CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO – AÑO A
Mateo 1,18-24
Un buen domingo para todos.
Cuando sentimos hablar de la anunciación del nacimiento de Jesús, nuestro pensamientose vuelca inmediatamente a la anunciación a María hecha por el arcángel Gabriel. El texto del evangelio de hoy no nos presenta la anunciación a María sino la anunciación a José, narrada por el evangelista Mateo. Escuchando y leyendo estos dos episodios, nos lleva a hacernos algunas preguntas ya que nos gustaría tener mucha más información sobre lo que ha acontecido y quisiéramos saber cómo exactamente se desarrollaron los hechos.
Y para satisfacer nuestra legítima curiosidad estamos siempre tentados a juntar las dos narraciones como si se tratase de entrevistas de dos periodistas donde uno completa la información que el otro da. Si hacemos eso cometeremos un grave error pues los dos evangelistas no han narrado dos páginas de crónica sino dos páginas de teología. Y su objetivo no es darnos información detallada de cómo se desarrollaron los hechos. Esto no lo sabremos nunca.
Lo que los evangelistas nos quieren decir es quién es el hijo de María, esposa de José. Y esto es muy importante porque afecta a nuestra vida: saber quién es este Jesús de Nazaret;qué propuesta de hombre hace; y qué sentido tiene al que sigue su propuesta. Esto es decisivo para nuestra vida.
Para comprender el mensaje que Mateo nos quiere comunicar en el texto de hoy debemos tener presente cuáles eran las expectativas del pueblo de Israel. Casi diez siglos antes de Cristo, el profeta Natán había prometido a David—ya avanzado en años—que su dinastía duraría para siempre. Y le aseguró que el Señor daría a un hijo suyo un reino universal,eterno que nunca acabaría.
A través de los siglos, los profetas mantuvieron siempre viva en Israel la espera de este hijo de David. En los momentos más oscuros de su historia han esperado siempre que un día el Señor enviaría el mesías que cambiaría radicalmente la historia de su pueblo y del mundo.En tiempos de Jesús, todos estaban esperando a este mesías ya que las cosas no funcionaban bien. Pero los diferentes grupos, las distintas filosofías—como eran llamadas—lo imaginabande manera muy diversa.
Por ejemplo, los saduceos, que eran los sacerdotes del templo y eran ricos, esperaban un sacerdote que siguiera a la perfección el culto del templo renovándolo para mejorarlo. Los fariseos, a quienes conocemos muy bien, decían que el mesías sería un observante riguroso de la Torá; y que distinguiría muy bien a los buenos de los malos—los que aceptan la ley de Dios y los que la rechazan. Y, naturalmente, haría una buena limpieza.
Los esenios: compartían un poco las ideas del Bautista y sostenían que el mesías haría desaparecer a los malvados, a los hijos de las tinieblas, y que sería el guía de los hijos de la luz. Luego estaban también los Zelotes que buscaban liberar a su nación del poder romano. Para ellos el mesías sería un guerrero como lo fue David. Este era el mesías que los distintos grupos esperaban.
Todos estos grupos se llevarán una gran sorpresa, incluso el Bautista ya que Jesús no corresponderá a ninguno de los mesías esperados. Esta será la sorpresa de Dios. Jesús rechazará la violencia, no tendrá ambiciones políticas, no será el justiciero anunciado por los fariseos y menos aún el sacerdote del culto como lo practicaban los saduceos en el templo.
Jesús purificará el templo. No será esta la religión, la relación que Dios desea tener con su pueblo. El evangelio de Mateo, atribuido a este apóstol, ha seguido a Jesús durante los tres años de su vida pública y cuando escribe su evangelio, conoce todo lo que ha acontecido, toda la revelación que Jesús vino a traer al mundo. Conoce lo que Jesús ha enseñado, sabe cuál es su propuesta de hombre, su vida; sabe que a los ojos del mundo Jesús ha acabado mal,pero también ha hecho la experiencia de la Pascua. Entonces, cuando Mateo narra la anunciación a José ya tiene presente toda la historia de la vida de Jesús.
Escuchemos cómo se presenta esta anunciación.
El nacimiento de Jesús, Mesías, sucedió así: su madre, María, estaba comprometida con José, y antes del matrimonio, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, pensó abandonarla en secreto.
En tiempos de Jesús, el matrimonio se celebraba en dos etapas. La primera: “kidushim” o “eusim” que era el intercambio formal del consenso. Era el contrato entre dos esposos, hecho delante de los padres y de dos testigos. Se presentaba la dote, llamada “mojar” y, normalmente, este contrato podía durar varios días. Al final de este contrato, los esposos se ubicaban bajo la tienda, la “hupá” y allí se firmaba el contrato matrimonial, la famosa “ketuvá”. Al final de la ceremonia, el hombre tomaba el ‘tallit’, el mantón para la oración, lo ponía sobre la cabeza de la esposa y decía: “Ahora tú eres mi mujer”. Y la esposa respondía: “Y tú eres mi marido”. Desde ese momento los dos eran marido y mujer, pero no iban a vivir juntos inmediatamente.
Generalmente, dejaban pasar un año… ¿por qué? Primeramente, porque eran muy jóvenes. Generalmente el matrimonio se realizaba cuando la joven tenía unos 13 años y el varón 16 o 17 años. Por tanto, era importante que madurasen un poco todavía y, además, era el tiempo en que las dos familias se conocían un poco mejor porque si las dos familias no estaban de acuerdo aparecerían inmediatamente problemas con la pareja. Y si había un problema grave sería mejor que se separasen antes de que vinieran los hijos.
Pasado este año de espera se organizaba una gran fiesta, el ‘misuín’ y la esposa iba a la casa del esposo y comenzaban la vida en pareja. Fue durante este intervalo que María quedó embarazada por obra de Espíritu Santo. En esta narración, el Espíritu no representa el elemento masculino. En hebreo ‘ruaj’ es femenino y ‘pneuma’ en griego es neutro. No hay nada de ‘masculino’… es la fuerza divina creadora que encontramos en el libro del Génesis al comenzó del mundo, cuando el Espíritu creador aleteaba sobre las aguas. El Espíritu es la potencia, el soplo divino creador.
¿Cómo es que, tanto Lucas como Mateo, mencionan que la concepción de Jesús no ha acontecido con la intervención de un padre humano? Debemos tener presente la cultura semítica para poder comprender el mensaje de esta decisión de Dios de recurrir a un acto creativo para hacer germinar en el seno de María al Hijo de Dios.
En hebreo no existe el término ‘generador’, hoy se emplea el término ‘orim’, pero esta palabra no aparece en la biblia porque el ‘generador’ era uno solo, era el padre el generador.La madre era tenida como una incubadora que hacía crecer el hijo del esposo en su seno. La madre no contaba para nada más. El hijo era del padre. Así, encontramos este concepto en el evangelio cuando Mateo dice: “se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo” (Mt 20,20). Los hijos Santiago y Juan eran solamente los hijos de Zebedeo. Ella era ‘la madre de estos hijos de Zebedeo’.
Lo segundo que debemos tener presente: cuando en el mundo semítico se dice ‘hijo de cierto hombre’, más que ‘generado’ de él, se dice ‘semejante’ a él. Este es el significado de la paternidad. El hijo era reconocido por el padre cuando se le asemejaba, no tanto en las facciones exteriores, sino el hijo que había asimilado todos los valores y la concepción de vida inculcada por el padre. Esto era lo que el padre quería ver reflejado en el hijo.
La decisión divina de recurrir a un acto creador para hacer germinar en el seno de María al Hijo de Dios, tiene este significado: El Señor ha querido dar una señal para hacer resaltar el hecho que su Hijo, Jesús de Nazaret, fuera su imagen perfecta y viéndolo a él, habremos visto el rostro del Padre del cielo. Por este motivo, ha querido dar esta señal que Jesús de Nazaret tenía como Padre a aquel al que se asemejaba perfectamente, solamente al Padre del cielo.
Y, en este momento, entra en escena el padre terreno, José, el esposo de María. Lo primero que quiero hacer es borrar la imagen de un José triste al descubrir el embarazo de María y que se haya angustiado por pensar que esposa le haya sido infiel. En el relato de Mateo no hay ninguna señal que nos haga pensar en esto. De hacer alguna presuposición, lo más lógico es que José supiese, desde el comienzo, que el niño que María llevaba en su senohabía sido concebido a través de una fuerza creadora divina.
José no sabe todavía lo que está llamado a hacer con su esposa y con el niño generado por Dios en el seno de la madre. Quiere comprender qué debe hacer, ‘qué quiere Dios de nosotros’. El evangelio dice que José es ‘justo’. ¿Qué se entiende en la biblia con este adjetivo? ‘Justo’ significa que es una persona coherente con la fe, un observante de la ley de Dios. La ‘Torá’ es para él el punto de referencia de todas las opciones, como lo es para todo israelita piadoso. José sabe que la Torá establece que él debe declarar públicamente que el hijo no es suyo. Y el texto dice que no quería acusarla públicamente y ha pensado en ‘repudiarla’ en secreto. Es difícil comprender cómo uno puede ‘repudiar’ en secreto… todos lo llegarán a saber.
Para comprender el texto debemos, ante todo, analizar la traducción, ‘no quería exponerla a un espectáculo público’ = ‘ἀπολῦσαι’ en griego y significa ‘exponer delante de todos un problema y no saber qué hacer’. José no decide ‘repudiarla’ (esto no corresponde al texto original)—‘apolïo’ no significa repudiar; significa ‘dejar libre’. Entonces, ¿qué es lo que José ha decidido hacer? Después de reflexionar, dice: ‘no quiero hacer ruido, pero dejo libre a mi esposa porque no sé cómo colocarme a su lado… no sé lo que Dios quiere de mí’. José no quería que se hiciese ruido sobre este acontecimiento y decide simplemente dejarla en libertad. Siendo varón no debía dar explicación de su decisión. Podría ser que lo había repensado… la dejaba en libertad. José no ve otro camino de salida que apartarse sin ruido pues no sabe qué le corresponde hacer. ¿Qué quiere Dios de él? Exponerlo públicamente hubiese sido imposible porque nadie llegaría a entender el misterio que había acontecido en María. Entonces, en esta situación, ¿cómo revela Dios a José la vocación a la que es llamado? Escuchemos:
Ya lo tenía decidido, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María como esposa tuya, pues la criatura que espera es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
Para introducir la revelación de Dios a José el evangelista Mateo emplea dos imágenes bíblicas: el ángel del Señor y el sueño. El ángel del Señor: nosotros estamos acostumbrados a imaginar a este personaje que viene del cielo con alas, sin medias y sin calzado, naturalmente, porque vuelan… nunca en las pinturas aparecen con calzado. Son imágenes hermosas, emocionantes, dulces… pero ‘ángel del Señor’ en el Antiguo y en el Nuevo Testamento es una fórmula literaria que se emplea para decir que es el mismo Señor el que ha intervenido para comunicar a la persona su voluntad o para intervenir en favor del pueblo.
En nuestro texto, ´ángel del Señor’ significa precisamente esto: cuando José se estaba preguntando sobre qué decisión tomar, estaba reflexionando y pidiendo a Dios la luz pues al ser una persona justa quería cumplir la voluntad del Señor, en un preciso momento entendió claramente lo que Dios quería de él. ´Ángel del Señor’ quiere decir que tuvo la certeza y que la iluminación que había recibido venía de Dios. Ahora sabía lo que estaba llamado a hacer, en sintonía con el querer del Señor.
Y también ‘el sueño’, la segunda imagen, no hay que entenderlo en sentido real. El evangelista Mateo recuerda otras dos veces el sueño de José: cuando el ángel del Señor le dice que vaya a Egipto y luego cuando el ángel del Señor le indica regresar a la tierra de Israel. El sueño es una metáfora. Es la imagen con la que el evangelista quiere decir que José ha tenido una revelación sobre la voluntad de Dios. Y, naturalmente, no cuando dormía sino cuando estaba bien despierto. Hoy diríamos cuando estaba en oración. Mientras trataba de leer, según la voluntad de Dios, el momento delicado que estaba atravesando en su vida, ha oído la voz del Señor en su corazón porque era justo, tenía el corazón puro, sensible a la voz del Señor.
Este es un mensaje importante para nosotros porque igual que esta persona que ha querido estar siempre de acuerdo a la voluntad del Señor, no hizo elecciones con su cabeza, sino que ha querido escuchar lo que el Señor le decía. También nosotros en nuestra vida debemos movernos de la misma manera, buscar siempre qué es lo que Dios quiere de mí. Cuando escuchamos al Señor, ciertamente el ángel del Señor se acerca para hablarnos. ¿Qué le dijo el ángel del Señor a José? “José, hijo de David, no temas recibir a María como esposa tuya”. El temor de José es del que se encuentra frente a un misterio que lo supera. José temía entrometerse en el diseño de Dios y de no saber moverse, no saber qué hacer. Ha comprendido que ha sido llamado para ser el esposo de María. Y ha comprendido que, como padre, debía dar el nombre al hijo de María y que debía llamarlo ‘Jesús’.
‘Joshuá’ en hebreo, es una arameización que significa ‘Josué’… es el mismo nombre. También se dice por qué se ha elegido este nombre para el hijo de María, porque este nombre viene de la raíz: ‘hiashiá’ que significa ‘salvación’ – ‘salvar’ = Dios salva. En aquel tiempo muchos llevaban este nombre ‘Joshuá’ o ‘Yehoshúa’ porque era la época en que en Israel se esperaba al mesías que fuese como Josué, un libertador de su pueblo y esperaban la liberación de la ocupación romana.
El historiador Flavio Josefo menciona 19 personajes en sus escritos que levaban este nombre: ‘Joshuá’. ¿De qué salvación se trata? ‘El Señor salva’. En Israel no se esperaba la salvación del pecado. Se esperaba la salvación de los romanos. En vez, el evangelista Mateo explica este texto diciendo que Jesús es el que salva del pecado. ¿De qué salvación se trata?
El pecado, ‘hatá’ en hebreo, significa ‘equivocar el objetivo’. ¿Cuál es el objetivo que perseguimos en toda nuestra vida? Nosotros buscamos la alegría, queremos ser felices, queremos realizar en plenitud nuestra vida mortal. El pecado quiere decir ‘equivocarse en este objetivo’. ¿Cuándo equivocamos el objetivo? Por ejemplo, cuando tenemos como objetivo de nuestra vida el acumulo de dinero sin hacernos demasiados escrúpulos; cuando vivimos abandonándonos y buscando desesperadamente el placer por el placer; cuando nos abandonamos al desenfreno; cuando pensamos estar realizados como personas y nos imponemos y dominamos a los demás. Equivocamos el objetivo. Y este error aconteceporque escuchamos nuestros instintos, que proceden del pre-humano, y no nos dejamos guiarpor el Espíritu dl Señor. Equivocamos el objetivo.
Y cuando cometemos estos errores no es que el Señor nos castigue porque hemos desobedecido a sus mandatos. Dios no da órdenes. Dios indica el camino de la gloria y de la felicidad. Si nosotros no lo seguimos, Él no nos castiga. Es el pecado que nos castiga porque nos deshumaniza. Jesús vino a este mundo para salvarnos de la deshumanización a la que nos llevan nuestras opciones si no están en sintonía con la Palabra de Dios. Nos salva, pues, de nuestras equivocaciones, del equivocarnos de camino, de las opciones insensatas en la búsqueda de la felicidad ilusoria. Nos libra del pecado por hacer opciones equivocadas. Y no solo de la consecuencia de nuestra culpa, sino que quiere quitar de raíz esta orientación equivocada que nos lleva a la no realización de nuestra vida.
Ahora sabemos el nombre con que Dios quiere ser llamado porque Jesús ha venido a revelarnos el rostro del Padre del cielo. Nacido de un acto creador de Dios que quería hacer resaltar precisamente esto: es Hijo del Padre del cielo. Y el Padre del cielo está reflejado en este nombre que le ha dado al Hijo: el que salva. Y José es el primero en reconocer este nombre verdadero de Dios: el que salva, Dios es salvación. Es la identidad de Dios.
Y ahora, el evangelista Mateo no podía sino hacer referencia a la realización de la Escritura. Escuchemos:
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del profeta: Mira, la virgen está embarazada, dará a luz a un hijo que se llamará Emanuel–que significa: Dios con nosotros–. Cuando José se despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y recibió a María como esposa.
La conclusión de la narración de la anunciación a José es solemne porque se trata de algo tan extraordinario que el evangelista siente la necesidad de presentar la realización de una profecía. Y tiene a su disposición un oráculo importante pronunciado por el profeta Isaías en el siglo octavo antes de Cristo.
El profeta había dicho: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo”. ¿Qué quería decir? Se estaba dirigiendo a Acaz, el rey de Jerusalén, quien estaba muy asustado porque los enemigoshabían circundado la ciudad y temía que su dinastía acabase para siempre. El profeta le dice:tu esposa tendrá un hijo que se llamará ‘Emanuel’… Tú lo llamarás ‘Emanuel’, que significa: Dios-con-nosotros. Intentaba decirle al rey: no tengas miedo, Dios ha prometido estar siempre con su pueblo y de proteger tu dinastía. ‘Emanuel’ = Dios está con nosotros. De hecho, luego este hijo nacerá y los enemigos no lograrán conquistar la ciudad de Jerusalén.
¿Cuál es la razón por la que el evangelista Mateo cita esta profecía refiriéndola a María? El hijo de María será el verdadero ‘Emanuel’, no el hijo de Acaz que se llamará Ezequías. José le dará el nombre, pero, dice el evangelista: “Todas las naciones lo llamarán Emanuel”. O sea, reconocerán en Jesús la presencia entre nosotros del mismo Dios. Esta profecía se realizó plenamente en María porque el Hijo de María no es otro que el Unigénito del Padre que se ha revestido de nuestra humanidad. No en el sentido que se ha revestido de ‘músculos’. NO. Se hizo completamente uno de nosotros; ha experimentado nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestras pasiones; ha experimentado nuestras alegrías, nuestros afectos, nuestras decepciones; ha experimentado la traición, el dolor; ha experimentado la muerte. Haciéndose uno de nosotros, el Unigénito del Padre se ha hecho mortal.
Este es verdaderamente el ‘Dios-con-nosotros’. Ninguna otra religión tiene esta imagen de Dios: un Dios que nos ha amado tanto que se hecho el ‘Emanuel’ = el Dios-con-nosotros.Este es el misterio que estamos invitados a contemplar en este tiempo de navidad.
Les deseo a todos una buena preparación para esta fiesta donde celebramos la venida de Dios en medio de nosotros.
