Jeroboán, de la tribu de Efraín, fue el primer rey del reino del norte (Israel) tras el cisma de 931 a. C. El “pecado original” de este rey que marcó el comienzo y el fin del reino de Israel, fue establecer santuarios idolátricos en Dan y Betel. Israel había pedido un rey al Señor (1 Sm 8,1-9), pero el pueblo se olvida fácilmente de que sólo Dios tiene el poder de salvar (13,9-10).
