Exaltación de la Santa Cruz
Juan 3,13-17
“En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: Nadie ha subido al cielo si no es el que bajó del cielo: el Hijo del Hombre. Como Moisés en el desierto levantó la serpiente, así ha de ser levantado el Hijo del Hombre, para que quien crea en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él”.
Un saludo para todos.
Estamos celebrando una fiesta: la fiesta de la Exaltación de la Cruz. Sabemos que los primeros cristianos no tenían mucha simpatía por este símbolo. Ellos tenían otros símbolos para representar su fe. Recordamos el áncora, el pastor, el pez… y luego, cuando llegó Constantino, que puso la cruz de oro en el Calvario y así también los cristianos tomaron esta cruz como el símbolo de su opción de vida. Y así nace esta fiesta del Triunfo o Exaltación de la Cruz. ¿Qué significa esta exaltación?
El texto del evangelio de hoy insistirá sobre una palabra: ‘levantamiento’. El Hijo del Hombre que debe ser ‘levantado’, debe ser glorioso. Esta palabra, en el evangelio de Juan, se emplea con una acepción diversa a la ordinaria, a la que nosotros usamos comúnmente. Vayamos a este texto que está en el discurso que Jesús hace hablando con Nicodemo—recordamos bien a este personaje que indica, según la interpretación tradicional, a aquellos que durante la noche van en búsqueda de la luz. Es el rabino, el fariseo, que ha crecido con cierta mentalidad ligada a la tradición; se sorprende con las señales que Jesús hace, y es atraído por la luz de Jesús.
Y, por tanto, también nosotros nos juntamos con Nicodemo para escuchar este discurso muy importante que hace Jesús: creer en este Hijo del Hombre que es levantado. ¿Qué significa creer, ser elevado, recibir la vida eterna? Lo vamos a ver estudiando –casi– palabra por palabra este discurso que Jesús está haciendo con Nicodemo. Y nos juntamos todos nosotros junto a este personaje para escuchar as Jesús. Un personaje que nos es hasta simpático porque estará luego al pie de la cruz cuando recibirá la plenitud de la luz.
Dice Jesús: “Nadie ha subido al cielo si no es el que bajó del cielo: el Hijo del Hombre”.Quiere decir que nadie ha ido al cielo para contemplar el rostro de Dios, su proyecto de salvación, nadie ha contemplado el amor infinito de Dios. No se puede contemplar ‘subiendo’ al cielo. Nadie lo ha hecho. Pero hay un Hijo del Hombre que ha venido del cielo. Y él ha visto el rostro del Padre y lo puede revelar. Es Jesús de Nazaret, el que es el Verbo del Padre que se ha hecho carne, se ha hecho uno de nosotros, para mostrarnos el rostro auténtico de Dios. ¿Y cómo lo mostrará? Lo dice en este discurso: se mostrará el rostro de Dios en el culmen de la revelación de este rostro, que es el levantamiento sobre la cruz.
Así pues, la ‘exaltación’, el ‘levantamiento’ son palabras equívocas, porque no se emplean de la misma manera que nosotros las utilizamos ordinariamente. Jesús hace referencia a una imagen que está en el libro de los Números, en el capítulo 21 donde se narra el episodio de las serpientes que muerden a los israelitas que están atravesando el desierto del Sinaí. Narra este episodio que, en un cierto momento, el pueblo se lamenta y Dios dice a Moisés; “Haz una serpiente de bronce y colócala en un estandarte. Los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla”. Se trata, claramente, de un gesto que se refiere a esta imagen de la serpiente que se ha entrepretado siempre ligada a las sanaciones…
Recordemos la ‘culebra de Esculapio’ (Asclepio para los griegos y Esculapio para los romanos) dios griego de la curación y la medicina, en cuya imaginería porta un bastón con serpiente enroscada, que es hoy l símbolo de la medicina). La serpiente que es símbolo de muerte y también símbolo de vida. Es también una referencia a la concepción mágica que existía en aquel tiempo referente a estos gestos… Esto a nosotros no nos interesa. Nos interesa, en vez, la manera cómo Jesús interpreta esta señal que se encuentra en el libro de los Números: Una serpiente ensalzada y aquellos que la contemplan son sanados.
Y Jesús lo aplica a lo que le sucederá a él. Es necesario que el Hijo del Hombre, que ha bajado del cielo para revelarnos lo que él ha visto, lo que él ha contemplado—el rostro del Padre y su diseño sobre el verdadero rostro del hombre, su Hijo, es necesario que sea elevado. Este ‘es necesario’ es muy importante porque no indica una fatalidad… ‘sucederá esta desventura, esta desgracia’… NO. A fin de que este Hijo del Hombre pueda revelar realmente el rostro del Padre, por tanto, su inmensa capacidad de amar, su voluntad de amar al hombre… es necesario que sea elevado.
¿Qué significa este alzamiento? Elevarse para mostrar la gloria completa. Sabemos que para tener gloria hay que elevarse, que nos hagamos ver. Y, a menudo, para hacerse ver es necesario salir y aplastar a los demás, considerarlos los taburetes que pueden ayudar, que pueden servir para subir y hacerse ver. Pero aquí hay otro alzamiento. El verdadero alzamiento, la verdadera gloria, la verdadera manifestación del rostro auténtico de Dios que es amor y solo amor.
Es la única manera que Dios tiene para mostrar cuánto nos ama es la de donar la vida. No es que Dios haya querido la muerte de su Hijo, sino que, en este crimen cometido por los hombres, Dios ha hecho su obra maestra: nos ha revelado lo mucho que nos ama. Así, si uno está enamorado, tiene una única posibilidad de mostrar el verdadero culmen del propio amor que es la de entregar la vida por la persona amada. Esta palabra ‘alzamiento’ se emplea tres veces en el evangelio de Juan. Y, en el capítulo 12, por tercera vez, cuando se utiliza una expresión muy hermosa cuando dice que ‘todos voltearán la mirada… llegará el día en que todos contemplarán y creerán en aquel Hijo del Hombre elevado’.
Este es el verdadero alzamiento—el que te hace realmente glorioso si te asemejas a él.Jesús continúa diciendo: “para que quien crea en él tenga vida eterna”. Quien cree en este Hijo del Hombre. ¿Qué significa esta ‘vida eterna’? Cuando decimos ‘eterna’ entendemos una vida que nunca acabará. Y pensamos en la vida eterna como una vida que se nos dará después de la muerte; esta vida acaba, pero luego se nos dará otra. No es así.
La ‘vida eterna’ no se refiere tanto a una vida que continuará siempre… por tanto la ‘duración’. Se refiere a su carácter, que es definitivo, que es indestructible por su misma naturaleza porque es la vida del Eterno, la vida divina. Y para llegar a esta vida hay que ser engendrado. Es lo que Jesús dijo a Nicodemo: “Es necesario nacer de lo alto”.
Nicodemo no entiende lo que Jesús quiere decir con este ‘nacer’ a una vida del Eterno.La vida es siempre un don. Nadie se ha dado la vida a sí mismo. Debemos tomar conciencia de que, por más que nos esforcemos, la vida nos es dada; y lo mismo que sucede con la vida biológica sucede con la ‘vida eterna’, la vida del Eterno.
Si no se nos es dada, nosotros tendremos solamente el primer don, que es la vida biológica, que no dura mucho, que es importante… es un don. Pero Jesús dice a Nicodemo: ‘Si no te es dada del Eterno esa vida indestructible, al acabar la vida biológica te acabas para siempre’. Jesús vino a decirnos que el Padre ha hecho este don. Y se acepta este don cuando se cree en su ‘exaltación’. ‘Mirar y creer”’ quiere decir, ante todo, haber comprendido de qué es señal ese alzamiento. Para nosotros la cruz es señal de dolor, de muerte. ¡NO! La cruz es solamente señal de una sola cosa: de un amor máximo, total. Este es el símbolo de la cruz —el símbolo que estamos invitados a contemplar.
Y nos preguntamos qué significa ‘creer’. Creer significa haber comprendido que la cruz es la señal de lo inmenso que Dios nos ama. Allí Dios ha mostrado su rostro, en su Hijo. Hijo, en la concepción semítica, es el que se asemeja al padre. Allí, en la cruz, tenemos la máxima revelación del amor de Dios. Y ‘creer’ quiere decir haber comprendido y haber adherido a su propuesta de hombre: amar al hermano, a la hermana, como él nos ha amado. Este es realmente la persona exitosa. Todas las otras realizaciones y conquistas son deshumanizantes.El hombre verdadero es el que ha asimilado esta capacidad de amar hasta el don total de sí mismo.
‘Creer’ quiere decir fiarse de su propuesta. ¿Y qué significa esta cita que Jesús ha hechodel libro de los Números y a aquella serpiente que había sido elevada? Los que contemplaban esta serpiente luego de haber sido mordidos, y contemplaba la serpiente de bronce era el antídoto al veneno que se le había inyectado. Cuando consideramos lo que sucede en nuestra vida, nos damos cuenta que estamos continuamente combatiendo serpientes que envenenannuestra existencia.
Son los peligros que vienen de nuestro interior y también desde fuera… Pensemos en la propaganda, a la televisión, a las revistas basuras, a los discursos… que nos hacen una propuesta que no es de vida sino de muerte. Todo esto es veneno que se nos inyecta y es inevitable que esto suceda. Conocemos muy bien estos venenos: el ansia del poseer, la frenesí del poder, el afán de aparentar para obtener todos esos resultados. Nos replegamos sobre nosotros mismos, no pensamos en los demás, nos aprovechamos, utilizamos a los demás para obtener nuestros objetivos.
La mirada hacia Aquel que está elevado, que nos muestra el verdadero rostro de Dios y el verdadero rostro del hombre, es el que nos cura del veneno de muerte que estas serpientes están siempre al acecho de inyectar en nuestro corazón. Esta es la forma en que el mundo es juzgado por la cruz de Cristo. Viene juzgado, no para ser condenado, sino que contemplando esta cruz, este Hijo del Hombre, el mundo se da cuenta que está deshumanizado. Y continúa la meditación. La meditación que ya no es el discurso que hace Jesús, sino la meditación del evangelista después de la Pascua.
Es el evangelista que repensando lo que ha acontecido en la Pascua dice: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna”. Esto es lo que hizo Dios: ha amado tanto a la humanidad que le ha donado este Hijo, quien ha mostrado su rostro. Y “no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él”. Algunos dicen: si hablamos de este amor incondicional de Dios luego la gente se convierte en mala… Es todo lo contrario.
Si comprendemos el amor de Dios, no nos haremos malos. Es la única manera de comprender que para ser personas, para ser de veras hijos de Dios hay que ser capaz de amar como él nos ha mostrado en el Hijo del Hombre elevado sobre la cruz.
Les deseo a todos una buena semana.
