La compasión del Señor se manifiesta en su obra de repatriación de los exiliados a Babilonia y en la incorporación de extranjeros a su pueblo. Estos versículos reflejan la situación histórica del Deutero-Isaías (49-55), en el siglo VI a. C., dos siglos después de la vocación de Isaías. La ira de Dios está orientada a la conversión y purificación de su pueblo. A la amenaza y al castigo, siguen el consuelo y la esperanza.
