1

Segunda denuncia  

Pero yo digo:

Escúchenme, jefes de Jacob,

príncipes de Israel:

2

 ¿no les toca a ustedes ocuparse del derecho, ustedes que odian el bien y aman el mal? Arrancan la piel del cuerpo, la carne de los huesos,

3

 se comen la carne de mi pueblo, le arrancan la piel, le rompen los huesos, lo cortan como carne para la olla, como ración para la cacerola.

4

 Pero cuando griten al Señor, no les responderá, les ocultará el rostro entonces por sus malas acciones.

5

Los profetas y el profeta

Así dice el Señor a los profetas

que extravían a mi pueblo:

Cuando tienen algo que morder,

anuncian paz,

y declaran una guerra santa

a quien no les llena la boca.

6

 Por eso llegará una noche sin visión, oscuridad sin oráculo; se pondrá el sol para los profetas oscureciendo el día;

7

 los videntes avergonzados, los adivinos sonrojados se taparán la barba, porque Dios no responde.

8

 Yo, en cambio, estoy lleno de valor, de Espíritu del Señor, de justicia, de fortaleza, para denunciar sus crímenes a Jacob, sus pecados a Israel.

9

Denuncia y sentencia  

Escúchenme, jefes de Jacob,

príncipes de Israel:

ustedes que desprecian la justicia

y tuercen el derecho,

10

 edifican con sangre a Sión, a Jerusalén con crímenes.

11

 Sus jueces juzgan por soborno, sus sacerdotes predican a sueldo, sus profetas adivinan por dinero; y encima se apoyan en el Señor diciendo: ¿No está el Señor en medio de nosotros? No nos sucederá nada malo.

12

 Pero por su culpa Sión será un campo arado, Jerusalén será una ruina, el monte del templo, un cerro de malezas.

Comentarios

3:1 - 3:4

Segunda denuncia.

Dirigida a los jefes y dirigentes de Jacob e Israel. Se trata de una denuncia muy similar a la primera, en la medida en que tiene por objeto desenmascarar la injusticia social promovida desde la propia estructura. El profeta ve con asombro cómo el pobre es cada día más expoliado; sus gobernantes actúan como carroñeros.

3:5 - 3:8

Los profetas y el profeta.

El profeta ve con horror cómo la mediación religiosa desempeña un papel ambiguo. ¿Cómo puede haber profetas que hablen según sus propios intereses? Mientras el sistema que condena a Miqueas les llene el estómago, ellos anuncian paz; pero si no les es ventajoso, le declaran la guerra santa (5). Con la Palabra de Dios no se puede jugar a mantener una pretendida neutralidad o imparcialidad, por una razón muy simple: el Dios bíblico, el Dios de Jesús, no es ni neutro ni imparcial. A lo largo de la Escritura, Dios se revela como alguien decididamente a favor del empobrecido y del oprimido; así se reveló al pueblo del éxodo, en el desierto, en tierra de Canaán; así se revela por medio de los verdaderos profetas; así se revela en Jesús; así se revela en la primitiva comunidad apostólica; así quiere seguir revelándose en las comunidades cristianas de todos los tiempos.

3:9 - 3:12

Denuncia y sentencia.

Toca el turno a príncipes y jueces, es decir, a quienes administran la justicia (3,9-11). Todos, sin excepción, cumplen con sus funciones, pero en sentido contrario: administran, conducen, construyen, juzgan según sus intereses, aunque tengan que matar, robar, expoliar y construir sobre la sangre de los esclavizados. Nótese, además, cómo al desenmascaramiento de estos estamentos y sus respectivos funcionarios corresponde también una denuncia contra el estamento religioso representado por los profetas y sacerdotes (2,6-11; 3,5-8.11). En connivencia con los protagonistas de los males sociales, dan por hecho que Dios permite todo eso, toda vez que lo invocan y le rinden culto.


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