, penas y alegrías, roguemos al Señor.

​Oh Dios de vida, te damos gracias por la certeza que nos das de que los muertos están en tus manos y que nosotros estamos llamados y destinados a la vida eterna gracias a tu Hijo Resucitado, Jesucristo. No permitas que se inquiete nuestro corazón, y reúnenos un día con gozo con todos los que hemos conocido y amado. Llévanos a todos hacia ti por medio de Aquel que es nuestro camino, Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Entregamos confiadamente en tus manos
nuestra vida y nuestra muerte.
Danos el Pan de la eucaristía que da vida
Y el vino de fidelidad a tu Alianza,
para que, por su poder, podamos vencer
a la muerte y vivir para la vida,
y un día nos unamos gozosamente
a nuestros seres queridos que partieron
antes que nosotros en fe.
Te lo pedimos por medio de Jesucristo,
Hijo tuyo, y Señor nuestro Resucitado,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Introducción a la Plegaria Eucarística
​Demos nuestra alabanza entusiasta al Padre de la vida y de la felicidad, porque nos ha creado para la vida y no nos ha abandonado a la muerte. Por medio de Jesucristo, nuestro Señor Resucitado, nos ha traído la plenitud de vida.
Nota: No olvidar el uso de los añadidos para los difuntos en la Plegaria Eucarística.

Invitación al Padre Nuestro
Oremos con las palabras de Jesús
al Padre de la vida y la esperanza,
que es nuestro Padre en el cielo.
R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concede la paz en nuestros días
a un mundo que no sabe crear paz
por estar siempre involucrado en guerras egoístas.
Otorga paz a los difuntos que murieron
en la esperanza de vivir en tu eterna felicidad.
Líbranos del miedo a la muerte,
mientras aguardamos con alegre esperanza
nuestra resurrección y la vida plena
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/ Tuyo es el Reino…

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo,
el Señor Glorioso y Resucitado,
que dijo: “Yo soy la resurrección y la vida.
Los que creen en mí vivirán, aun cuando mueran;
y quienquiera que viva y crea en mí nunca morirá.”
Dichosos nosotros
por estar unidos como hermanos
mientras nos alimentamos
con el Pan de la vida eterna.
R/ Señor, yo no soy digno…

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú nos conoces y nos amas más allá de la muerte.
Te damos gracias por habernos llamado
a todos a vivir para siempre en tu amistad.
Te damos gracias por la felicidad sin fin
de los santos que viven en tu alegría. T
e damos gracias por tu amor imperecedero y eterno
hacia nosotros y hacia todos nuestros queridos difuntos.
Acepta nuestra acción de gracias
por medio de tu Hijo Resucitado, Jesucristo, nuestro Señor,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición
​Hermanos: Hemos rogado hoy por todos los difuntos, conocidos o desconocidos, distantes o cercanos. Ha sido una ocasión para nosotros de profundizar nuestra fe en la resurrección prometida a los difuntos, y también a nosotros, peregrinos todavía en este mundo. Creemos en un Dios vivo que quiere que todos vivan en su alegría y amor. Que nuestro Dios de la vida nos bendiga a todos, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y que esta bendición se prolongue por siempre.

Scroll to Top