Aparece de nuevo la tradición que intenta explicar por qué Moisés no cruzó el Jordán. Según él mismo explica en este primer discurso, fue a consecuencia del pecado del pueblo (cfr. Nm 20,12). Al final del libro, volverá a recalcar lo mismo (cfr. 32,51). Con todo, el Señor le permite echar una mirada al futuro territorio de Israel desde la cima del monte Fasga, como una forma de poseerlo. Otro tanto había hecho el Señor con Abrahán (cfr. Gn 13,14s).
