1

Los corintios, carta de recomendación de Pablo

¿Empezamos otra vez a recomendarnos? ¿Acaso necesitamos cartas de recomendación de ustedes o para ustedes?

2

Ustedes son nuestra carta, escrita en nuestro corazón, reconocida y leída por todo el mundo.

3

Nadie puede negar que ustedes son una carta de Cristo, que él redactó por intermedio nuestro, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo, no en tablas de piedra, sino en corazones de carne.

4

El ministerio de la nueva alianza

Esta confianza en Dios la tenemos gracias a Cristo.

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No es que seamos capaces de atribuirnos algo como nuestro, ya que toda nuestra capacidad viene de Dios.

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Él nos capacitó para administrar una alianza nueva: que no se apoya en la letra, sino en el Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.

7

Pero si el ministerio que lleva a la muerte, con sus letras grabadas en piedra, se realizó con gloria, hasta el punto de que los israelitas no podían fijar la mirada en el rostro de Moisés, por el resplandor transitorio de su rostro,

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¿cómo no va a ser más glorioso el ministerio del Espíritu?

9

Porque si el ministerio de la condena era glorioso, ¿cuánto más lo será el ministerio que conduce a la justicia?

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Más aún, lo que entonces resplandecía, ya no resplandece, opacado por un esplendor incomparable.

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Si lo transitorio fue glorioso, ¿cuánto más glorioso será lo permanente?

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Animados con esa esperanza nos comportamos con toda franqueza.

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No como Moisés, que se cubría el rostro con un velo, para que los israelitas no vieran el fin de un esplendor pasajero.

14

Con todo, se les oscureció su inteligencia y hasta hoy, cuando leen el Antiguo Testamento, aquel velo permanece, y no se descubre, porque sólo con Cristo desaparece.

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Hasta el día de hoy, cuando leen a Moisés, un velo les cubre la mente.

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Pero: al que se convierte al Señor, se le cae el velo.

17

Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor allí está la libertad.

18

Y nosotros todos, con el rostro descubierto, reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, y nos vamos transformando en su imagen con esplendor creciente, bajo la acción del Espíritu del Señor.

Comentarios

3:1 - 3:3

Los corintios, carta de recomendación de Pablo.

Toda la siguiente reflexión tiene un sabor polémico. Al parecer, algunos predicadores se presentaban en Corinto con cartas de recomendación –quizás de las autoridades de Jerusalén o de Antioquía–, cosa corriente tanto en la vida civil como en la cristiana (cfr. Hch 18,27; Rom 16,1s; 1 Cor 4,10). Es probable que los opositores del Apóstol exhibieran estos documentos como garantía de legitimidad y tapadera de sus charlatanerías. Pablo pregunta retóricamente a los corintios si él tiene necesidad de recomendaciones. Responde con una imagen bellísima y audaz: ellos mismos, los corintios, son su carta de recomendación de Cristo. Esta carta, escrita en el Espíritu, es la Nueva Alianza de la que el Apóstol afirma que es ministro, no por méritos propios, sino por el poder que Cristo le confirió.

3:4 - 3:18

El ministerio de la nueva alianza.

El contexto de estas reflexiones sigue siendo polémico. Aparentemente Pablo dirige toda su virulencia no contra la Ley de Moisés en cuanto tal, sino contra la predicación de aquellos falsos apóstoles que no se habían desprendido aún de la mentalidad de la «ley antigua» –en realidad manipulaban a Moisés– y del prestigio y la «gloria» con que revestían su actividad misionera. En otras palabras, no habían comprendido la «novedad del Evangelio», y por tanto negociaban con la Palabra, la distorsionaban y callaban su mensaje.


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