Serpientes.

Pese a la alegría que debió suscitar en el pueblo la victoria sobre un pueblo cananeo (1-3), este relato presenta un nuevo desánimo y murmuraciones entre los israelitas. La respuesta divina es un castigo que amenaza con destruir a todo el pueblo. Moisés tiene que ejercer su ministerio de mediador y, una vez más, la vida del pueblo es salvada y perdonada. Es probable que este relato obedezca a viejas leyendas de la religiosidad popular atribuidas a sus antepasados en el desierto. La serpiente elevada en el madero, que sana a los mordidos por las serpientes venenosas con solo mirarla, es para el evangelista Juan la prefiguración de Cristo elevado en la cruz que salva a la humanidad (cfr. Jn 3,14; 8,28; 12,32).

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