Por primera vez, se constata la intervención de los ministros del faraón, quienes comienzan a exasperarse y le piden que acceda a la petición de los hebreos. Su interven-ción no es tanto a favor de los esclavos como a favor del país que se está arruinando (7). La petición de los ministros hace que el faraón vuelva a llamar a Moisés y Aarón para intentar una negociación, en la que el faraón regatea, alegando una posible conspiración (10s). A pesar de su decisión afirmativa, la plaga de langostas se hace presente, lo cual motiva de nuevo una confesión de culpa y pecado contra Dios y contra los israelitas, así como una petición de perdón (16s); sin embargo, aunque esta actitud del faraón era la que buscaba Moisés (3), la humillación y el arrepentimiento del faraón no significan nada si en realidad no van acompañados de un cambio de vida. La constatación es que se resiste de nuevo a dejar salir al pueblo (20).
