Dos temas recurrentes en Isaías confluyen aquí: la exclusividad del Templo de Jerusalén y la universalidad de la salvación. Al final de los tiempos, Dios mismo establecerá en el Templo del monte Sión su residencia y será lugar de peregrinación para todos los pueblos. Surgirá un nuevo pueblo de Dios constituido por el resto fiel de Israel y por todos los pueblos que, atraídos por la presencia del Señor, caminen según su palabra.
