No está mal que esta serie de «ayes», que ha girado en torno a la injusticia social y ética, cierre con una condena a la idolatría. Si se conociera a Dios, su proyecto, su propuesta de humanización, nunca se llegaría a los excesos que describen los cuatro primeros «ayes». Cuando el proyecto de liberación y humanización propuesto por Dios es reemplazado por el proyecto del hombre/pueblo ambicioso, solo puede generar injusticia y muerte, pues su meta es, de hecho, competir con Dios.
