¿No he de vengarme yo mismo? El profeta analiza la realidad y llega a la conclusión, que pone en boca de Dios, de que tanto los ignorantes como los instruidos han rechazado a Dios.

Pero la conducta de los instruidos y de los dirigentes es peor, ya que, a pesar de conocer la ley, reniegan de Dios (6.12); adoran ídolos y juran por ellos (7), se han prostituido (7); además, descuidan la justicia y el derecho (26-28). La decisión divina es castigar haciendo que sobrevenga la invasión con todas sus consecuencias: servidumbre, saqueo y tributo al pueblo dominante (15-17). El mar se presenta como un ejemplo de respeto a los límites establecidos por el Señor (22). Israel, por el contrario, no respeta al Señor (24) ni a los pobres del Señor (28), y por eso trastorna el orden de la naturaleza (25).

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