A esta altura, el conocimiento del Señor es una empresa inútil para un pueblo terco como el de Israel, por eso ya no hacen falta sabios. Solo queda hacer luto y llorar, de ahí la invitación a las «plañideras» o «lloronas». La tozudez y la dureza de corazón llevan al pueblo a un punto de no retorno (cfr. Sal 81,13).
