Ocho visiones.

Tratan del destino de Jerusalén. Todas, excepto la cuarta, presentan el mismo esquema: el vidente obtiene una visión e interroga al ángel del Señor sobre el significado de lo que ve. No hay un orden lógico, pero se puede estructurar así: Dios decide purificar la tierra (1.ª, 2.ª, 6.ª y 8.ª), esta purificación tiene un epicentro: Judá y Jerusalén, primero exterminando de allí el pecado (7.ª) y luego haciendo de Jerusalén lugar para todos los pueblos bajo el único señorío de Dios (3.ª), concretado en el sumo sacerdote (4.ª). Allí Dios se encargará de vigilar a toda la tierra con la ayuda de dos ungidos (5.ª). Las visiones culminan con la coronación simbólica de Zorobabel.

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