1

Primera denuncia  

¡Ay, de los que planean maldades

y traman iniquidades en sus camas!

Al amanecer las ejecutan,

porque tienen poder.

2

 Codician campos y los roban, casas y las ocupan, oprimen al jefe de familia y a su casa, al propietario y a su herencia.

3

 Por eso así dice el Señor: Miren, yo planeo una desgracia contra esa gente, de la que no podrán apartar el cuello, ni podrán caminar erguidos, porque es un tiempo de desgracias.

4

 Aquel día entonarán contra ustedes una sátira, cantarán una lamentación: ¡Ay, que me roba y vende la propiedad familiar! Nos apresa y reparte nuestras tierras, ¡Estamos perdidos!

5

 Así no tendrás a nadie que distribuya la tierra en la asamblea del Señor

6

Los profetas

No deliren –deliran ellos–

no deliren diciendo:

No llegará la humillación.

7

 –¿Está maldita la casa de Jacob? ¿Se ha acabado la paciencia del Señor o van a ser tales sus acciones? ¿No son buenas mis palabras para el que procede rectamente?

8

 Antiguamente mi pueblo se levantaba contra el enemigo, ahora arrancan túnica y manto a quien transita confiado, al regresar de la guerra.

9

 Echan del hogar querido a las mujeres de mi pueblo y a sus niños les quitan para siempre mi honor.

10

 ¡Levántense y caminen! que este no es sitio de reposo porque está contaminado, está hipotecado y exigen la hipoteca.

11

 Si viniera un profeta diciendo engaños: Te invito a vino y licor, sería un profeta digno de este pueblo.

12

El rebaño reunido: falsos profetas  

Yo te reuniré todo entero, Jacob;

congregaré tus supervivientes, Israel;

los juntaré como ovejas en un corral,

como rebaño en la pradera,

y se oirá el barullo de la multitud.

13

 Delante avanza el que abre camino, los demás lo siguen, atraviesan la puerta y salen: delante marcha su rey, el Señor a la cabeza.

Comentarios

2:1 - 2:5

Primera denuncia.

Está dirigida a la sociedad en general y a sus mediadores. También encontramos una invectiva contra los falsos profetas. En el pleito que entabló desde el comienzo contra Samaría y Jerusalén, está seguro de que estas ciudades son el tropiezo de sus respectivos reinos. Ahora concreta un poco más en qué consiste el pecado de cada una: el mal que realizan sobre el pobre de un modo sistemático y planificado, roban al más débil y acaparan los bienes básicos de los demás aprovechándose de sus necesidades. En suma: desde sus posiciones ventajosas oprimen sin compasión al pueblo (1s); por eso, el Señor planea un castigo que consistirá en la expropiación y la ruina de los acaparadores (3s). Es la manera en que el profeta concibe el castigo, dirigido, en todo caso, a crear conciencia sobre el justo reparto de los bienes. Quienes han quebrantado la armonía de una sociedad igualitaria serán excluidos, al punto de no poder participar en el nuevo reparto de la tierra que hará el Señor (5).

2:6 - 2:11

Los profetas.

Lo que para unos es buena noticia, para otros es mala. Los que se sienten interpelados y descubiertos por las palabras de Miqueas tratan de silenciarlo (cfr. también Os 9,8; Am 2,12; 7,12s). El profeta, consciente de ello, ridiculiza a quienes hablan palabras lisonjeras para ganarse el favor de los poderosos y se mofa de quienes dan crédito a esos farsantes.

2:12 - 2:12

El rebaño reunido: falsos profetas.

Probablemente, estos versículos fueron agregados aquí en una época posterior, en tiempos del exilio. La promesa, dirigida a un pequeño resto, ayuda a mitigar el dolor de la invasión, la destrucción y el destierro. Los que han resistido y escapado a la muerte estarán capacitados para formar un nuevo pueblo.


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