Cantar de los cantares
Capítulo 6
XVI. Recuerdos
¿Adónde fue tu amado,
tú, la más hermosa de las mujeres?
¿Adónde se encaminó tu amado,
para buscarlo contigo?
Mi amado ha bajado a su jardín, al plantel de balsameras, a deleitarse en el jardín, a recoger sus rosas.
Mi amado es mío, y yo suya, ¡se deleita entre las rosas!
Eres bella, amada mía, como Tirsá, fascinante como Jerusalén; imponente como un batallón.
¡Aparta de mí tus ojos, que me turban! [Tus cabellos, como un rebaño de cabras que desciende por la sierra de Galaad;
Tus dientes, cual rebaño de ovejas que suben del baño: todas ellas gemelas ninguna solitaria.
Dos cortes de granada, tus mejillas tras el velo].
XVII. La esposa raptada
Si sesenta son las reinas,
ochenta las concubinas,
e innumerables las doncellas,
una sola es mi paloma hermosísima; única para su madre, predilecta de quien la engendró. Al verla, la felicitan las muchachas, la elogian las reinas y concubinas.
¿Quién es ésa que se asoma como el alba, hermosa como la luna, radiante como el sol, imponente como un batallón?
Había bajado al nogueral a contemplar la floración del valle, a ver si las vides habían brotado, a ver si despuntaban los granados;
¡Sin saberlo, me raptó el carro del Príncipe, mi pariente!

Comentarios
XVI. Recuerdos
Aunque la mujer sea llamada la «más hermosa de las mujeres», como la mujer de 1,8 (la prostituta), ambos personajes no deben confundirse. La prostituta no sabe dónde está su amado, sueña, lo busca y no lo encuentra. La mujer de este breve canto sabe muy bien dónde está su amado. Los dos jóvenes se encuentran una vez más. Con anterioridad, ambos habían fantasea-do. El nuevo encuentro, que es más bien un recuerdo del pasado que una realidad presente, lleva a la muchacha a revivir intensamente el pasado. Los deseos comienzan a realizarse.
XVII. La esposa raptada
Varias voces se suceden en esta canción. La voz de la madre tiene un tono entre lastimero y resignado, e incluso agradecido. Ha sido despojada de su predilecta, que, por añadidura, es bellísima: «paloma hermosísima». Para colmo de desgracias, su hija ha sido conducida al harén del rey, tan nutrido. El dolor materno se compensa, sin embargo, al constatar que doncellas, reinas y concubinas elogian a la hija raptada. La intervención de este grupo es coral: juntas felicitan y elogian a la mujer raptada; juntas también se preguntan por la identidad de una mujer tan bella. Esta mujer tiene algo divino. Es una epifanía luminosa que, desde lo alto del cielo, pone fin a la oscuridad de la tierra. Todas las estrellas del cielo tintinean en ella: es imponente como un batallón. La voz del rey no se escucha con claridad. Acaso forma dúo con la voz de la madre y juntas proclaman: «Es mi paloma hermosísima». La última voz que oímos es la de la mujer raptada. Responde a la pregunta coral, recordando: había bajado a contemplar cuando, sin saber cómo, alguien la raptó.