EPIFANÍA DEL SEÑOR 

Mateo 2,1-12

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Una buena fiesta para todos.

Hoy es la fiesta de Epifanía. En algunos países todavía se celebra el 6 de enero. ¿Por qué? Sabemos que ‘epifanía’ proviene del verbo griego ‘epifaino’, que significa manifestarse. ¿Quién es el que se manifestó el 6 de enero? Una nota del origen de esta fiesta nos ayudará a captar mejor el mensaje del pasaje evangélico que se nos presenta hoy.

El día 6 de enero se celebraba la manifestación, la epifanía de la luz. ¿De qué luz? En Oriente ya en el siglo III a.C. se celebraba la fiesta del solsticio de invierno; una fiesta dedicada al triunfo de la luz sobre la oscuridad. La escena de Apolo, el Dios sol, en la cuadriga que triunfa sobre la oscuridad de la noche, estaba representada en todas partes en la antigüedad. En el fondo coloqué la metopa (pieza rectangular de mármol o piedra) del arquitrabe del templo de Atenea (la diosa de la sabiduría, la guerra y la artesanía) en Helios, Troya (en griego antiguo Ἥλιος Hếlios, ‘sol’ es la personificación del Sol) es del 300 a.C.

Sabemos que el solsticio de invierno es cuando por unos días parece que el sol se detiene en su descenso (emisferio Norte) y luego empieza a salir de nuevo. Parece que el sol se apaga en la oscuridad bajando cada vez más, y luego comienza a salir de nuevo. Es la victoria de la luz sobre la oscuridad. Esta fecha del solsticio de invierno se calculaba en la antigüedad de una manera muy aproximada; para nosotros es el 21 de diciembre, pero en la antigüedad cuando se daban cuenta que la luz había vencido verdaderamente a la oscuridad, era el 6 de enero. De hecho, bajo el reinado de Tiberio, o sea, en la época de Jesús, el solsticio se celebraba en Alejandría y en todo el Cercano Oriente alrededor del 6 de enero.

Esta luz solar material que era considerado un Dios y esta religión del Dios sol fue introducida especialmente por los emperadores romanos, Heliogábalo y Aureliano. Y fue este último quien instituyó la fiesta del sol invicto que se celebraba en diferentes fechas, pero siempre entre el 25 de diciembre y el 6 enero.

¿Qué sucedió cuando llegó Constantino? Esta festividad quedó como una celebración de la manifestación de la luz, de la victoria de la luz sobre las tinieblas, pero no fue más la celebración de la victoria del sol material sobre la oscuridad de la noche, sino la victoria de la luz que vino del cielo, que es Cristo, quien iluminó la oscuridad de nuestras mentes y de nuestros corazones. Es la nueva luz que viene del cielo; esta es la epifanía que hoy recordamos.

Recordemos el magnífico canto de Zacarías: “Bendito el Señor, Dios de Israel… Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará desde lo alto un amanecer que ilumina a los que habitan en tinieblas y en sombras de muerte, que endereza nuestros pasos por un camino de paz” (Lc 1,68.78-79). La manifestación de la luz pero ¿de qué luz? La manifestación fue la del amor incondicional de Dios y es esta luz la que iluminaba el mundo. La gente siempre se había imaginado a los dioses como caprichosos, se sentían impotentes ante estas acciones impredecibles; intentaban apaciguarlos, de favorecerlos con sacrificios; incluso llegaron a ofrecer sacrificios humanos, algunos incluso sacrificaban a sus hijos a estas deidades; también las consideraban celosas. Estos dioses se habían guardado la inmortalidad para ellos y a los humanos los habían destinado a la muerte. No existía la ternura del amor de estos dioses hacia los humanos. En Israel fue todo un descubrimiento progresivo del Dios amor y esta revelación hecha a Israel fue una preparación para luego poder acoger esta luz que revelaba el amor incondicional de Dios por el hombre que vendría al mundo con Cristo.

Esta luz comenzó a resplandecer con Cristo, la luz nueva que definitivamente hacía desaparecer las tinieblas del mundo, pero ¿quién vio resplandecer esta luz? ¿Quién se ha dejado guiar y conducir e involucrar por la luz del cielo? Y ¿quién, en cambio, se molestaron por esta luz y hubieran querido incluso apagarla en su amanecer?

Es a estos interrogantes que la historia compuesta por Mateo responde; desde el comienzo de su Evangelio quiere guiar a sus lectores a descubrir y sobre todo llevarlo a adherirse, a acoger esta luz. Escuchemos su historia teniendo en cuenta que no estamos ante una crónica de noticias sino a una composición del evangelista; luego trataremos de resaltar las imágenes que utiliza y las referencias al Antiguo Testamento para que podamos captar el mensaje que él quiere comunicarnos:

“Jesús nació en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes. Sucedió que unos magos de oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos aparecer su estrella y venimos a adorarle. Al oírlo, el rey Herodes comenzó a temblar, y lo mismo que él toda Jerusalén. Entonces, reuniendo a todos los sumos sacerdotes y letrados del pueblo, les preguntó en qué lugar debía nacer el Mesías. Le contestaron: En Belén de Judea, como está escrito por el profeta: Tú, Belén, en territorio de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe, el pastor de mi pueblo, Israel. Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, les preguntó el tiempo exacto en que había aparecido la estrella; después los envió a Belén con el encargo: Averigüen con precisión lo referente al niño y cuando lo encuentren avísenme, para que yo también vaya a adorarle”.

La historia comienza con la puesta en escena a personajes enigmáticos; los magos que vinieron de Oriente en busca de la luz que vieron brillar en una estrella y la han identificado como el nacimiento de un nuevo rey. La tradición cristiana se enamoró de estos misteriosos sabios que vinieron del Oriente. En las catacumbas romanas están representados junto a Jesús dos siglos antes que los pastores que aparecen solo en el siglo IV; y alrededor de estas imágenes florecieron leyendas sin fin.

La primera de las leyendas fue elevarlos a la dignidad real. Este fue un paso que fue alentado por la alusión que hace Mateo al salmo 72: ‘El rey de Sabá y de Seba traerán regalos; todos los reinos le rendirán homenaje’. Entonces, inmediatamente se pensó que los que trajeron regalos y rindieron homenaje a Jesús recién nacido, eran reyes… los reyes mencionados en el salmo 72.

El segundo paso que se dio fue el de especificar el número de estos magos, y los números variaron del 2 al 12 pero luego se estabilizaron en el número 3 porque fueron tres los regalos que le ofrecieron a Jesús recién nacido. El tercer paso fue dar nombres de estos magos: y los conocemos como Melchor, Gaspar y Baltazar.

¿Cómo terminó su historia? La tradición amaba tanto a los magos que quisieron acompañarlos hasta el final de sus vidas con leyendas y, de hecho, se dice que después de muchas vicisitudes que tuvieron en sus vidas por causa de la fe en este nuevo rey, ellos han abandonado su adhesión a los reyes del mundo y han seguido al rey que habían encontrado. Después de sesenta años se reencontraron para celebrar la fiesta de Navidad en Sebaste, en Armenia; celebraron la Misa y luego murieron uno tras otro; Melchor el 1 de enero con 116 años, Baltazar el 6 de enero con 112 años y luego Gaspar el 11 de enero era el más joven con 109 años.

Luego, las reliquias de estos magos han viajado más de muertos que de vivos e incluso en el siglo pasado, en el siglo XX, todavía estaban girando estas reliquias de los magos. Sabemos que estuvieron en Milán y luego fueron llevadas a Colonia por Federico Barbarossa en 1164. Cerrando este relato de estas leyendas sobre los magos es importante tener en cuenta que la devoción cristiana se ha encariñado con estos personajes y veremos la razón en breve.

El evangelista Mateo los llama ‘magos’ hemos creado los términos ‘reyes magos’ para suavizar la referencia a la magia que hoy no disfruta del buen nombre ni tampoco la tuvo en el pasado, tanto en Israel como en el mundo romano. De hecho, los magos eran considerados en su mayoría como charlatanes. Recordamos a Tácito que cita entre las cosas absurdas de moda en Roma las predicciones hechas por los astrólogos y los ritos practicados por los magos y la interpretación de los sueños. Suetonio hablando de Tiberio dice que había consultado a todos los magos de Roma en el 19 después de Cristo, propiamente en la época de Jesús.

¿Por qué Mateo menciona a los magos? Podría haber hablado de los sabios, de intelectuales, de astrónomos. NO. Los llama ‘magos’ y la razón es que alude a una profecía del Antiguo Testamento que fue pronunciada por un mago de oriente que se llamaba Balaán.

La interesante historia de este mago se narra en el libro de Números; la pueden leer, desde el capítulo 22 hasta capítulo 24. Este Balaán había sido llamado por el rey Balac de Moab que había visto a los Israelitas pasar por su tierra y no estaba de acuerdo. Entonces quería pelear contra estos Israelitas, pero los Israelitas eran fuertes y luego tenían la reputación de tener de su lado un Dios invencible que incluso había derrotado a los egipcios. Entonces, ¿qué hace Balac? Llama a Balaán, un mago, para que enviara una maldición contra los Israelitas. Lo llama, pero ¿qué sucede? Lo lleva a una montaña y en lugar de maldecir a Israel lo bendecía. Entonces Balac lo lleva a otra montaña, pero él mago continuaba bendiciendo a Israel. El rey le dice: ‘Te pago para que los maldigas y tú los bendices…’.

A nosotros nos interesa el cuarto oráculo de este mago del Oriente. Dice: “Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos penetrantes…” (fíjense cómo los magos antes de pronunciar su oráculo crean esa atmósfera misteriosa) “Oráculo del que escucha palabras de Dios y conoce los planes del Altísimo, que contempla visiones del Todopoderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos (o sea que ve bien). Lo veo, pero no es ahora; lo contemplo, pero no será pronto. Avanza la constelación de Jacob y sube el cetro (esto es, un reino extraordinario) de Israel” (Núm 24,15-17).

El autor se refería a una estrella que debía surgir en la dinastía davídica; esta estrella debía ser el rey Osías; a él se refería esta profecía. También nosotros empleamos imágenes similares refiriéndose al mundo del espectáculo, del deporte, de la música y decimos: ‘Ha nacido una nueva estrella… una nueva estrella que ofusca a todas las que le precedieron’. Mateo introdujo a los magos del Oriente que han visto surgir la estrella porque es la estrella anunciada por Balaán. Pensaron que era el rey Osías a quien se refería la profecía de Balaán, pero Mateo nos dice que NO. La estrella nacida en la dinastía de David, la que tenía que dar comienzo a un reino sin fin es Cristo, es Jesús.

Por tanto, esta ‘estrella’ no tiene nada que ver con el cometa Halley o con la conjunción de Júpiter y Saturno. Mateo quiere decirnos que alguien reconoció inmediatamente en Jesús la estrella anunciada por Balaán. Por supuesto que no debemos hacer desaparecer a la estrella del pesebre, pero tenemos que explicar, incluso a los niños, a los hijos y a los nietos que no se trata del cometa Halley; Jesús es la estrella, él es la luz que guía a cada persona, él es la estrella que hay que seguir, no la estrella ilusoria de las personas exitosas de este mundo. Es esta luz la que nos hace ver lo que realmente importa, los valores auténticos de la vida. Si seguimos otras estrellas, recordemos – son estrellas fugaces, nos llevarán al fracaso en la vida.

La venida de Jesús al mundo se presenta inmediatamente en el Nuevo Testamento como la entrada de la luz. Esta es la epifanía, la manifestación de la luz que viene del cielo. Cuando los pastores reciben el anuncio del nacimiento de Jesús, la gloria del Señor los envolvió en luz, se llenaron de miedo … es una luz que nunca habían visto. Luego Simeón: “Mis ojos han visto tu salvación oh Dios preparado por ti frente a todos los pueblos, luz para iluminar a la gente”. Y también el evangelio de Juan en el prólogo, al principio hablando del Bautista se dice que ‘vino a dar testimonio de la luz, él no era la luz, pero tenía que dar testimonio de la luz; la luz verdadera vino al mundo la que ilumina a todo hombre’. Luego, en el capítulo 3 el evangelista Juan dice: “La luz ha venido en el mundo, pero los hombres prefirieron las tinieblas a la luz”, prefirieron actuar en las tinieblas porque la luz deja claro si te extravías, si amas las cosas que son malas. Luego, en el capítulo 8 cuando Jesús se presenta como la luz: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tiene la luz de la vida”. La luz ha venido al mundo, se ha manifestado, fue la epifanía de esta luz.

Hay dos actitudes frente a esta luz que comienza a brillar y se presentan en el evangelio de Mateo en el pasaje que hoy comentamos en dos grupos de personas que se colocan frente a esta epifanía de luz del cielo. El primer grupo es el de magos. ¿Qué es lo que los caracteriza en su actitud hacia la luz? ¿A quiénes representan estos magos? Ante todo, son los que levantan la mirada, ven esta estrella, no se conforman con mirar hacia la tierra porque de la tierra viene lo necesario para la vida biológica, es importante, pero es una vida que termina, y el hombre está hecho para una vida que no termina, y esta vida solo puede venir de arriba y esta es la luz que brilla en Jesús de Nazaret.

Alzar la mirada es propio del hombre que se pregunta por el sentido de su existencia y su destino. Los hombres no tenían la luz, ha llegado solamente con Cristo. Antes los filósofos trataban de encontrar una respuesta a estas inquietantes preguntas y no la tenían; la ha dado directamente Dios con esta luz que ha llegado para nosotros en Cristo.

La primera característica, pues, de quienes se adhieren a esta luz es levantar la mirada, de dejarse cuestionar por la inquietud interior; han vislumbrado una luz que podría dar sentido a su vida. Se pusieron en marcha. El reino pagano al que pertenecían, la religión que practicaban no les satisfacían, buscaban un nuevo reino, querían pertenecer a un reino que permanece mientras todos los reinos de este mundo se hunden. Ahora entendemos por qué los magos se nos presentan tan simpáticos a nosotros, porque somos nosotros, nos representan a nosotros en la búsqueda de la estrella que realmente guíe nuestra vida y nuestros pasos.

Y vean cómo la tradición ha identificado inteligentemente a estos personajes: Melchor, el anciano, con el cabello blanco, la barba larga es quien ofrece el oro. Representa a aquellos que alzan la mirada, quizás a la vejez, con su historia. Baltazar, el de piel oscura, el hombre maduro el que ofrece la mirra. Y luego Gaspar, el joven imberbe, de piel rosada, es el que ofrece el incienso. Están representadas todas las razas y todas las edades. Nosotros somos esos magos y, por ende, la invitación que nos hace Mateo es a ser como ellos, como esas personas que levantan la mirada y se dejan envolver por esta luz del cielo que es Cristo.

Ahora entra en escena un segundo grupo. Un grupo para quienes esta luz no era bien recibida. Es el rey Herodes; sigue turbado y con él toda Jerusalén. Son los que están instalados en su posición de poder político o religioso; son el rey de este mundo, los gobernantes y los que también invocan a Dios como protector de su condición de poder y de dominación. Están instalados; no me mueven; para ellos todo está bien, así como está. La esclavitud en el imperio romano está bien, si hay miserables… está bien así. ‘Como nosotros estamos bien y somos fuertes, nuestro reino debe continuar’. Ellos no quieren cambios; esta gente no tiene inquietudes porque las han acallado, están drogados por el tener y por el poder.

El verbo que usa el evangelista Mateo es ἐταράχθη -‘etarajte’. Este temblor indica la agitación del mar, de aguas turbulentas. Es el mismo verbo que usa el historiador Flavio Josefo cuando habla del terror del faraón y de todos los egipcios cuando se enteraron del nacimiento de Moisés, la llegada del libertador, del que quiere cambiar el mundo; lanza al pánico a todos los faraones. Herodes ya mató a una decena de familiares, por miedo a que se apoderasen de su trono y por eso es normal que se asuste porque es legítimo en esa situación.

Nos sorprende, sin embargo, que con él toda Jerusalén está agitada. ¿Por qué toda Jerusalén tiembla frente al anuncio que ha comenzado un nuevo reino? Porque Mateo presenta a Jerusalén como la ciudad envuelta en oscuridad; si te quedas en Jerusalén no ves brillar esta luz. Esta Jerusalén indica al viejo mundo, el modo antiguo de concebir a Dios, la relación con él; es esa religión del templo que era un comercio con Dios: se le ofrecía algo para que Dios fuera benévolo. NO. Esto es oscuridad sobre el rostro de Dios. Ahora esta oscuridad se disuelve por la luz que viene con Cristo y Jerusalén tiembla porque está en tinieblas y está asustada por esta luz. Sabemos que cuando Jesús entra en el templo ellos permanecerán perturbados de la luz que trae sobre el rostro de Dios y sobre la nueva religión, la nueva relación del hombre con Dios.

Mientras tanto Herodes se altera porque Jesús vino con su luz a derribar los reinos de este mundo. El reino que él trae no es el de los dominadores sino el del siervo. Grande ya no será el que se sienta en el trono sino el que se ponga a lavar los pies de sus hermanos. Para Herodes y para los escribas que tiene a su alrededor, ese habría sido el momento, la oportunidad de su vida. Herodes podría haber renegado de su pasado, hecho de intrigas, de crueldad y asesinatos. Justamente cuando Jesús nace, en el año 7 antes de Cristo, es cuando mata a dos de sus hijos, Alejandro y Aristóbulo. Podría haber puesto fin a una vida desastrosa y dar la bienvenida a la nueva luz también él. NO. No aceptó la manifestación, la epifanía del nuevo rey; morirá tres años después en Jericó.

También vemos esta alianza del poder político con el poder religioso. El que está en la esfera del poder siempre vive en la mentira, trabaja en secreto, teme la luz. Siempre hay que desconfiar de aquellos que tienen poder político o religioso. Ahora queda claro que con este texto estamos de frente a una página de teología, no es una página de crónica. Cuando Herodes dice: ‘Vayan a Belén y después vengan para decirme si lo han encontrado…’. Esto no puede ser crónica; Herodes no era tan ingenuo como para no poder resolver el problema de otra manera y averiguar quién era ese niño que acababa de nacer.

Escuchemos ahora cómo termina la búsqueda de la estrella que es Cristo:

“Y habiendo escuchado el encargo del rey, se fueron. De pronto, la estrella que se les apareció en oriente avanzó delante de ellos hasta detenerse sobre el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de una inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con su madre, María, y postrándose le adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron como regalos: oro, incienso y mirra. Después, advertidos por un sueño de que no volvieran a casa de Herodes, regresaron a su tierra por otro camino”.

No ven la estrella en Jerusalén; en la capital solo reina la oscuridad, que indica el poder de los reinos de este mundo, la religión inventada por los hombres… aquí la luz no brilla. Cuando salen de Jerusalén vuelven a ver la luz de esta estrella que es Cristo. Es la invitación para nosotros a salir del estancamiento que indica la manera tradicional de justificar todo lo que pasa, el modo común de pensar, la forma de razonar, la forma de evaluar de todos. Es el reino de la lógica del mundo; es lo que enseña que el hombre exitoso es el que acumula bienes, el que alcanza el poder, el que disfruta de la vida.

Es necesario salir de este lugar para poder contemplar la estrella; de lo contrario hay un embotamiento mental y embotamiento de los corazones. Jerusalén representa el reino de la religión que no establece una relación de amor gratuito con Dios sino una relación comercial como era en el templo de Jerusalén. Es necesario salir de esta ciudad, de lo contrario nunca se verá la luz de la estrella que es Cristo. Y una de las señales de que la luz no brilla es la tristeza. Apenas salen de Jerusalén vuelven a ver la luz y se apodera de ellos una inmensa alegría.

Es la primera vez que aparece en el evangelio de Mateo χαρὰν – ‘jarán’ = alegría. Y se presenta como χαρὰν μεγάλην σφόδρα = Jarán megalen sfodra’ = significa una gran alegría, inmensa. El camino hacia la luz es lo que te lleva a la alegría porque solo la aceptación de la propuesta de hombre que te hace Cristo es la que corresponde a tu identidad para que finalmente encuentres la paz y la armonía contigo mismo.

El camino hacia esta luz no es fácil; tengamos en cuenta que hay momentos en que esta luz desaparece y también nosotros nos sumergimos en la oscuridad, en la niebla de este mundo y qué hacer en estos momentos de dificultad que luego representan nuestro propio camino; son los momentos también de miedo, de duda, de incertidumbre cuando mengua incluso la esperanza. En estos momentos es como cuando conduces el auto y hay un momento de niebla, no cambiamos de dirección porque habíamos visto que la carretera iba en esa dirección.

Aquí los magos no han abandonado la orientación de su vida, han seguido buscando esta luz y cuando finalmente encuentran a Cristo presentan sus dones. ¿Dónde fue a buscar Mateo este oro, incienso y mirra? Cuando escribió su narración, tomó este mensaje que proviene de los dones presentados por aquellos que vieron la estrella, de la profecía del libro del profeta Isaías, en el capítulo 60. Esto es lo que el profeta había dicho: “¡Levántate (dice a Jerusalén), brilla, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos; pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti”. ¿Qué sucede cuando brille esta nueva luz? “Acudirán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora… Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor” (Is 60,1-3.6).

Ahora entendemos cómo en nuestra tradición estos reyes magos vienen en camellos y dromedarios. Nuestros hermanos de fe leían las Escrituras y esta es la razón por la que también nos mostraron estas imágenes. Aquí se presentan los dones que el profeta había dicho que el nuevo rey sería traído oro e incienso, y se añade mirra. Hubo muchas interpretaciones de estos tres dones.

El simbolismo es bíblico. ¿Qué representa el oro? La ofrenda que se hace como pago de un homenaje al soberano. Y ¿qué hacen los que han visto la luz del nuevo rey? Le presentan su tributo, es decir, reconocen que él es rey y quieren pertenecer a su reino. El incienso. El incienso es el elemento específico del servicio sacerdotal; solo los sacerdotes podían ofrecer el incienso; estas personas que han visto la luz y han dado la adherencia al nuevo reino, también son los sacerdotes, es decir, le ofrecen a Dios ese culto que a él le agrada, ese incienso que le gusta; el único incienso que le gusta es el amor, el servicio al hermano. Quien entra en este nuevo reino es también sacerdote, ofrece a Dios el culto que le agrada. Y luego la mirra. Si abrimos el Cantar de los Cantares, la mirra se repite continuamente como el símbolo del amor. Ya en el primer capítulo dice la esposa: “Bolsita de mirra es mi amado para mí” (Cant 1,13). Y un poco más adelante es el esposo que dice: “He entrado en mi jardín, hermana y novia mía, he recogido mi mirra (que es el amor de la esposa) y mi bálsamo…” (Cant 5,1).

Aquí están los magos que representan a todos los que se han unido al nuevo reino; son sacerdotes, tienen una relación conyugal con Dios; ya no es el amo, el legislador, el verdugo…NO. Es el que ama incondicionalmente al hombre y el hombre se siente involucrado como la esposa con el esposo en este amor.

Y los magos regresan por otro camino. Ya no es el camino que solían hacer, han descubierto la nueva luz y ahora para ellos comienza una relación con Dios, con ellos mismos y con los hermanos completamente nueva. El mensaje para nosotros es déjanos guiar por esta estrella y así la historia de nuestra vida tendrá su significado.

Les deseo a todos una feliz fiesta.

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