Eclesiastés / Qohelet
Capítulo 11
El riesgo
Echa tu pan a la superficie del mar, al cabo del tiempo lo recobrarás;
divídelo en siete o en ocho partes, porque no sabes las desgracias que pueden suceder en la tierra.
Si las nubes van llenas, descargan la lluvia sobre el suelo. Caiga al sur o hacia el norte, el árbol queda donde ha caído.
Tanto mirar los vientos, que no se siembra; tanto mirar las nubes, que no se cosecha.
Así como no sabes cómo el aliento de vida entra a los miembros en el seno de la mujer embarazada, tampoco puedes entender las obras de Dios, que lo hace todo.
De mañana siembra tu semilla y no dejes que los brazos descansen hasta la tarde, porque no sabes cuál de las dos siembras resultará o si las dos tendrán igual éxito.
Juventud y vejez
Dulce es la luz y los ojos disfrutan viendo el sol.
Pero por muchos años que viva el hombre, y los disfrute todos, debe recordar que los años oscuros serán muchos y que todo lo que viene es pura ilusión.
Disfruta, muchacho, mientras eres joven y pásalo bien en la juventud; déjate llevar del corazón y de lo que atrae a los ojos; y sabe que Dios te llevará a juicio para dar cuenta de todo.
Rechaza las penas del corazón y aleja los dolores del cuerpo: niñez y juventud son efímeras.

Comentarios
El riesgo.
Qohelet desarrolla en este apartado los temas del atrevimiento y la prudencia. Las formas de expresión a las que nos tiene acostumbrados han cambiado; ahora usa imperativos, sentencias pareadas, afirmaciones numéricas, repeticiones verbales, palabras clave. El proverbio del versículo 1 ha dado lugar a numerosas interpretaciones. Se le ha relacionado con los versículos 2, 5 y 6, que hablan de la ignorancia acerca del futuro; también se ha pensado en la imagen del cebo arrojado al agua por el pescador, o en que la instrucción de Qohelet no ha querido desanimar a su discípulo por capricho, sino para ahorrarle desengaños. El versículo 5 es una expresión sapiencial que alude a la formación del embrión (cfr. Job 10,11). Al igual que en 1,6; 8,8, se trata de una acción misteriosa de Dios que se escapa a la sabiduría humana (cfr. Prov 21,30). Estas sentencias son más bien sugerencias, intuiciones, incentivos, estímulos, cuya finalidad no es expresar una verdad, sino proponer una meditación y una actuación.
Juventud y vejez.
Para terminar, Qohelet habla de la juventud y la vejez con el tono característico de los maestros antiguos. El tema de la juventud (11,7-10) se desarrolla de manera positiva. Es una invitación al joven al gozo y la felicidad. En cierto modo, se aparta de la sabiduría tradicional, aunque no está lejos de ella en las condiciones que propone para el disfrute (cfr. Eclo 30,21-23). De la vejez (12,1-7) habla en sentido negativo, como el final de la vida y de la alegría. Los distintos elementos de la naturaleza le sirven de metáforas para desarrollar este tema –se puede pensar, incluso, que los versículos 3 y siguientes constituyen una alegoría de los miembros del cuerpo humano–. En 12,8, acaba la enseñanza del sabio Qohelet con la resonancia de la última instrucción que le otorga un aire de testamento: la juventud es el símbolo de la vida, mientras que la vejez lo es de la muerte.